Una de las pegas que mis compañeros me suelen poner en los ensayos es el tema de las afinaciones de la guitarra. Cambio casi constantemente de afinación —casi de canción en canción— y eso entorpece muchísimo el ensayo —no digamos ya el directo—. Craso error. ¿Error? Reconozco que es un fastidio. Pero tengo plena convicción en ello y lo puedo argumentar. Al final, todo se reduce a una cuestión de opciones de vida —esta afirmación puede resultar un tanto absurda en relación a este tema (afinaciones de guitarra) dicha así de sopetón y sin previo aviso; pero, repito, todo tiene un por qué… me dispongo a explicarlo—.
Para hilar mi argumento necesito establecer un paralelismo, es necesario establecer la comparación de una afinación de guitarra con un planeta.