P.I.G.S. cerdos miserables

Estoy un poco har­to del pris­ma con el que se mira a los paí­ses últi­ma­men­te. Creo que es cap­cio­so, tor­ti­ce­ro, malin­ten­cio­na­do, estú­pi­do, absur­do, pres­cin­di­ble, y pro­pio de men­tes estre­chas. Gene­ra­li­zar es nefas­to… pero hacer­lo enci­ma uti­li­zan­do cli­chés ran­cios es estú­pi­do.

Y en esas anda­mos por Europa. 

PIIGS… (pigs = cer­dos en inglés) así nos lla­man por ahí. Cer­dos: Por­tu­gal, Irlan­da, Ita­lia, Gre­cia y Espa­ña. Acró­ni­mo resul­tan­te de las siglas en inglés. Cerdos.

Resul­ta curio­so com­pro­bar cómo paga­mos siem­pre jus­tos por peca­do­res… de tal for­ma, que los cli­chés se extien­den y per­du­ran como si tal cosa. Los cer­dos, son paí­ses con un nota­ble pasa­do migra­to­rio. ¿Por qué ha exis­ti­do tan­ta migra­ción? Por­que hemos sido mise­ra­bles… pobres. El que lo quie­ra reco­no­cer que lo haga y el que no, es su pro­ble­ma. Hemos pasa­do ham­bre… mise­ria… y no hace tan­to. Hemos sido unos cer­dos mise­ra­bles, qué duda cabe.

Cuan­do un cer­do mise­ra­ble salía de su país dejan­do atrás a la fami­lia —como hacen muchos cer­dos mise­ra­bles actual­men­te— lo hacía para trabajar…duro… para con­ver­tir­se en mula de car­ga, sin hora­rios. Una vez más, el que no lo recuer­de, allá él… que eche un vis­ta­zo alre­de­dor y pue­de que, con suer­te, aún pue­da encon­trar a otros cer­dos mise­ra­bles hacien­do lo pro­pio pero para noso­tros. C’est la vie.

Pero resul­ta que los PIIGS, aque­llos que fue­ron cer­dos mise­ra­bles, son vagos… mara­vi­llo­so cli­ché que, supon­go, debe chi­rriar en los oídos de muchas madres y padres cer­dos que no son capa­ces de con­ci­liar su vida labo­ral con la fami­liar. Por­que es impo­si­ble. Pero eso sí… son unos vagos. Diría más… el per­fil de cada país ha que­da­do redu­ci­do a un úni­co fac­tor: ser sol­ven­te o no. Aca­bá­ra­mos.

Noso­tros, que un día fui­mos cer­dos mise­ra­bles, aho­ra somos unos vagos… en tiem­pos éra­mos tra­ba­ja­do­res, pero aho­ra somos unos vagos. Sí por­que yo miro a mis ami­gos y fami­lia­res, y veo en todos ellos a una pan­da de vagos y malean­tes… no me cabe la menor duda. Pero cuan­do veo a la cla­se polí­ti­ca de los otro­ra cer­dos mise­ra­bles me doy cuen­ta, la ver­dad sea dicha, de que son per­so­nas de repu­tación impo­lu­ta, de una altí­si­ma cata­du­ra moral, y de una capa­ci­dad de tra­ba­jo por enci­ma de la media. Has­ta los pre­si­den­tes de gobierno en Espa­ña saben inglés, herra­mien­ta bási­ca en el mun­do diplo­má­ti­co. Y domi­nan el idio­ma por­que se lo han curra­do, como los demás.

Los PIIGS, en cier­to modo víc­ti­mas de su pro­pia mugre ges­to­ra, tie­nen que comer­se a dos carri­llos los cli­chés que cir­cu­lan por doquier… por­que sí… por dog­ma, por­que así son las cosas… por­que si se es un vago y malean­te por­que un peque­ño sec­tor pri­vi­le­gia­do de la pobla­ción ele­vó el fenó­meno «nue­vo-rico» al paro­xis­mo… pues aho­ra todos a pagar por ello. Por­que ade­más de cer­dos y mise­ra­bles somos imbé­ci­les. Claro.

Pero… es curioso…

Me pon­go a ana­li­zar otro tipo de pará­me­tros… aque­llos que nos hacen huma­nos, polié­dri­cos, tri­di­men­sio­na­les, reales… y hay cosas que me resul­tan, cuan­do menos, cho­can­tes. Al menos en Euro­pa, si nos pone­mos a juz­gar el pará­me­tro emo­cio­nal de los pue­blos… aun­que sean mise­ra­bles y cer­dos… sor­pren­de ver que, al menos a mi jui­cio, a los PIIGS pare­ce que por las venas les corre san­gre, y no hor­cha­ta. Cosas que pasan. Son cosas que no dan de comer. Bueno… o sí. De vagos y malean­tes están lle­nas las gale­rías de Arte… de tulli­dos, de tras­tor­na­dos, de esqui­zo­fré­ni­cos, de mise­ra­bles de solem­ni­dad. Y por lo que pare­ce, con sus obras y crea­cio­nes aho­ra comer­cian un sin­fín de gen­tes de bien que, por supues­to, de cer­dos y mise­ra­bles no tie­nen nada. El Arte… tie­ne estas cosas. Per­dón… la indus­tria del Arte, qui­se decir.

Pero pare­ce que los pue­blos que­da­mos redu­ci­dos a un mero cri­te­rio de sol­ven­cia y cua­tro o cin­co cli­chés ane­jos. Aun­que lue­go para comer­ciar con el fru­to y crea­cio­nes del per­so­nal, ya mida­mos el asun­to de otra mane­ra. En cual­quier caso y a todos los efec­tos, somos una pan­da de vagos y malean­tes. Nues­tros polí­ti­cos no. Noso­tros sí. Nues­tros polí­ti­cos y ges­to­res, que en la prác­ti­ca son ladro­nes, hipó­cri­tas, men­ti­ro­sos, dro­go­de­pen­dien­tes, anal­fa­be­tos, psi­có­pa­tas (per­fi­les de empa­tía 0), trai­do­res… cons­pi­cuas pero sinies­tras y tru­cu­len­tas masas cár­ni­cas de seres de men­te cap­cio­sa, zafia y cíni­ca… no son vagos y malean­tes, el res­to sí. Sí por­que… a fin de cuen­tas, noso­tros lo úni­co que hace­mos es inten­tar pagar los impues­tos —si no lo haces, ya se toma la admi­nis­tra­ción la liber­tad de embar­gar tu cuen­ta ban­ca­ria, por aho­rrar­te el trá­mi­te—, inten­tar tra­ba­jar, hacer­lo de fac­to si tie­nes la suer­te de tener un tra­ba­jo; tra­tar de sacar ade­lan­te a tus hijos, fami­lia, etc… ; meter­te en casa, ser bue­na per­so­na, o al menos inten­tar­lo… Pero eres un puto vago y malean­te. Por­que sí. Por­que todo el sis­te­ma que está por enci­ma de ti está ges­tio­na­do por por­que­ría elec­ta; ¡sí! Por­que esa es otra… a ver si enci­ma te vas a que­jar… vives en una demo­cra­cia y no lo cues­tio­nes… aquí tie­nes un pla­ti­to con heces de vaca y aquí tie­nes otro con heces de burra… ¡eli­ge cobar­de! Eres libre de hacer­lo, mal­di­to cer­do mise­ra­ble. Amén.

El obje­ti­vo es des­tro­zar nues­tra auto­es­ti­ma. El negro escla­vo secues­tra­do en Áfri­ca hace siglos era el cul­pa­ble de ver­se en seme­jan­te situa­ción… ¡evi­den­te­men­te! Por­que era un sal­va­je, por­que era más débil que una bala en el entre­ce­jo, que el láti­go en el lomo, o la soga en el cue­llo. Cla­ra­men­te la cul­pa era suya. Por­que tam­bién era un vago y un malean­te. Es públi­co y noto­rio que en Áfri­ca no tra­ba­jan por­que son unos vagos… su cla­se polí­ti­ca, mili­tar y ges­to­ra, no tie­ne nada que ver en el asun­to. Sen­ci­lla­men­te son sal­va­jes, vagos y malean­tes. Y como no están edu­ca­dos, la cul­pa es suya. Por burros. Por­que el que no ha teni­do acce­so a la edu­ca­ción, es el cul­pa­ble direc­to de su mise­ria… por vago.

¿Qué tie­ne todo esto que ver con la Música?

Sen­ci­llo… las expre­sio­nes artís­ti­cas son el canal de las emo­cio­nes de los pue­blos, de su com­ple­ji­dad, de su capa­ci­dad de abs­trac­ción… esa capa­ci­dad de gene­rar men­sa­je emo­cio­nal, de crear belle­za, es un intan­gi­ble… un intan­gi­ble que no se paga con dine­ro y no se mide con pri­mas de ries­go (por suer­te para unos, por des­gra­cia para otros). Hay cosas que los mer­ca­dos no dan… a veces ni la uni­ver­si­dad… Quod Natu­ra non dat, Sal­man­ti­ca non praes­tat. Lo dan los siglos, el tiem­po, la His­to­ria, los años… el sufri­mien­to, lo bueno y malo en la gené­ti­ca de las socie­da­des. Sí por­que… a fin de cuen­tas, con­ven­dría no olvi­dar que por las venas, repi­to, corre san­gre… y no se tra­ta de res­ca­tar el mani­do y mise­ra­ble dis­cur­so de la «pasión medi­te­rrá­nea»… pero mal­di­ta sea… menos tocar las nari­ces con lo de vagos y malean­tes, que bas­tan­te nos toca ya sufrir­los en los con­se­jos de admi­nis­tra­ción de cor­po­ra­cio­nes, ban­ca, con­gre­so, sena­do, casa real, etc… Que por mucho repe­tir lo de «vagos y malean­tes», no cam­bia­re­mos la reali­dad… los que lo son, lo son, y los demás son víc­ti­mas de los vagos y malean­tes del rei­no… y el que quie­ra que lo vea. Que en este país nues­tro —y pro­ba­ble­men­te en el res­to de cer­dos igual— uno no se hace rico tra­ba­jan­do de sol a sol… a lo sumo con­se­gui­rá algu­na her­nia, lesión o depre­sión. Rico se hace el que roba, esta­fa, mal­ver­sa, defrau­da, entra en polí­ti­ca, pega el bra­gue­ta­zo, etc…

Vivi­mos en un país en el que un delin­cuen­te menor pue­de enca­de­nar con­de­nas has­ta los 35 años, y otros, por otros deli­tos no menos impor­tan­tes —cau­san­do cár­cel injus­ta a ino­cen­tes— son indul­ta­dos por los san­tos pebocks de alguien —sin dar expli­ca­cio­nes a la «cer­da­nía mise­ra­ble»—. Pues muy bien. Obser­van­do la His­to­ria, la úni­ca con­clu­sión que uno pue­de sacar es que estas cosas no sue­len aca­bar bien… los que andan jugan­do con masas mori­bun­das y alie­na­das al final se sue­len que­mar… con fre­cuen­cia en el pasa­do aca­ba­ron mea­dos y lin­cha­dos en medio de algu­na pla­za públi­ca. Suer­te que tie­nen algu­nos de que sea­mos algo más civi­li­za­dos que en el pasa­do. Aun­que me temo, por des­gra­cia, que inclu­so el civis­mo tie­ne lími­tes. Vere­mos a ver cuan­do el ham­bre de ver­dad empie­ce a fus­ti­gar estó­ma­gos… sobre todo los estó­ma­gos de los hijos de uno… a ver hacia don­de tira el civis­mo. Igual los cer­dos mise­ra­bles, vagos y malean­tes, empie­zan a com­po­ner el mobi­lia­rio de casa… que aun­que no haya para comer, al menos que la casa esté lim­pia y orde­na­da. Algo de dig­ni­dad que­da­rá —entre los cer­dos mise­ra­bles, no entre las «gen­tes de bien» que osten­tan poder cla­ro… esos nun­ca han per­di­do dig­ni­dad algu­na; habría que tener­la en pri­me­ra ins­tan­cia para poder per­der­la—.

Los cer­dos mise­ra­bles de Por­tu­gal, el país vecino, hacen cosas de estas:

Pero bueno… su pri­ma de ries­go (spread) está en 1122 (9 de enero de 2012) pun­tos bási­cos… por tan­to, son eso… una basu­ra insol­ven­te que vale lo que vale. No hay más reali­dad que esa. Sus jóve­nes no valen un cara­jo —por­que son vagos y malean­tes—, no quie­ren ni tra­ba­jar ni estu­diar y recien­te­men­te su pro­pio pri­mer minis­tro ya les acon­se­jó sabia­men­te a mar­char­se del país… por­que allí, sen­ci­lla­men­te, no tie­nen futu­ro. Por­que ellos, de hecho, pare­ce que no son futu­ro para nadie —supon­go que es lo que tie­ne en men­te el señor Pas­sos Coelho, el ilus­tre paya­so que hace las veces de títe­re por tie­rras lusas—.

Los cer­dos mise­ra­bles de Irlan­da hacen cosas como estas:

 

Same old story

Otros que tie­nen mucha expe­rien­cia dejan­do su tie­rra, como la pro­pia can­ción indi­ca. San­gre en las venas tie­ne el señor Paul Brady… ya es más que muchos. En cual­quier caso, más cer­dos miserables.

Los cer­dos mise­ra­bles de Ita­lia, hacen cosas como estas:

Ennio Morri­co­ne. Nah… basu­ra. Eso sí, ideal para hacer una pre­sen­ta­ción en Power Point para enviar a los ami­gos por email… «Mi via­je a Nepal»… acom­pa­ña­do con esta músi­ca bara­ta ita­lia­na da mucho jue­go. Típi­co correo cutre que cir­cu­la con una lis­ta inter­mi­na­ble y abier­ta de correos elec­tró­ni­cos. Pero poco más. No es que este mate­rial refle­je emo­cio­nes, un sen­tir, una for­ma de pen­sar y ver la reali­dad… para nada. El pue­blo ita­liano es cer­do y mise­ra­ble. Su cla­se polí­ti­ca no tie­ne cul­pa de nada… ¡qué otra cosa podrían hacer los polí­ti­cos con una socie­dad tan vaga! No les que­da­ba más alter­na­ti­va que ser corrup­tos y enri­que­cer­se a cos­ta de los ciu­da­da­nos vagos. Esta­ban entre la espa­da y la pared. Es comprensible.

Algu­nos cer­dos mise­ra­bles grie­gos hacían cosas como estas:

O esto:

O esto:

Mous­ta­ki o Van­ge­lis. La ver­dad es que con una pri­ma de ries­go por enci­ma de los 3381 (9 de enero de 2012) pun­tos bási­cos… ya pue­den hacer el pino puen­te, que de nada les ser­vi­rá. Sí por­que, a fin de cuen­tas, Gre­cia no es más que eso… un país sien­do expo­lia­do des­de fue­ra y des­de den­tro… ¿cul­pa­bles? como no, los ciu­da­da­nos, por vagos y estú­pi­dos. Si el tra­ba­ja­dor de turno tra­ba­ja­se como lo hace un escla­vo chino —tra­ba­ja­do­res don­de los haya— pues otro gallo can­ta­ría. Todo el mun­do sabe que los nór­di­cos son igual de tra­ba­ja­do­res —o más— que los chi­nos a don­de han des­pla­za­do par­te de su indus­tria. En par­te por eso la indus­tria euro­pea ha deci­di­do tras­la­dar­se allí… por­que son tan, tan tra­ba­ja­do­res que les sobra el tra­ba­jo!! Por eso han deci­di­do, por cues­tio­nes huma­ni­ta­rias, des­pla­zar pro­duc­ción a Chi­na… for­ta­le­cien­do de ese modo el teji­do indus­trial euro­peo, como bien es sabido.

Y los espa­ño­li­tos… por des­gra­cia… ahí esta­mos, hace­mos cosas que no valen para nada:

Esta­mos tan alie­na­dos que pro­ba­ble­men­te muchos jóve­nes no ten­gan ni la más remo­ta idea de lo que es esto… de quién fue el maes­tro Joa­quín Rodri­go, de lo gran­dio­so que es el Con­cier­to de Aran­juez, etc. Bah… cho­rra­das. En el fon­do es eso, no somos más que una pan­da de vagos… yo veo a mi fami­lia y ami­gos, tra­ba­jan­do en un sis­te­ma en el que se les paga mal y por supues­to no se reco­no­ce hora extra algu­na (exis­tien­do legis­la­ción al res­pec­to y estan­do el tra­ba­jo regu­la­do en este país), y me doy ver­da­de­ra­men­te cuen­ta de que son una pan­da de vagos. Por­que lo son. Yo mis­mo, he paga­do duran­te años más impues­tos que muchos, y no que­da ni el dere­cho a paro… ese es el valor de gene­rar empleo (poca cosa, pero tenía un empleo a mi car­go). Aun­que mi caso no sir­ve de ejem­plo por­que ya lo decía un tío mío: «¡Pero si tú eres un mise­ra­ble! Debe­rías dar­te con un can­to en los dien­tes por con­se­guir que un ayun­ta­mien­to te mal pague por una actua­ción». Pero bueno, yo siem­pre fui un vago e irres­pon­sa­ble niño de papá (mima­do, para col­mo), de modo que en ese sen­ti­do no puedo/debo decir nada. Supon­go que la vida la debo tener ya resuel­ta. Digo yo, no sé.

Cier­ta­men­te, no somos más que un puña­do de cer­dos… PIGS… y no vale­mos más que lo que desig­ne nues­tra frau­du­len­ta sol­ven­cia. Y no he que­ri­do hablar de Fran­cia… que, cual­quie­ra diría… pare­ce que el sur de Fran­cia no per­te­ne­ce al Medi­te­rrá­neo… me pare­ce a mi que por allí tam­bién se andan hacien­do los sue­cos. Tiem­po al tiem­po. Pero cla­ro, meter la «F» en PIIGS ya no da tan­to jue­go para tachar de cer­dos al per­so­nal. Supongo.

Pero aho­ra ya las «gen­tes de bien» y los pro­fe­sio­na­les… aque­llos que no son vagos, ya están dise­ñan­do la solu­ción des­de hace tiem­po. En Gre­cia ya lle­van meses apli­can­do escru­pu­lo­sa­men­te lo que se dic­ta­mi­na des­de Euro­pa y les va bas­tan­te bien. En bre­ve sal­drán de la cri­sis. Lo mis­mo pasa con Por­tu­gal, han hecho un gran esfuer­zo para cum­plir al milí­me­tro lo que se les ha exi­gi­do y cada vez les va mejor (aun­que su pri­mer minis­tro ins­te a los jóve­nes a lar­gar­se de allí, eso es peca­ta minu­ta, deta­lle sin mayor trans­cen­den­cia, espe­cial­men­te, vinien­do de un pri­mer ministro).

Como con­ti­nue­mos sien­do tan vagos —que los ciu­da­da­nos, repi­to, lo somos, los polí­ti­cos no—, nos vamos a ente­rar. Ahí que­da eso, allá cada cual.

Ravel, la proporción áurea y Biutiful

Hay una pie­za por la que ten­go espe­cial pre­di­lec­ción. For­ma par­te del con­cier­to para piano en sol mayor de Mau­ri­ce Ravel... se tra­ta del segun­do movi­mien­to Ada­gio assai en mi mayor. Es algo, al menos para mi, subli­me… y me que­do cor­to. Se tra­ta de una pie­za con la que siem­pre gene­ro un dia­lo­go interno de balan­ce posi­ti­vo… es una espe­cie de aspi­ri­na psi­co­ló­gi­ca que, en ple­na tor­men­ta emo­cio­nal, en pleno con­tu­ber­nio entre la baja y alta moral, en medio de esa lucha inter­na para equi­li­brar la balan­za, siem­pre incre­men­ta pun­tos en el lado de la moral alta. Sin duda. Pero ade­más lo hace de una mane­ra subli­me, magis­tral, bellí­si­ma, genial. Conoz­co pocas cosas tan bellas y, para mi gus­to, tan bien plan­tea­das. De hecho, me gus­ta tan­to, que en oca­sio­nes me pon­go ner­vio­so de lo que me gus­ta… es como cuan­do alguien no pue­de aguan­tar la belle­za de un cua­dro de tan bello que es.

Hace años, cuan­do des­cu­brí el efec­to que esta pie­za ejer­cía sobre mi esta­ba, en tér­mi­nos emo­cio­na­les, en un esta­do deplo­ra­ble. Aho­ga­do por una serie de frus­tra­cio­nes vita­les y por sen­tir­me enca­jo­na­do y aco­rra­la­do, lle­ga­ba a casa del tra­ba­jo y me tum­ba­ba en el sillón sin más. Andu­ve inves­ti­gan­do una serie de dis­cos que tenía guar­da­dos de músi­ca clá­si­ca entre los que se encon­tra­ba uno de Ravel. Siem­pre me encan­tó el Bole­ro pero, lo cier­to es que Ravel es mucho más que eso, y los que no somos espe­cia­lis­tas en la mate­ria, los que no somos espe­cia­lis­tas en músi­ca eru­di­ta, tene­mos esa mara­vi­llo­sa ven­ta­ja de ir des­cu­brien­do cosas con los años que aún te mue­ven por den­tro. Des­cu­brir algo por pri­me­ra vez siem­pre tie­ne un pun­to mara­vi­llo­so… un pun­to de ino­cen­cia fren­te a la belle­za que des­en­ca­ja al menos pin­ta­do. Eso me suce­dió con esta pieza.

En sen­ti­do esté­ti­co, se me anto­ja como un diá­lo­go melan­có­li­co con el Hom­bre, espe­cial­men­te con el Hom­bre en bajón aní­mi­co. Cuan­do que­re­mos hablar de igual a igual, cuan­do que­re­mos que una inter­lo­cu­ción sea efec­ti­va y de veras cum­pla su obje­ti­vo, ambos inter­lo­cu­to­res deben poner­se al mis­mo nivel… es decir, no se debe hablar con un niño des­de la altu­ra físi­ca y psi­co­ló­gi­ca del adul­to… se debe hin­car la rodi­lla en el sue­lo y hablar ojo con ojo y a su mis­mo nivel de niño.

Esto es lo que me pare­ce que sin­te­ti­za esta pie­za… hin­ca la rodi­lla en el sue­lo pero, lo hace para poder aga­rrar­le a uno por los hom­bros y levan­tar­le hacia arri­ba… el balan­ce final de esta obra siem­pre es posi­ti­vo; sí, es cier­to, lo hace des­de una pers­pec­ti­va melan­có­li­ca… pero es que eso es pre­ci­sa­men­te hin­car la rodi­lla en el sue­lo, hay que poner­se al nivel del esta­do de áni­mo caren­te para poder ele­var­lo a pos­te­rio­ri. Si el esta­do de áni­mo de alguien lo com­pa­rá­se­mos con hoja­ras­ca seca, caí­da de un árbol en perío­do oto­ñal, esta pie­za de Ravel sería una sua­ve bri­sa que baja al sue­lo leve­men­te, envuel­ve y mece los des­per­di­ga­dos y des­orien­ta­dos res­tos secos, los ele­va con sua­vi­dad has­ta la rama de la que caye­ron y, mila­gro­sa­men­te, los inten­ta reco­lo­car nue­va­men­te en su mis­mo lugar. Lo con­si­gue… no lo con­si­gue… es irre­le­van­te, eso ya depen­de de cada uno… lo ver­da­de­ra­men­te impre­sio­nan­te es que lo inten­ta. ¿Cómo es capaz alguien de com­po­ner algo tan gran­de? Pues así es.

La pie­za dia­lo­ga con uno mis­mo des­de la mis­mí­si­ma pri­me­ra nota… (aquí inter­pre­ta­do por Artu­ro Bene­det­ti Miche­lan­ge­li)

(Des­de 0:03 en ade­lan­te… —siguien­do el minu­ta­je de este vídeo—; leer des­pa­cio, acom­pa­ñan­do la música)

La músi­ca esta­ble­ce un pun­to de situa­ción, habla, pre­gun­ta… ¿bueno, qué pasa? cer­ti­fi­ca que efec­ti­va­men­te, algo pasa… y dia­lo­ga con la psi­que del oyen­te. Es un dia­lo­go cons­tan­te y pro­fun­da­men­te emo­cio­nal, casi mater­nal. Se pone a la altu­ra del hipo­té­ti­co esta­do de áni­mo del oyen­te. Lo entien­de… ofre­ce com­pren­sión, tan nece­sa­ria para poder salir de un esta­do de áni­mo caren­te.

1:39… ini­cia un ascen­so en el pro­ce­so de aná­li­sis has­ta 2:46 tan sutil, tan imper­cep­ti­ble que casi pasa des­aper­ci­bi­do… con lige­ras ten­sio­nes que van cons­ta­tan­do los altos y bajos vita­les. La hoja­ras­ca está en el sue­lo y, sin casi ser per­cep­ti­ble, una sua­ve bri­sa está a pun­to de entrar en escena…

En 3:05 entran los ins­tru­men­tos… la inevi­ta­bi­li­dad de algu­nos suce­sos de la vida. Ten­san allí… rela­jan aquí… Con­tex­tua­li­zan un esta­do de áni­mo que, a par­ti­da, se barrun­ta bajo.

4:06… momen­to de intros­pec­ción, el piano entra de nue­vo en dia­lo­go, dia­lo­ga con uno mis­mo… en esta oca­sión ya con el arro­po de algu­nos ins­tru­men­tos de fondo.

5:10… momen­to de ten­sión ascen­den­te, una intros­pec­ción más o menos obse­si­va… carac­te­rís­ti­ca de quien que­da atas­ca­do en un razo­na­mien­to autodestructivo.

5:48… se incre­men­ta esa ten­sión… insis­ten­cia… aquí ya no hay retorno. Este momen­to en la dura­ción de la obra equi­val­dría a la pro­por­ción áurea (leer más abajo).

6:10… El pun­to ante­rior desem­bo­ca en ten­sión… casi ansie­dad… la vida misma…

6:24… has­ta lle­gar a un mara­vi­llo­so clí­max… subli­me, magis­tral, impre­sio­nan­te… bellí­si­mo… en este momen­to la Músi­ca aga­rra la psi­que sua­ve­men­te, para sacar­la de la ten­sión, de la ansie­dad, del ago­bio vital… una caden­cia sua­ve, una melo­día sen­ci­lla y al mis­mo tiem­po bella, nada com­ple­ja —faci­li­tan­do así la empa­tía del que escu­cha; no es nece­sa­rio ser eru­di­to para enten­der esto y dis­fru­tar­lo—… inevi­ta­ble, impa­ra­ble, cícli­ca… el vien­to cen­tri­fu­ga la hoja­ras­ca del sue­lo, la des­ubi­ca del lúgu­bre lugar en el que se encuen­tra para ele­var­la aní­mi­ca­men­te has­ta la rama de la que cayó. Una genia­li­dad. Una espe­cie de abra­zo maternal/musical, con todo el cari­ño de una madre por un hijo de meses, que lo pro­te­ge en todo momen­to. La tran­qui­li­dad de un rega­zo, en este caso musi­cal. Si exis­tie­se un úte­ro musi­cal en el que la psi­que se pudie­se refu­giar des­pués de haber naci­do y toma­do con­cien­cia de sí mis­ma… sin duda, este sería el lugar.

8:14… las hojas se vuel­ven a colo­car en sus ramas… que­dan­do, mila­gro­sa­men­te, mejor colo­ca­das y en mejor lugar del que estaban…

8:43… hacia el final… inexo­ra­ble deve­nir vital… todo que­da en paz. Y la vida sigue. Bella e incombustible.

Es de tal belle­za que abru­ma, inquie­ta, pone ner­vio­so lo emo­cio­nal­men­te inte­li­gen­te y acer­ta­da que es esta pie­za. ¿Cómo alguien pudo sin­te­ti­zar una abs­trac­ción de pen­sa­mien­to de mane­ra tan subli­me? ¡Bull­se­ye! Al menos, esta es mi for­ma per­so­nal de ver esta pie­za. Me ha acom­pa­ña­do en infi­ni­dad de oca­sio­nes en mi vida y el balan­ce siem­pre es posi­ti­vo. Las per­so­nas que nos sen­ti­mos bien gra­cias a pie­zas como esta, esta­mos en deu­da con sus auto­res ori­gi­na­les ¡qué duda cabe! Han brin­da­do belle­za, paz emo­cio­nal, orden en la psi­que al res­to de los mor­ta­les… podrán ser obras que pasen des­aper­ci­bi­das por ahí… es posi­ble, pero no mue­ren por­que no pue­den morir. Podrán no ser mediá­ti­cas, podrán no estar pre­sen­tes has­ta en la sopa como todo lo con­su­mi­ble de hoy día… pero tie­nen vida pro­pia, no pue­den morir por­que apor­tan dema­sia­do a las per­so­nas. Antes o des­pués… aquí o allí… resur­gen, apa­re­cen para trans­mi­tir su sín­te­sis vital. Hay cosas que sen­ci­lla­men­te son genia­li­da­des incues­tio­na­bles. Es una pena que no todo el mun­do las dis­fru­te y uti­li­ce para lo que fue­ron con­ce­bi­das, para trans­mi­tir belle­za a los demás, belle­za idea­da, con­ce­bi­da y dise­ña­da por noso­tros mis­mos, que somos capa­ces de lo peor… pero tam­bién de lo mejor. Son esas con­tra­dic­cio­nes las que nos carac­te­ri­zan como espe­cie… creo yo.

En cier­to modo, esta pie­za no deja de ser una metá­fo­ra mis­ma de la vida… el trans­cur­so hacia la reso­lu­ción de un con­flic­to sue­le ser siem­pre más lar­go que la vuel­ta a la nor­ma­li­dad pos­te­rior. De hecho, me sor­pren­de una coin­ci­den­cia en esta pie­za. Resul­ta que el momen­to de ascen­so a la libe­ra­ción, el momen­to que arri­ba apa­re­ce en el minu­to 5:48, coin­ci­de de mane­ra pro­por­cio­nal más o menos, con la divi­sión en dos de un seg­men­to guar­dan­do la pro­por­ción áurea. Vamos, con el núme­ro áureo. Ravel tenía amis­tad con mate­má­ti­cos de su épo­ca y, qui­zá, este fac­tor no sea mera casua­li­dad. Pero es algo que, me temo, yo no podré corro­bo­rar. Ni pre­ten­do hacerlo.
Midien­do la dura­ción de la pie­za, en este caso 9:27, obser­va­mos que el momen­to de ascen­so al clí­max se pro­du­ce en el minu­to 5:48 más o menos.

La rela­ción áurea sur­ge de un seg­men­to, de tal for­ma que al divi­dir­lo en dos —a, b—, ambos seg­men­tos guar­dan la siguien­te rela­ción: la lon­gi­tud total a+b es al seg­men­to más lar­go a, como a es al seg­men­to b. O sea

a+b/a = a/b

Para sacar el valor del núme­ro áureo equi­va­len­te a la rela­ción a/b, hace­mos el siguien­te cálcu­lo sen­ci­llo que se pue­de encon­trar en wiki­pe­dia:

Damos a b el valor 1: (a+1)/a = a

Mul­ti­pli­ca­mos ambos miem­bros por a: a+1=a^2

Ecua­ción de segun­do gra­do. La solu­ción posi­ti­va es:

Para cal­cu­lar el momen­to exac­to den­tro de esta ver­sión que tene­mos, vamos a par­tir de la base de que a+b (la dura­ción total, el seg­men­to base) dura 9:27 minu­tos o, lo que es lo mis­mo, 567 segun­dos. Evi­den­te­men­te, es inve­ro­sí­mil que Ravel cal­cu­la­se —en caso de que esta espe­cu­la­ción fue­se cier­ta— la rela­ción áurea en base al tiem­po de repro­duc­ción de la pie­za. No ten­dría sen­ti­do. Este cálcu­lo no es más que una espe­cu­la­ción, una apro­xi­ma­ción que lla­ma la aten­ción y hace pen­sar que qui­zá, debi­do a sus amis­ta­des con mate­má­ti­cos, intro­du­jo este gui­ño curio­so a la pro­por­ción áurea. Por tan­to hacer estos cálcu­los en base al tiem­po que dura la inter­pre­ta­ción de la obra no es más que barrun­tar algo de mane­ra tos­ca. En caso de que el posi­cio­na­mien­to del ascen­so al clí­max tuvie­se rela­ción con  la pro­por­ción áurea, cabría supo­ner que el autor lo hubie­se ubi­ca­do en la pie­za de cual­quier mane­ra más orto­do­xa. Repi­to, esta no es más que una espe­cu­la­ción… un cálcu­lo… a ver qué pasa.

Enton­ces ya sabe­mos el valor de la rela­ción áurea a/b… tam­bién sabe­mos que a+b/a es igual a dicha rela­ción y tam­bién, que a+b —tiem­po total— es de 567 segun­dos. Por tanto:


Si divi­di­mos el valor de a por 60 para cal­cu­lar los minu­tos obte­ne­mos 5,84… (5 minu­tos); mul­ti­pli­ca­mos 0,84 por 60 para cal­cu­lar los segun­dos (50,4 segun­dos)… por tan­to, el seg­men­to a va del ini­cio has­ta el momen­to 5:50 segundos.

Habrá que obviar las posi­bles impre­ci­sio­nes por el uso de lar­gas cifras deci­ma­les o por el cálcu­lo del tiem­po de mane­ra no exac­ta ya que se tra­ta de un vídeo… obser­va­mos que el ascen­so al clí­max se pro­du­ce en esta ver­sión en el minu­to 5:48. Evi­den­te­men­te no es lo mis­mo, pero más o menos está en el lugar correcto.

Si a dura 5:50 minu­tos (350 segun­dos), b dura­rá enton­ces 3,37 minu­tos (217 segun­dos). Ya sabe­mos que el total a+b equi­va­le a 9:27 minu­tos (567 segundos).

Pues bien, si estos datos son correc­tos y están bien cal­cu­la­dos, debe­rían cum­plir la pro­por­ción áurea.

Por tan­to a+b/a = 567/350 = 1,62

Y a/b = 350/217 = 1,61290…

No obte­ne­mos la igual­dad entre ambas rela­cio­nes, ni el núme­ro áureo exac­to… pero cer­ca anda. Tenien­do en cuen­ta que el cálcu­lo se rea­li­za sobre la dura­ción de una ver­sión de cd col­ga­da en la red… habría que sumar­le un cier­to mar­gen de inco­rrec­ción por los datos dis­po­ni­bles. Pero las mate­má­ti­cas hablan por sí solas… y esta­mos hablan­do de una pro­por­ción, deta­lle que hay que tener en cuen­ta por­que debe­ría ajus­tar­se más o menos a la reali­dad de cual­quier ver­sión —en caso de ser cier­ta esta rela­ción— inde­pen­dien­te­men­te de la dura­ción total de la inter­pre­ta­ción. Es algo proporcional.

¿Posi­cio­nó Ravel ese ascen­so al clí­max en ese pre­ci­so pun­to de mane­ra deliberada?

Pues vaya usted a saber… des­de lue­go des­co­noz­co el dato, pero esta rela­ción siem­pre me ha lla­ma­do la aten­ción. Podría ser algo arbi­tra­rio… podría; podría ser que res­pon­die­se a algún jue­go con alguno de sus ami­gos mate­má­ti­cos o, sen­ci­lla­men­te fru­to de su pro­pia volun­tad… podría. No creo mucho en casua­li­da­des en rela­ción a estos crea­do­res… si son capa­ces de hacer pie­zas tan bellas… no sé, ten­go ten­den­cia a pen­sar que nada es casua­li­dad; no crea­ban estas cosas de mane­ra arbi­tra­ria… sabían per­fec­ta­men­te lo que hacían y lo hacían con toda pre­me­di­ta­ción. No creo que estas pie­zas sean gran­des por mera casua­li­dad o arbi­tra­rie­dad pero… en caso de que así fue­se… ¡qué mara­vi­llo­sa casua­li­dad mal­di­ta sea!

Todo este post sur­ge a raíz de la pelí­cu­la que vi ayer noche: Biu­ti­ful, de Ale­jan­dro Gon­zá­lez Iñá­rri­tu. Una pelí­cu­la muy reco­men­da­ble en la que el pro­ta­go­nis­ta Uxbal —Javier Bar­dem— podría equi­va­ler per­fec­ta­men­te a la hoja­ras­ca de la que hablo más arri­ba. Tan­to, que has­ta por la temá­ti­ca me ha recor­da­do al cie­rre de nues­tro dis­co del pro­yec­to Trio­lo­cría, la can­ción Las Nor­mas. Pero no des­ve­la­ré argu­men­tos para no fas­ti­diar­le la pelí­cu­la a nadie.

Lo que está cla­ro, es que Gon­zá­lez Iñá­rri­tu debe haber vis­to algo simi­lar en esta pie­za a lo que expon­go arri­ba, por­que me sor­pren­dió el acier­to que tuvo al poner­la como músi­ca final acom­pa­ñan­do los títu­los de cré­di­to (sí… esa cosa des­apa­re­ci­da que sue­le venir des­pués de una pelí­cu­la, pero que en Espa­ña se ha deci­di­do erra­di­car por com­ple­to de la emi­sión de cual­quier tele­vi­sión por mor de la publi­ci­dad. Erra­di­ca­dos inclu­so de la tele­vi­sión públi­ca, que ya no tie­ne publi­ci­dad —en teo­ría—. Sí… allí don­de apa­re­cen todas las per­so­nas que han par­ti­ci­pa­do en una película/proyecto y allí don­de se les reco­no­ce públi­ca­men­te el méri­to por su tra­ba­jo; el úni­co pun­to en el que TODOS los par­ti­ci­pan­tes de un pro­yec­to son reco­no­ci­dos y que, curio­sa­men­te, al Minis­te­rio de Cul­tu­ra pare­ce no impor­tar­le en abso­lu­to… pare­ce que el Minis­te­rio se preo­cu­pa con arbi­tra­rie­da­des más con­cer­nien­tes a la indus­tria y algo que es tan sen­ci­llo como la cen­su­ra sis­te­má­ti­ca del reco­no­ci­mien­to de TODOS los par­ti­ci­pan­tes de TODAS las pelí­cu­las emi­ti­das en TODAS las cade­nas de tele­vi­sión pare­ce no tener rele­van­cia algu­na; no deja de ser curio­sa la hipo­cre­sía ins­ti­tu­cio­nal… como siem­pre. Nada nue­vo).

Esta pie­za le venía como un guan­te al pro­ta­go­nis­ta. La vida des­de lue­go está lle­na de mati­ces… estos mati­ces se sin­te­ti­zan a tra­vés de expre­sio­nes artís­ti­cas… algu­nas de ellas, son tan bue­nas y acer­ta­das, que ganan vida por sí mis­mas y sobre­vi­ven ellas solas al cabo de los años… pasan­do por la psi­que de unos y de otros. Esas son las crea­cio­nes gran­des. El hecho de que Gon­zá­lez Iñá­rri­tu haya ele­gi­do esta pie­za para sus cré­di­tos, no hace más que per­pe­tuar su difu­sión, cosa que le dará otro empu­je a tra­vés del tiem­po a la obra… si que­da­ba en el fon­do, reflo­ta… y así suce­si­va­men­te. Pero solo reflo­ta lo que tie­ne capa­ci­dad de per­du­rar y esta obra, sin duda, está sobra­da­men­te legi­ti­ma­da para ello. Son obras que, por suer­te, ya están por ahí… exis­ten… cir­cu­lan por un canal, por otro… tan solo hay que parar un momen­to y escu­char… pero eso, en los tiem­pos que corren… ya es otro can­tar. Allá cada cual.
PD.- Me gus­ta el con­cier­to para piano en sol mayor de Ravel. Mucho. Aquí inter­pre­ta­do por Martha Arge­rich. Es ver­da­de­ra­men­te gran­de... para mi gusto.

Mr Bojangles

O el Cool Hand Luke en fase crepuscular…


Hay can­cio­nes muy pecu­lia­res… can­cio­nes que sin saber muy bien por qué —a prio­ri— aca­ban sien­do ver­sio­na­das infi­ni­dad de veces. Está cla­ro que si eso suce­de es por­que la can­ción mala no debe ser… pero hay algo más… no es solo la can­ción en sí, hay que tener en cuen­ta tam­bién la his­to­ria que va detrás de la letra... segu­ro que detrás hay algo intere­san­te. Segu­ro. Lue­go, sin saber muy bien por qué, esas mis­mas can­cio­nes atraen como ima­nes… inclu­so en sus suce­dá­neos versionados.

Es curio­so como no siem­pre las ver­sio­nes siguen una jerar­quía… hay ver­sio­nes que, sien­do gene­ro­sos, aca­ban superan­do a las ori­gi­na­les… y eso que no serían lo que son si no par­tie­sen de una bue­na base —a fin de cuen­tas, el que ver­sio­na, lo hace por­que tie­ne un míni­mo de inte­rés y admi­ra­ción por la can­ción de la que par­te—. Hay tipos que sin haber par­ti­ci­pa­do en la com­po­si­ción ori­gi­nal aca­ban con­vir­tien­do su ver­sión en algo gran­de. Pero esto es algo que mere­ce­ría un post espe­cí­fi­co más ade­lan­te… algo sobre ver­sio­nes… todo un mundo.

Pero hoy la cosa va de Mr. Bojan­gles… qué can­ción. Hace unos días la escu­ché en la ver­sión de Nina Simo­ne… huel­ga decir que sal­van­do la admi­ra­ción que ya pro­fe­so por Simo­ne, la can­ción atra­pa des­de el pri­mer ins­tan­te. La ver­sión ori­gi­nal es de Jerry Jeff Wal­ker

Y tie­ne su his­to­ria… claro.

Al pare­cer, el bueno de Jerry Jeff Wal­ker, sos­tie­ne que cono­ció a un tipo muy pecu­liar en la cár­cel… un tipo que se hacía lla­mar a sí mis­mo Mr. Bojan­gles para evi­tar que la poli­cía iden­ti­fi­ca­ra su ver­da­de­ra iden­ti­dad. Se hacía lla­mar así por­que por aquel enton­ces, había un actor y bai­la­rín de cla­qué muy cono­ci­do lla­ma­do Bill “Bojan­gles” Robin­son. Pero la can­ción nada tie­ne que ver con este his­trió­ni­co actor de raza negra. El Mr. Bojan­gles al que hace refe­ren­cia la can­ción era un indi­vi­duo de raza blan­ca de los bajos fon­dos de Nue­va Orleans. Dice Jerry Jeff Wal­ker que cuan­do pasó una tem­po­ra­da en la cár­cel —fue dete­ni­do por estar borra­cho en la calle— se topó con el tal Sr. Bojan­gles… un vaga­bun­do que había sido dete­ni­do como par­te de una reda­da tras un asesinato.

Ambos habla­ron de la vida jun­to a otros pre­sos pero, cuan­do el Sr. Bojan­gles rela­tó todo lo que había vivi­do jun­to a su perro duran­te quin­ce años, el ambien­te en la cel­da se vol­vió melan­có­li­co… Alguien sugi­rió que habría que ani­mar el asun­to y el pro­pio Sr. Bojan­gles delei­tó a los pre­sen­tes con un bai­le de claqué.

Así la can­ta­ba Nina Simo­ne… (esta can­ción ya la enla­za­mos en el post ante­rior).

 

Bojangles

Hay una ver­sión estu­pen­da en you­tu­be de un direc­to de Sammy Davis Jr. en Ale­ma­nia en 1985…

Y yo me pre­gun­to… ¿quién podría haber sido el tal Mr. Bojan­gles? Evi­den­te­men­te jamás des­cu­bri­ría seme­jan­te cosa ni fal­ta que hace… pero si alguien me pre­gun­ta­ra a quién me recuer­da el tal Mr. Bojan­gles o quién podría haber sido… res­pon­de­ría sin dudar… el tal Mr. Bojan­gles bien podría haber sido el famo­so Cool Hand Luke (La Leyen­da del Indo­ma­ble)… ya con unos años de más y down & out… en su fase cre­pus­cu­lar… ¿o no? Para quién haya vis­to la abso­lu­ta­men­te impres­cin­di­ble pelí­cu­la de Stuart Rosen­berg no habrá más que decir.

Cool Hand Luke —Paul New­man— es un tipo al que detie­nen por des­or­den públi­co y es encar­ce­la­do en una típi­ca cár­cel del sur de los Esta­dos Uni­dos. Un espí­ri­tu libre que se nie­ga a seguir pre­so y… y las mon­ta par­das vamos… no quie­ro estro­pear­le la pelí­cu­la a nadie, en caso de no haber­la vis­to —cra­so error!—. Con acto­res como Geor­ge Ken­nedy, Den­nis Hop­per o Harry Dean Stan­ton, entre otros… Una mara­vi­lla.

El caso es que Cool Hand Luke bien podría haber sido el tal Mr. Bojan­gles… solo que en tiem­pos, las aven­tu­ras las habría corri­do jun­to a su perro fiel. Con el paso de los años, ya vie­jo… habría cana­li­za­do sus ansias de liber­tad hacia el tap dan­ce… que habría dedi­ca­do a sus com­pa­ñe­ros de barra­cón para entre­te­ner­los una vez más… casi como en la pelí­cu­la. Des­de lue­go ambos per­so­na­jes se dan la mano… Cool Hand Luke no bai­la cla­qué pero se come 50 hue­vos duros para diver­ti­men­to del per­so­nal… casi nada.

Ambos per­so­na­jes, Cool Hand Luke y Mr. Bojan­gles, son repre­sen­ta­cio­nes de sen­ti­mien­tos y emo­cio­nes muy huma­nas cana­li­za­das a tra­vés de las artes… uno de los per­so­na­jes a tra­vés del Cine y el otro de la Músi­ca. ¿Qué es Cool Hand Luke sino un Antoi­ne Doi­nel adul­to —Los 400 Gol­pes de Fra­nçois Truf­faut—? Pues eso… Liber­tad. La rela­ción que tene­mos los huma­nos con la liber­tad… y no con la liber­tad en gené­ri­co… sino con sen­tir­nos ver­da­de­ra­men­te libres. Libres.

Y enton­ces cla­ro… ¿cómo no va a pro­vo­car, al menos, un esbo­zo de son­ri­sa escu­char Mr. Bojan­gles? Está cla­ro que no todos tene­mos por qué inte­rio­ri­zar este tipo de cosas pero… qué demo­nios… ¡allá cada cual!

Verano

O el Sum­mer Free Spi­rit Bird para los amigos

Con esta músi­ca comen­za­ban unos días de des­co­ne­xión… Cómo lo Oyes… de San­tia­go Alcan­da. Sona­ba Gerry Raf­ferty en radio 3 cuan­do cru­za­ba la fron­te­ra y salía de Espa­ña… poco a poco fui per­dien­do la señal de Radio Nacio­nal con esta can­ción pre­ci­sa­men­te… y, enton­ces, bucee de lleno en unos días de des­co­ne­xión total. Supon­go que a todos nos hace fal­ta de vez en cuando.

Gene­ral­men­te, des­pués de atra­ve­sar una fase de caren­cia —tan­to en lo emo­cio­nal, como en lo físi­co—, los estí­mu­los se per­ci­ben de otra mane­ra y se mag­ni­fi­can o, en ver­dad, se valo­ran... cosa que con fre­cuen­cia no hace­mos. Es muy com­ple­jo sin­te­ti­zar emo­cio­nes a tra­vés de un sim­ple tex­to... qui­zá sea inclu­so teme­ra­rio y pre­ten­cio­so. Pero el caso es que a la hora de regis­trar lo vivi­do, el tex­to es una de las for­mas para hacerlo.

No seré muy explí­ci­to en rela­ción a lo vivi­do... no es el momen­to ni el lugar... sin embar­go, sí resul­ta intere­san­te como un puña­do de can­cio­nes pue­den mar­car como un hie­rro can­den­te el lomo de nues­tra psi­que... y así que­da­rá mar­ca­do para los restos.

Las can­cio­nes iban sonan­do… como quien no quie­re la cosa… como las cer­ve­ci­tas que vas abrien­do, fres­cas y conciliadoras…

Reco­rrien­do el camino que me lle­va al lugar don­de he sido feliz duran­te años... jus­to al lado del mar y con una peren­to­ria nece­si­tad de des­co­nec­tar... se podía escu­char Músi­ca de todo tipo… de aque­lla que entra en el tué­tano y va dan­do un buen mar­co para des­co­nec­tar de ver­dad —o sea… Trio­lo­cría… para los que ya enten­dáis el con­cep­to de nues­tro proyecto—.

Es pro­ba­ble que más de uno expe­ri­men­te ese tor­be­llino emo­cio­nal que reco­rre el cuer­po al acer­car­se len­ta­men­te al lugar don­de habi­tan los bue­nos recuer­dos de infan­cia y ado­les­cen­cia... a la Never­land par­ti­cu­lar... al País de Nun­ca Jamás... Cada cual tie­ne el suyo... supon­go. Yo ten­go el mío... y esta vez esta­ba espe­cial­men­te «Never­land». Tan­to... que antes de mar­char­me aun estoy pen­san­do en vol­ver... ¿para siem­pre?... buf... qué com­ple­ja es la vida… hay raí­ces que te aga­rran y no te largan.

El tríp­ti­co de nues­tro dis­co de Trio­lo­cría, tan­to el plano cen­tral inte­rior como el exte­rior, está basa­do en ese Never­land par­ti­cu­lar... y, en esta oca­sión, ha teni­do ban­da sono­ra con­cre­ta... no la nues­tra de Trio­lo­cría, cla­ro... aun­que algu­na cayó. Se ha pro­du­ci­do ese suce­so curio­so de aso­cia­ción de Músi­ca y momen­tos vita­les... a par­tir de aho­ra, cada vez que escu­che estas can­cio­nes recor­da­ré estos mara­vi­llo­sos días de septiembre.

Escu­chan­do este tema de la Bom­bay Dub Orches­tra, sen­ta­do en el sue­lo are­no­so fren­te al mar… luna lle­na, el mar a cin­co metros y una moran­gos­ka en la mano; jue­go de luces endia­bla­do… velas en sacos de papel, ras­tros de un atar­de­cer roji­zo en el hori­zon­te de ponien­te, la luna orgu­llo­sa requie­re aten­ción en el plano ceni­tal… Pedras Ama­re­las delan­te y detrás de noso­tros y total­men­te solos fren­te a seme­jan­te espec­tácu­lo. Sum­mer Free Spi­rit Bird… Bue­na com­pa­ñía, pri­mos a los que quie­ro como a her­ma­nos y la nece­si­dad de des­co­ne­xión ver­da­de­ra­men­te en pro­ce­so de reso­lu­ción… des­co­nec­tan­do en cada segun­do, en cada ima­gen, en cada gol­pe de bri­sa mari­na. Hacía años que no me topa­ba con ese… «Sum­mer Free Spi­rit Bird»… esa dis­po­si­ción men­tal, esa vita­li­dad… ese dis­fru­te de la vida… así… direc­to y cla­ro, sin com­ple­jos ni sub­ter­fu­gios; lejos que­da la com­ple­ji­dad de la coti­dia­ni­dad en las gran­des ciu­da­des… de la socie­dad actual.

Un espí­ri­tu ino­cen­te cada vez que se reen­cuen­tra o des­en­vuel­ve… pero exis­te, y es más puro que muchos. Sor­pren­de en oca­sio­nes… pro­vo­ca recha­zo en otras… ¿pero qué sería de Never­land sin su Sum­mer Free Spi­rit Bird? Es algo casi inevitable.

Y ahí está…

De repen­te sin­to­ni­za esta can­ción… y des­en­ca­ja al menos pin­ta­do. Mr. Bojan­gles… mere­ce un post exclu­si­vo, que dejo para más ade­lan­te. Qué mara­vi­llas exis­ten por el mun­do. La pre­gun­ta es… ¿quién no baja las defen­sas escu­chan­do Mr. Bojan­gles?... solo aque­llos que olvi­da­ron sus Neverland’s par­ti­cu­la­res… Nina Simo­ne des­ar­ma a cual­quie­ra y, si enci­ma habla­mos de una can­ción tan bue­na como esta… ¡estás per­di­do! Y la ver­dad es que no sé por qué pero… yo, per­so­nal­men­te, ten­go ten­den­cia a des­ar­mar­me en sep­tiem­bre… cosas que pasan. Sep­tiem­bre es el mes.

Una ban­da sono­ra muy ecléc­ti­ca… pero está cla­ro que no le hace­mos ascos a nada…

Y cla­ro… lue­go hay can­cio­nes que pare­ce que están hechas deli­be­ra­da­men­te para el verano… temas elec­tró­ni­cos, sin tan­ta enjun­dia como los Mr. Bojan­gles y com­pa­ñía… pero que des­de lue­go ayu­dan a mover el esque­le­to o la men­te… según pre­fie­ra cada cual…

O esto otro por ejemplo…

Qué bue­nos días he pasa­do… he cono­ci­do gen­te nue­va estu­pen­da, me he diver­ti­do, bue­na músi­ca… fami­lia, ami­gos… un mar espec­ta­cu­lar, la piel fas­ti­dia­da por la expo­si­ción irres­pon­sa­ble al sol —mea cul­pa—… algún futu­ri­ble a la vis­ta… curio­sos días estos de sep­tiem­bre... que le qui­ten a uno lo bai­lao. We’ll see what hap­pen now...

No están todas las músi­cas… ni fal­ta que hace. Pero ahí que­da regis­tro de can­cio­nes idó­neas para mar­char­se y des­co­nec­tar… fun­cio­nan, doy fe. Es como todo… cada cual ten­drá sus gus­tos, qui­zá esto se ajus­te más a mis gus­tos… a fin de cuen­tas, me gus­ta de todo… pero… para gus­tos los colo­res, está cla­ro. Allá cada cual.

 

Cultura del Sonajero

Para­dig­ma cul­tu­ral del sona­je­ro, o el Barro­co del Siglo XXI.

La cul­tu­ra musi­cal actual está tre­men­da­men­te some­ti­da al Para­dig­ma del Sona­je­ro… pero… ¿qué es el Para­dig­ma del Sonajero?

En pri­mer lugar y para empe­zar… ¿qué es un sonajero?

Según la Real Aca­de­mia de la Len­gua, sona­je­ro es:

1.m. Jugue­te con sona­jas o cas­ca­be­les, que sir­ve para entre­te­ner a los bebés.

¿Por qué un sona­je­ro entre­tie­ne a los bebés? Evi­den­te­men­te… por­que esti­mu­la los sen­ti­dos. Esto es:

Colo­res.- Esti­mu­lan la vis­ta… la curio­si­dad del niño por los colores
Soni­dos.- Esti­mu­lan el sen­ti­do del oído con el soni­que­te que provocan
Tac­to.- Sus for­mas invi­tan a los bebés a aga­rrar y mani­pu­lar el sona­je­ro por pura curiosidad
Pala­dar.- Una de las pri­me­ras prue­bas que un bebé hace con un sona­je­ro en su poder es lle­vár­se­lo a la boca
Olfa­to.- Igual que con el res­to de sen­ti­dos, el niño expe­ri­men­ta su olfa­to con los sona­je­ros… algu­nos, inclu­so perfumados.

Por tan­to un sona­je­ro es, a fin de cuen­tas, un ins­tru­men­to endia­bla­da­men­te ver­sá­til, capaz de foca­li­zar la aten­ción de un niño por mero con­tac­to; un bebé es capaz de enfo­car todos sus sen­ti­dos hacia un ins­tru­men­to que no tie­ne abso­lu­ta­men­te nin­gu­na rele­van­cia en el mun­do adul­to y, sin embar­go, es capaz de aman­sar a una fiera.

¿Dón­de está la trampa?

Sen­ci­llo… el efec­to de un sona­je­ro dura sola­men­te el tiem­po que duren los efec­tos de sus carac­te­rís­ti­cas sobre el bebé… es decir, el efec­to de un sona­je­ro dura lo que tar­de el niño en inte­rio­ri­zar las cua­li­da­des del jugue­te. Una vez que el bebé ha inte­rio­ri­za­do colo­res, tac­to, olfa­to, sabor y soni­do… jamás vol­ve­rá a tener inte­rés por el mis­mo arti­lu­gio… es un camino sin retorno… es, siem­pre, cono­ci­mien­to adqui­ri­do… en cir­cuns­tan­cias nor­ma­les no se des­apren­de. Sin embar­go… al incre­men­tar algu­na de las carac­te­rís­ti­cas del sona­je­ro, se reac­ti­va la curio­si­dad del bebé ya que, de nue­vo, des­co­no­ce algo que inci­ta a su curio­si­dad natu­ral. En ese momen­to, el niño aca­ba mos­tran­do nue­va­men­te inte­rés y ‘se alie­na’ por un poco más de tiem­po has­ta que… final­men­te… vuel­ve a per­der el inte­rés ya que habrá inte­rio­ri­za­do otra vez más el ‘nue­vo sona­je­ro’. Y vuel­ta a empe­zar. La com­ple­ji­dad de los sona­je­ros se va incre­men­tan­do de mane­ra gra­dual has­ta ter­mi­nar en lo que todos cono­ce­mos como jugue­tes que, una vez más, esti­mu­la­rán el cono­ci­mien­to del niño has­ta que los ten­ga sufi­cien­te­men­te inte­rio­ri­za­dos, momen­to en el cual, per­de­rá el inte­rés… suma y sigue. Nues­tra vida va acom­pa­ña­da de un ince­san­te incre­men­to para­le­lo que par­tió de nues­tros sona­je­ros per­so­na­les.

El sona­je­ro es, por esta­ble­cer un sím­bo­lo, la zanaho­ria delan­te del burro… esa que nos hace mover­nos… la que hace que nues­tra curio­si­dad vaya dan­do un paso tras otro… siem­pre ten­dien­do a más. El pro­ble­ma, es que una zanaho­ria col­gan­do de un palo es útil para un burro… pero no para el hom­bre… por­que el hom­bre una vez que la haya inte­rio­ri­za­do —ya se bus­ca­ría las cas­ta­ñas, pues­to que es inte­li­gen­te, para sacar­la de la pun­ta del palo y poder comér­se­la— no se vol­ve­rá a mover con una zanaho­ria. Habría que ir incre­men­tan­do el gra­do de ‘enig­ma’ pro­vo­ca­do al burro… per­dón, al hom­bre en este caso.

Por tan­to… los sona­je­ros —y las zanaho­rias—, evo­lu­cio­nan con nues­tro cre­ci­mien­to… en caso con­tra­rio, aún esta­ría­mos aga­rra­dos a nues­tros sona­je­ros infan­ti­les; cosa que podría fun­cio­nar con un ser no racio­nal… por suer­te o des­gra­cia, no es nues­tro caso. Nues­tra curio­si­dad es la gaso­li­na que todo lo mue­ve; la curio­si­dad es un buen indi­ca­dor del gra­do de inte­rés e inquie­tud de una men­te al uso.

SIN EMBARGO

en nues­tro caso —en el caso del ser Humano, no en el del burro— alcan­za­mos un pun­to en el que entra­mos de lleno en lo que Pia­get deno­mi­nó pen­sa­mien­to abs­trac­to; en la ado­les­cen­cia nues­tro cere­bro ya no se con­for­ma con las ope­ra­cio­nes for­ma­les… empie­za a rizar los argu­men­tos… a ima­gi­nar, a abs­traer­se… ¿qué es el Arte… no es aca­so una serie de abs­trac­cio­nes del pen­sa­mien­to? Ahí es don­de los huma­nos supe­ra­mos a los burros… al final, con suer­te, nos inde­pen­di­za­mos de los sona­je­ros o, si se pre­fie­re, nos cons­trui­mos nues­tros pro­pios sona­je­ros… nos trans­for­ma­mos en due­ños y seño­res de nues­tras inquie­tu­des. O… ¿qui­zá no?

Vivi­mos en la Cul­tu­ra del Sona­je­ro. Una fuer­te influen­cia del mer­ca­do sobre los pro­ce­sos de difu­sión del Arte pro­vo­ca que se nece­si­te incre­men­tar cons­tan­te­men­te algu­na carac­te­rís­ti­ca del ‘pro­duc­to artís­ti­co’ difun­di­do. Por tan­to… esta­mos rodea­dos de sona­je­ros por todas par­tes. Tan­to, que al final algu­nos artis­tas aca­ban por con­ver­tir­se en cari­ca­tu­ras de sí mis­mos… rozan­do lo gro­tes­co. Y qui­zá, esos mis­mos artis­tas podrían dar mucho de sí en tér­mi­nos artís­ti­cos —de hecho algu­nos ya lo hacen— sin embar­go… se han some­ti­do a la ‘ley del sona­je­ro’… con­de­nan­do a los con­su­mi­do­res de arte al infan­ti­lis­mo —por no desa­rro­llar su capa­ci­dad de abs­trac­ción— y con­de­nan­do tam­bién a su pro­pia pro­duc­ción… ya que todo lo ‘sona­je­ro’ está pre­des­ti­na­do a ser efí­me­ro… ¿recuer­dan? Cuan­do un niño ya ha inte­rio­ri­za­do el sona­je­ro… jamás vuel­ve a inte­re­sar­se por él.

Lo mis­mo pasa con la Cul­tu­ra, los medios de comu­ni­ca­ción, etc… La des­hu­ma­ni­za­ción de la socie­dad —el hecho de some­ter­se úni­ca­men­te a un mode­lo de fun­cio­na­mien­to mer­can­til— pro­vo­ca que cada vez ten­ga­mos menos capa­ci­dad de abs­trac­ción; los ciu­da­da­nos cada vez esta­mos más alie­na­dos y se nos pre­pa­ra para abor­dar un mun­do alta­men­te espe­cia­li­za­do sin abs­trac­ción de pen­sa­mien­to algu­na… todo va enfo­ca­do a la opti­mi­za­ción de una pro­duc­ti­vi­dad que, sin dejar de ser impor­tan­te, se con­vier­te en un cán­cer metas­tá­si­co… ya que aca­ba por reali­men­tar el defec­to de los ciu­da­da­nos —tor­pe­za en su capa­ci­dad de abs­trac­ción— que dará fin en últi­mo caso a su pro­pia razón de ser (la pro­duc­ti­vi­dad en un mer­ca­do cul­tu­ral no ten­drá nin­gu­na razón de ser si aca­ba estan­do rodea­da de burros; una lás­ti­ma… pero así es; si los burros die­ran el mis­mo jue­go, no habría más que hablar).

Es pre­ci­sa­men­te por ello que nues­tra pro­duc­ti­vi­dad no es ópti­ma… es, de hecho, más bien defi­cien­te. Es algo evi­den­te… no se es más pro­duc­ti­vo por tra­ba­jar más horas… si no por tra­ba­jar­las mejor. Menos horas, pero más pro­duc­ti­vas, mejor gestionadas.
Y esto afec­ta… evi­den­te­men­te, a la Música.

Hay tres can­cio­ne­ros alta­men­te envi­dia­bles en el mun­do… no son los úni­cos, pero sí es posi­ble que sean los más exten­sos y ricos en lo que a músi­ca con­tem­po­rá­nea —más o menos recien­te— se refie­re; a saber: el bra­si­le­ño, el cubano y el nor­te­ame­ri­cano. Tres pila­res fun­da­men­ta­les de la Músi­ca en el siglo XX y con total segu­ri­dad tam­bién del siglo XXI. Huel­ga des­ta­car las vir­tu­des del can­cio­ne­ro bra­si­le­ño, cosa que ya hemos hecho en más de una oca­sión y, pro­ba­ble­men­te, se hará más veces en el futu­ro; Los nor­te­ame­ri­ca­nos, como en todo, son capa­ces de lo mejor y de lo peor en el mis­mo paque­te. Un buen ejem­plo de ello es el fes­ti­val ‘sona­je­ro’ por exce­len­cia de la indus­tria musi­cal nor­te­ame­ri­ca­na actual: MTV Video Music Awards. Sona­je­ro tras sona­je­ro. En nivel ‘sona­je­ro’ es tal que inclu­so entra en una diná­mi­ca extre­ma­da­men­te Barro­ca… una diná­mi­ca de defor­ma­ción total y abso­lu­ta en don­de la Músi­ca pasa a un vigé­si­mo sép­ti­mo plano, para dar lugar a toda una serie de códi­gos y usos que se arti­cu­lan con el fin de man­te­ner la aten­ción de las ame­bas mór­bi­das lobo­to­mi­za­das que repo­san sus chi­clo­sas nal­gas fren­te al tele­vi­sor. Juven­tud divino tesoro.

Cada movi­mien­to pro­du­ci­do en el ámbi­to mediá­ti­co —inclui­dos los infor­ma­ti­vos— cada vez se desa­rro­lla de mane­ra más… ‘sona­je­ra’… idio­ti­zan­do aún más al espec­ta­dor… por si no fue­ra sufi­cien­te. La pér­di­da de res­pe­to por el espec­ta­dor es total y abso­lu­ta… sin com­ple­jos. Y, la ver­dad sea dicha, el espec­ta­dor —o ame­ba mór­bi­da lobo­to­mi­za­da—, tam­po­co se hace res­pe­tar… por tan­to es una pes­ca­di­lla que se muer­de la cola… un círcu­lo vicio­so, dema­sia­do vicio­so. ¿Por qué no se hace res­pe­tar? Evi­den­te: edu­ca­ción. Bri­lla por su ausen­cia. La edu­ca­ción debe ser equi­li­bra­da e ínte­gra… cosa abso­lu­ta­men­te utó­pi­ca en la actua­li­dad. Del sis­te­ma edu­ca­ti­vo no salen indi­vi­duos libre­pen­sa­do­res… sino car­ne para el mer­ca­do. Pun­to. Indi­vi­duos alta­men­te efi­cien­tes… sumi­sos —¿horas extras?... ¿qué es eso?— y some­ti­dos al ‘así son las cosas’. Y no les fal­ta razón. Así son. Pero siem­pre lo fue­ron tam­bién en el pasa­do, y hubo gen­te que mejo­ró lo que había. Tene­mos lo que nos mere­ce­mos. ¿Será que nos lo mere­ce­mos? ¿es cul­pa­ble alguien que no lle­ga a desa­rro­llar una capa­ci­dad crí­ti­ca para razo­nar lo que suce­de en su entorno?

Nues­tro sis­te­ma edu­ca­ti­vo —deci­mo­nó­ni­co— aún res­pi­ra… cuan­do debe­ría haber sido refor­mu­la­do de ini­cio a fin des­de hace unos años ya. Se escu­cha con fre­cuen­cia… ‘la Edu­ca­ción es una mier­da’, ‘cómo vie­nen los niños…’, ‘pero qué ver­güen­za de juven­tud’, etc… Sugi­rien­do que en el pasa­do, la edu­ca­ción fue mejor. La edu­ca­ción del pasa­do fue la edu­ca­ción que corres­pon­día en ese tiem­po y espa­cio con­cre­to… el pro­ble­ma que tene­mos es pre­ci­sa­men­te que esta­mos uti­li­zan­do aque­lla mis­ma edu­ca­ción en este tiem­po y espa­cio que vivi­mos aho­ra y, por des­gra­cia, dicho sis­te­ma demues­tra ser alta­men­te inefi­caz en estas cir­cuns­tan­cias. Por tan­to… la edu­ca­ción basa­da en con­te­ni­dos está sien­do alta­men­te dañi­na. No se tra­ta de eli­mi­nar total­men­te los con­te­ni­dos… se tra­ta de valo­rar lo que en ver­dad es nece­sa­rio hoy: desa­rro­llar des­tre­zas; para lo cual se nece­si­ta­rán unos con­te­ni­dos… pero des­de lue­go no son la pie­dra angu­lar de la mejo­ra del sis­te­ma edu­ca­ti­vo… de hecho, aho­ra mis­mo, son más bien una rémora.
Es fre­cuen­te encon­trar razo­na­mien­tos alta­men­te pue­ri­les inclu­so en la cla­se polí­ti­ca… ¿cómo es eso posi­ble? Es posi­ble… por­que el mar­ke­ting dic­ta­mi­na que si se pre­ten­de lle­gar al cere­bro del indi­vi­duo ‘X’ habrá que hacer­lo a tra­vés de un len­gua­je que le lle­gue al suso­di­cho. Por tan­to, si el indi­vi­duo es ‘pere­zo­so’ en lo que a razo­na­mien­to se refie­re… habrá que poner­se a su nivel… y no lo con­tra­rio, invi­tar a que el ‘pere­zo­so’ se acti­ve de algún modo. Es una estra­te­gia lógi­ca de mer­ca­do… hay que lograr el obje­ti­vo… cuan­to más esfuer­zo le supon­ga al obje­ti­vo, peor. Y cla­ro… así nos encon­tra­mos con la fal­ta de razo­na­mien­to total y abso­lu­ta en la que esta­mos inmersos.

Pon­ga­mos un ejem­plo. Se dice con fre­cuen­cia que: ‘hay una tre­men­da cri­sis de valores’.

Fal­so o, cuan­do menos, cap­cio­so. Lo valo­res no están en cri­sis. Las vías, méto­dos o modos de trans­mi­tir­los a los ciu­da­da­nos sí. Pue­de pare­cer lo mis­mo, pero no lo es; y este deta­lle es de suma impor­tan­cia. El ‘no mata­rás’ no está en cri­sis… ni mucho menos. Lo que sí está en cri­sis es ‘el modo’ de incul­car, difun­dir y edu­car ese ‘no mata­rás’. Hay varias for­mas de lle­gar a ese mis­mo valor: reli­gión, filo­so­fía, antro­po­lo­gía, polí­ti­ca, socio­lo­gía… suma y sigue. La Razón a fin de cuen­tas. Hay valo­res que son intrín­se­cos a nues­tra natu­ra­le­za huma­na, y el ‘no mata­rás’ es un ejem­plo bas­tan­te neu­tro que pue­de ser­vir de ejem­plo per­fec­ta­men­te. Lo que atra­vie­sa una cri­sis pro­fun­da y tre­men­da es el acer­ca­mien­to al valor a tra­vés de la vía uti­li­za­da por el pen­sa­mien­to reli­gio­so… eso sí atra­vie­sa una pro­fun­da cri­sis:

(Del lat. cri­sis, y este del gr. ).
1. f. Cam­bio brus­co en el cur­so de una enfer­me­dad, ya sea para mejo­rar­se, ya para agra­var­se el paciente.
2. f. Muta­ción impor­tan­te en el desa­rro­llo de otros pro­ce­sos, ya de orden físi­co, ya his­tó­ri­cos o espirituales.
3. f. Situa­ción de un asun­to o pro­ce­so cuan­do está en duda la con­ti­nua­ción, modi­fi­ca­ción o cese.
4. f. Momen­to deci­si­vo de un nego­cio gra­ve y de con­se­cuen­cias importantes.
5. f. Jui­cio que se hace de algo des­pués de haber­lo exa­mi­na­do cuidadosamente.
6. f. Esca­sez, carestía.
7. f. Situa­ción difi­cul­to­sa o complicada.

Eti­mo­ló­gi­ca­men­te hablan­do, ‘cri­sis’, sig­ni­fi­ca cam­bio. Y eso es lo que suce­de en sen­ti­do lite­ral, el modo de abor­dar los valo­res está cam­bian­do… el mode­lo judeo­cris­tiano ha fra­ca­sa­do… nadie lo puso en jaque, sen­ci­lla­men­te no se sos­tie­ne por sí mis­mo en los tiem­pos que corren. Para­dó­ji­ca­men­te, se hace indis­pen­sa­ble des­ta­car que la sofis­ti­ca­ción en el pro­ce­so de alie­na­ción alcan­za tales nive­les que ya ni la estruc­tu­ra de alie­na­ción por anto­no­ma­sia en nues­tra cul­tu­ra —la reli­gión—, es capaz de adap­tar­se a los tiem­pos. En otras pala­bras… las per­so­nas siguen optan­do por casar­se por la igle­sia —la mayo­ría—… el pro­ble­ma, es que a los dos años se divor­cian —si lle­gan—. Sin más.

¿Por qué el pen­sa­mien­to reli­gio­so atra­vie­sa esta cri­sis —cam­bio—? Curio­sa­men­te, las reli­gio­nes —con­ser­va­do­ras por regla gene­ral— no han adop­ta­do esa pecu­liar des­tre­za de los intere­ses alie­nan­tes actua­les: el sona­je­ro. La socie­dad actual pier­de el inte­rés en todo de una mane­ra sor­pren­den­te­men­te rápi­da e irre­vo­ca­ble —casi como el niño con su sona­je­ro—; sen­ci­lla­men­te pier­de inte­rés cuan­do ya cono­ce algo —debi­do a la cos­tum­bre de la inme­dia­tez del flu­jo de infor­ma­ción—. Aun­que un suce­so sea rele­van­te, no des­per­ta­rá un inte­rés dema­sia­do pro­lon­ga­do en el tiem­po… por muy trá­gi­co que sea el acon­te­ci­mien­to… es igual… cual­quier cosa que suce­da tie­ne a par­ti­da sus días con­ta­dos. Curio­so. Y… peli­gro­so. Las for­mas reli­gio­sas que sí han opta­do por el sona­je­ro —espe­cial­men­te en el con­ti­nen­te ame­ri­cano, lugar don­de el mar­ke­ting es casi otro dog­ma— funcionan.

Pero este post no hace refe­ren­cia al pen­sa­mien­to reli­gio­so —ha sido un efec­to cola­te­ral—… el obje­to últi­mo y final es la Músi­ca y su indus­tria actual.

En el últi­mo MTV Video Music Awards, algu­nos mode­li­tos eran dig­nos de ‘sona­je­ro’… sin duda.

Es el ir más allá… el ‘¿Qué hago para des­ta­car que no haya hecho nadie antes aún?... poner­me un cubo ama­ri­llo en la cabe­za?’… pues un cubo ama­ri­llo en la cabe­za. No hay que dar­le más vuel­tas. Hay que dejar un sello dis­tin­ti­vo que cir­cu­le por los medios de todo el mun­do… algo que gene­re trá­fi­co y cir­cu­la­ción de infor­ma­ción por todas par­tes. Y fun­cio­na, cla­ro. En caso con­tra­rio, no apa­re­ces con un cubo ama­ri­llo en la cabe­za para reci­bir un pre­mio. Curio­sa­men­te, hay quien se mete con el fut­bo­lis­ta Car­les Puyol —no me gus­ta el fút­bol—, por acu­dir a la recep­ción de un pre­mio ata­via­do como le vie­ne en gana —indu­men­ta­ria sport de su equi­po—. Es posi­ble que la perio­dis­ta Ana Ure­ña que cri­ti­ca al fut­bo­lis­ta, no cri­ti­ca­ra el «cla­són» de Katy Perry y su cubo ama­ri­llo… ¡es muy ori­gi­nal! Y barro­co… Aun­que, pro­ba­ble­men­te, si alguien se preo­cu­pa por la ves­ti­men­ta de un fut­bo­lis­ta para reco­ger un pre­mio (¿...?)... es posi­ble que tam­bién se preo­cu­pe de la indu­men­ta­ria de Katy... cosas vere­des ami­go San­cho. Es lógi­co pen­sar que le paguen para preo­cu­par­se por ese tipo de asun­tos... es periodista.

Otro ejem­plo es Lady Gaga, archi­co­no­ci­da por sus mode­los… (ves­ti­do de car­ne, etc…) ¿no es eso rizar cons­tan­te­men­te el rizo? ¿no es eso incre­men­tar el sona­je­ro una y otra vez?... Lo malo es que el sona­je­ro, como en los niños, tie­ne un tiem­po de vida… dura lo que dura… y al final,solo sal­va el paso del tiem­po aque­llo que buceó de lleno en la abs­trac­ción de nues­tro pen­sa­mien­to y se con­vir­tió en madu­ro… en eterno. Todo lo demás está pre­des­ti­na­do a ser efí­me­ro… que­da­rá en el tiem­po como algo anec­dó­ti­co des­de lue­go, pero se per­de­rá. Comer­cia­mos por tan­to con mate­rial pre­des­ti­na­do a ser efí­me­ro… por­que resul­ta inme­dia­to, pero no dura­de­ro. Lo dura­de­ro en con­tra­par­ti­da no gene­ra bene­fi­cios a prio­ri pero, vaya por dios, es lo que resis­te el paso del tiem­po. Si la indus­tria no está enfer­ma… pues no sé yo enton­ces qué le pasa.

Pues eso... si esto no es barroco...

Vas a una gala... y enton­ces lle­vas una cule­bra en la mano... ¡peda­zo de sona­je­ro Jus­tin!

La malo­gra­da Winehou­se es otro buen ejem­plo. No han pasa­do ni tres meses de su falle­ci­mien­to y ya se pre­pa­ra un guión para su pelí­cu­la. Nego­cio. Ni más, ni menos. ¿Qué era el pelo de Winehou­se si no un sona­je­ro —al igual que el res­to de la indu­men­ta­ria—?... ¿en qué se con­vir­tió esta pobre mucha­cha si no en una cari­ca­tu­ra de sí mis­ma? La des­tro­za­ron. La con­de­na­ron en el pre­ci­so ins­tan­te en el que la com­pa­ra­ron nada más empe­zar con Billie Holi­day¡pero qué cruel­dad! Com­pa­rar a la mucha­cha con un mito al que jamás alcan­za­ría con el úni­co fin de ven­der. ¿Quién pue­de aguan­tar seme­jan­te pre­sión sobre su tra­ba­jo? Espe­cial­men­te si se tra­ta de un tra­ba­jo artís­ti­co, extre­ma­da­men­te expues­to y suje­to a los desig­nios de una mara­bun­ta caó­ti­ca de emo­cio­nes a flor de piel —la pro­pia natu­ra­le­za de Amy—. Pues eso.

Vivi­mos por tan­to en una cul­tu­ra de este­roi­des, de apa­rien­cias, cada vez más barro­ca, lle­na a rebo­sar de sona­je­ros por doquier… en la Músi­ca, en el Cine, en la Polí­ti­ca, en la tele­vi­sión… por todas par­tes. Los sona­je­ros son úti­les para gene­rar una iner­cia ini­cial de ven­ta pero, pron­to, se des­va­ne­cen en cues­tión de sema­nas… Los sona­je­ros son a la Músi­ca lo que una erec­ción sexa­ge­na­ria a las rela­cio­nes de pare­ja… nece­si­tan de ayu­da exter­na para aguan­tar un poco más pero, su carác­ter efí­me­ro es casi inevi­ta­ble —sal­van­do, segu­ro, algu­na hon­ro­sa excep­ción a la regla—. Todo son sona­je­ros. Cul­tu­ra del Sona­je­ro… barro­co del siglo XXI… siem­pre yen­do más allá… el ves­ti­do más… la can­ción más… el solo más… Todo es un alar­de de inno­va­ción, nove­dad o des­tre­za… que, en cuan­to deja de ser­lo, pier­de todo su inte­rés por­que en sus fun­da­men­tos no hay base algu­na. Todo lo que se ven­de es aire… unas veces buen aire, otras aire nau­sea­bun­do… pero aire a fin de cuen­tas. Todos nos suma­mos a ese fes­ti­val sona­je­ro de lo efí­me­ro. Con la que está cayen­do, tam­po­co está de más bana­li­zar un poco pero… lue­go no nos que­je­mos… que­re­mos cal­do y nos dan vein­ti­sie­te tazas. Es la dife­ren­cia entre la por­no­gra­fía y la sexua­li­dad… y el que no entien­da esa com­pa­ra­ción, que olvi­de este post… pues­to que no ten­drá la más míni­ma rele­van­cia… tears in rain.

A veces ten­go la sen­sa­ción de que lo NO SONAJERO se que­dó en momen­tos como este:

Es curio­so… qué poten­cia extre­ma artís­ti­ca había sobre ese esce­na­rio. ¿Y gra­ban­do?... Scor­se­se. Casi nada. No hace fal­ta ni dar nom­bres. Se han hecho infi­ni­dad de cosas des­de enton­ces, pero esta actua­ción… esta can­ción en con­cre­to, este momen­to final… es casi un sím­bo­lo cre­pus­cu­lar del final de una iner­cia artís­ti­ca desa­rro­lla­da años antes a ese con­cier­to. Cla­ro… la des­pe­di­da de The Band… todos se jun­ta­ron para des­pe­dir­los. Ese momen­to será eterno. Ni Winehou­se, ni Gaga, ni Perry —por uti­li­zar ejem­plos de sona­je­ro— serán capa­ces de repro­du­cir JAMÁS un momen­to con tan­ta magia y poten­cia como este. Any day now… any day now… I shall be relea­sed… así que allá cada cual.