MRM — Blackbird

Micro­rre­la­to musical

Crosby, Stills & Nash — Blackbird

Cuan­do cono­cí a tu madre pen­sé que, en aquel ins­tan­te subli­me, el mun­do había lle­ga­do a su máxi­mo nivel de per­fec­ción. Ella mira­ba al cie­lo como ena­je­na­da, pues una serie de nubes tren­za­ban capri­cho­sas figu­ras por enci­ma de nues­tras cabe­zas y un sol más rojo que naran­ja las colo­rea­ba con mora­dos y azu­les mori­bun­dos... a pun­to de con­ver­tir­se en noc­tur­nos. Ador­na­da con orquí­deas y flo­res de jaz­mín en el pelo, sos­te­nía con sus dedos sua­ve­men­te entre­la­za­dos un rami­lle­te de pere­jil, sal­via y tomi­llo. El inten­so aro­ma de sus flo­res se unió al de la mez­cla de taba­co per­fu­ma­do que yo fuma­ba en una peque­ña pipa de sán­da­lo que aca­ba­ba de com­prar aque­lla mis­ma tar­de. Me que­dé petri­fi­ca­do. De mis labios col­ga­ba la pipa y por muy poco no se hun­dió en el barro que pisá­ba­mos. Ella la cazó al caer. Se dio cuen­ta, al bajar la vis­ta del cie­lo, que jus­to delan­te tenía a otro ena­je­na­do que había per­di­do el con­trol de sus pro­pios labios.

Tomó la peque­ña pipa y fumó...

–Sabe a sán­da­lo – me dijo.

Aque­llas fue­ron sus pri­me­ras pala­bras y para cuan­do me qui­se dar cuen­ta... habían pasa­do horas... Crosby, Stills and Nash toca­ban enton­ces su ver­sión de Black­bird. No he vuel­to a pasar una sola noche lejos de ella.

http://www.youtube.com/watch?v=BxUG5AiHgdo

Colaboración con Puratura — Pantera

Para fina­li­zar la serie de cola­bo­ra­ción con Almu­de­na M. Cas­tro de Puratura.com, aquí está el últi­mo clip gra­ba­do en el estu­dio de Manuel Galán, Pro­duc­cio­nes Agui­jón... La sies­ta de la pan­te­ra, rosa... la mis­ma can­ción que Belén Gope­gui men­cio­nó en su nove­la Acce­so no auto­ri­za­do.

 

https://www.youtube.com/watch?v=7AGo-HHS9Zk

A títu­lo per­so­nal, ha sido un autén­ti­co pla­cer colaborar/trabajar con estas tres exce­len­tes per­so­nas... cier­to es que con Manuel y Patri­cia Gon­zá­lez ya tenía roda­je y sabía de ante­mano que lo dis­fru­ta­ría; con Almu­de­na ha sido la pri­me­ra vez que los tres hemos hecho algo y, sin­ce­ra­men­te, así da gus­to. Todo por puro pla­cer y amor al Arte.

Lue­go ya, para gus­tos los colo­res... pero ahí que­da. A quien le pue­da gustar/interesar, aquí va nues­tro últi­mo clip mano a mano. Espe­ro que poda­mos rea­li­zar más pro­yec­tos de estos en el futu­ro. Repi­to, así da gusto.

MRM — Fresh & Fine

Micro­rre­la­to musical

Ella Fitzgerald & Louis Armstrong, Oh Dey’s so Fresh & Fine

Se sin­tió algo inti­mi­da­da al tener que fir­mar aquel papel, pero el depen­dien­te no le deja­ría hacer la reser­va sin una fir­ma. Dudó por un ins­tan­te... no tenía cla­ro qué nom­bre poner, temía ser des­cu­bier­ta... pero le gus­ta­ban tan­to que, a pesar de saber que no sería capaz de com­prar­los jamás, le hacía ilu­sión hacer una reser­va a su nom­bre. Así, sin más. De modo que no uti­li­zó el nom­bre por el que todos la cono­cían en la ciu­dad, pre­fi­rió uti­li­zar el de casa... Sra. L. Mae. 
— ¿Cómo dijo que se lla­ma­ban? – preguntó. 
El dise­ña­dor lla­mó Straw­be­rries a la pare­ja por sus dos gemas rojas, en honor a Porgy & Bess... ya sabe, «dey’s so fresh and fine, just off the vine». 
— Son ver­da­de­ra­men­te pre­cio­sas... – res­pon­dió con voz quebrada. 
Sin más dila­ción fir­mó el papel y se dis­pu­so a mar­char­se con toda natu­ra­li­dad. Al salir de la tien­da dejó des­li­zar por el mos­tra­dor la pal­ma de su mano izquier­da enguan­ta­da... le cos­ta­ba tan­to tener que salir de aquel sitio que ocul­tó su mira­da entris­te­ci­da bajo unas enor­mes gafas negras, sacó del bol­so una lar­ga boqui­lla negra e inser­tó un ciga­rri­llo al final. 
— Ha sido usted muy ama­ble, gra­cias – dijo.

 

MRM — Crazy

Micro­rre­la­to musical

Patsy Cline, Crazy

Ella tenía las manos lle­nas de hari­na y el delan­tal pues­to. Al levan­tar la vis­ta y mirar por la ven­ta­na, se dio cuen­ta de que lle­va­ba tan­to tiem­po ama­san­do, que ya no dis­tin­guía si lo que esta­ba ama­san­do era el pan o sus pro­pios pen­sa­mien­tos. Aún con la mira­da per­di­da en la ven­ta­na, levan­ta un dedo enha­ri­na­do para colo­car de nue­vo la agu­ja en el vini­lo... Se da cuen­ta de que el delan­tal se ha des­ata­do y lo vuel­ve a enla­zar por la espal­da, dejan­do caer la laza­da sobre la fal­da ver­de y blan­ca que encor­se­ta sus anchas cade­ras. Hoy, él tam­po­co ven­drá a cenar. 

Y sue­na por enési­ma vez el vinilo...

 

MRM — The train and the river

Micro­rre­la­to musical

The Train & the River, Jimmy Giuffre 1957

La ver­dad es que no sé por qué lle­va­mos tan­to tiem­po sin acer­car­nos el uno al otro... es más la deja­dez y la pere­za que otra cosa. El can­san­cio qui­zá. No lo sé. Por algu­na extra­ña iner­cia nos hemos aco­mo­da­do tan­to, que no esta­mos ni para robar­nos pla­cer mutua­men­te. Supon­go que ha sido por eso que me ha sor­pren­di­do tan­to lo de hoy, me pilló des­pre­ve­ni­do. Al lle­gar a casa he col­ga­do el abri­go y deja­do las lla­ves en el pla­to de la entra­da... un acto bur­da­men­te mecá­ni­co que repi­to sis­te­má­ti­ca­men­te al entrar en casa. Gene­ral­men­te ni siquie­ra miro... tiro las lla­ves al pla­to y espe­ro escu­char el corres­pon­dien­te soni­do. Pero hoy... eh... hoy no han sona­do. En medio del pla­to había unas bra­gas, sos­pe­cho­sa­men­te bien ubi­ca­das. Casi sin dar­me cuen­ta escu­cho músi­ca des­de algún lugar de la casa... Reco­noz­co ese tren y ese río... Poco más hay que aña­dir... no tuve más que seguir el cau­ce del río has­ta dar con el tren. Qué fáci­les son las cosas a veces.