De mujeres y Fado

Para los afi­cio­na­dos al cine, qui­zá no les sea extra­ña la rela­ción entre las gran­des «popo­la­nas» del cine ita­liano, Anna Mag­na­ni y Sofia Loren.

Ambas muy que­ri­das en Ita­lia, tie­nen per­fi­les simi­la­res y qui­zá com­ple­men­ta­rios, pero en nin­gún caso igua­les. El tér­mino popo­la­na, se uti­li­za­ba en el neo­rrea­lis­mo ita­liano para desig­nar a una mujer del pue­blo... aque­llas muje­res que más bien pare­cían mulas de car­ga por lo que las cir­cuns­tan­cias vita­les exi­gían de ellas en los duros tiem­pos por los que Ita­lia atra­ve­só a media­dos del siglo pasa­do. En cier­to modo, estas dos popo­la­nas eran com­ple­men­ta­rias... cier­to es que ambas repre­sen­ta­ban per­fi­les exu­be­ran­tes de mujer... more­nas de piel sua­ve... vigo­ro­sas y de carác­ter muy fuer­te... con todo, Mag­na­ni tenía un ros­tro no tan deli­ca­do como Loren, cosa que le con­fe­ría un rea­lis­mo más creí­ble y, a la pos­tre, pasar a la his­to­ria por esce­nas como esta:

La Loren, por su par­te, tuvo algo más de pro­yec­ción ya que, Car­lo Pon­ti no solo la des­cu­brió allá por la déca­da de los cin­cuen­ta, sino que ade­más se con­vir­tió en su mari­do. Este peque­ño deta­lle, le gran­jeó a Sofia Loren una mayor pro­yec­ción que a la Mag­na­ni, con quien en varias oca­sio­nes se dispu­taba pape­les. Tan­to es así, que la que con­si­guió una pro­yec­ción más poten­te en Holly­wood fue Loren y no Mag­na­ni. Por si fue­ra poco, «Nan­na­re­lla» –o sea, La Mag­na­ni– tuvo una tor­men­to­sa rela­ción con Rober­to Ros­se­lli­ni, quien la aban­do­na por el belle­zón nór­di­co Ingrid Berg­man. Por tan­to, La Mag­na­ni no solo tenía una belle­za con­tun­den­te con la que el públi­co empa­ti­za­ba al ins­tan­te, sino que ade­más fue sona­da­men­te despechada.

Quién lea estas líneas se pre­gun­ta­rá... ¿qué dian­tres tie­nen que ver estas famo­sas popo­la­nas con el fado que da títu­lo a este artícu­lo? Pues sen­ci­llo, el Fado aca­ba de ser decla­ra­do patri­mo­nio inma­te­rial de la Huma­ni­dad... y en el mun­do del Fado, hay dos muje­res que me recuer­dan a La Mag­na­ni y Sofia Loren. Tan­to es así que estoy con­ven­ci­do de que cual­quier lec­tor espa­ñol de este post sabrá reco­no­cer el nom­bre de Ama­lia Rodri­gues, pero no el de María Tere­sa de Noronha.

Y la dife­ren­cia entre ambas, es tan injus­ta a mi modo de ver, que me recuer­da a la dife­ren­cia entre las artis­tas ita­lia­nas.

Si pre­gun­tá­se­mos a una per­so­na espa­ño­la quién es Sofia Loren, casi con total segu­ri­dad sabría decir quién es... es posi­ble, por poco cono­ci­mien­to que se ten­ga del país vecino –Por­tu­gal– que tam­bién supie­se quién era Ama­lia Rodri­gues. Pero si pre­gun­ta­mos tan­to por La Mag­na­ni como por Maria Tere­sa de Noronha... casi nadie sabrá quié­nes eran ambas. Curio­so.

Y digo curio­so por­que en los dos casos la dife­ren­cia de difu­sión no me pare­ce jus­ta. Las dos minus­va­lo­ra­das son enormes.

En el caso que me ocu­pa –el Fado–, qui­zá no sea muy orto­do­xo por mi par­te decir esto pero... me gus­ta más Maria Tere­sa de Noronha que Ama­lia Rodrigues.

Ama­lia Rodri­gues pro­ce­de de fami­lia humil­de, ven­dió fru­ta en la calle y lle­gó a can­tar el Fado en los esce­na­rios más impor­tan­tes del mun­do... cum­ple con el clá­si­co para­dig­ma de la artis­ta que vie­ne de aba­jo y pro­gre­sa en la vida gra­cias a su arte. Por des­gra­cia, a mi modo de ver, Ama­lia se con­vir­tió con los años en una cari­ca­tu­ra de sí mis­ma... sobre­ac­tua­ba dema­sia­do para mi gus­to. Con todo, eso no le impi­dió com­po­ner pro­ba­ble­men­te uno de los fados más boni­tos jamás escri­tos jun­to al gui­ta­rra por­tu­gue­sa Car­los Gonçal­ves al que tuve el gus­to de cono­cer per­so­nal­men­te. Lágri­ma es, qui­zá, de las letras más bellas que se han escri­to para un fado o, al menos, de los que yo conoz­co... que son pocos, ya que, como bue­na músi­ca de raíz... es nece­sa­rio pro­fun­di­zar bas­tan­te para cono­cer bien el géne­ro. Pasa exac­ta­men­te igual con el fla­men­co por ejemplo.

Ama­lia se con­vir­tió en mediá­ti­ca... y el ries­go que con­lle­va el que una inter­pre­ta­ción artís­ti­ca se con­vier­ta en mediá­ti­ca es pre­ci­sa­men­te el de diluir­se como si tal cosa. Al final es más la paja que el grano. Se desvirtúa.

Maria Tere­sa de Noronha por el con­tra­rio, pro­ce­día de fami­lia noble... algo extre­ma­da­men­te poco usual para una artis­ta can­tan­te, no nos enga­ñe­mos. La sin­ce­ri­dad de su can­te, sen­si­bi­li­dad, suti­le­za, vera­ci­dad... la con­vier­te para mi en alguien espe­cial. De hecho para mi gus­to, repi­to, más espe­cial que Amalia.

Sin­ce­ri­dad… se ve y trans­mi­te sin­ce­ri­dad. ¿Qué más se pue­de pedir a una inter­pre­ta­ción? En tér­mi­nos inter­pre­ta­ti­vos esta mujer no ten­dría nada que envi­diar­le a Billie Holi­day por ejem­plo... sal­van­do, evi­den­te­men­te, las dife­ren­cias de géne­ro musi­cal, tiem­po y espa­cio. Lo tie­ne todo, no le fal­ta nada. De hecho, este es uno de mis fados pre­fe­ri­dos. Qui­zá tam­bién O Fado das Horas, cuya letra es una per­li­ta sin duda:

Llo­ra­ba por no verte…
Y por ver­te llo­ro ahora…
Pero llo­ro solo por querer,
Que­rer ver­te todo el rato,
Pasa el tiem­po a la carrera,
Cuan­do hablas yo te escucho,
En las horas de nues­tra vida,
Cada hora es un minuto…
Cuan­do estás a mi lado,
Me sien­to due­ña del mundo…
Pero el tiem­po es tan malvado,
Que cada hora pare­ce un segundo.
Qué­da­te a mi lado,
Y nun­ca más te vayas
Para que mi pobre corazón,
Viva en la vida una hora

En fin… des­igual­da­des de esta índo­le las encon­tra­mos en todos los terre­nos me temo. Una pena. Las dos muje­res son muy bue­nas artis­tas sin duda, para mi Noronha supera con cre­ces a Ama­lia Rodri­gues, y no me pare­ce que el tiem­po haya hecho jus­ti­cia en este caso, pues­to que la dife­ren­cia me sigue pare­cien­do sus­tan­cial. Lo mis­mo me suce­de con Anna Mag­na­ni y Sofia Loren… nadie duda de la Loren, evi­den­te­men­te… tie­ne momen­tos mara­vi­llo­sos en el cine ita­liano… pero mal­di­ta sea… la Nan­na­re­lla entra en esce­na y se te pone el cora­zón en un puño… de veras te crees su inter­pre­ta­ción. No te la crees, te la mete en vena has­ta el tuétano.

Para mi Ama­lia no es mejor que Maria Tere­sa de Noronha. Pero, cier­to es... para gus­tos los colo­res qué duda cabe. Allá cada cual.

Ravel, la proporción áurea y Biutiful

Hay una pie­za por la que ten­go espe­cial pre­di­lec­ción. For­ma par­te del con­cier­to para piano en sol mayor de Mau­ri­ce Ravel... se tra­ta del segun­do movi­mien­to Ada­gio assai en mi mayor. Es algo, al menos para mi, subli­me… y me que­do cor­to. Se tra­ta de una pie­za con la que siem­pre gene­ro un dia­lo­go interno de balan­ce posi­ti­vo… es una espe­cie de aspi­ri­na psi­co­ló­gi­ca que, en ple­na tor­men­ta emo­cio­nal, en pleno con­tu­ber­nio entre la baja y alta moral, en medio de esa lucha inter­na para equi­li­brar la balan­za, siem­pre incre­men­ta pun­tos en el lado de la moral alta. Sin duda. Pero ade­más lo hace de una mane­ra subli­me, magis­tral, bellí­si­ma, genial. Conoz­co pocas cosas tan bellas y, para mi gus­to, tan bien plan­tea­das. De hecho, me gus­ta tan­to, que en oca­sio­nes me pon­go ner­vio­so de lo que me gus­ta… es como cuan­do alguien no pue­de aguan­tar la belle­za de un cua­dro de tan bello que es.

Hace años, cuan­do des­cu­brí el efec­to que esta pie­za ejer­cía sobre mi esta­ba, en tér­mi­nos emo­cio­na­les, en un esta­do deplo­ra­ble. Aho­ga­do por una serie de frus­tra­cio­nes vita­les y por sen­tir­me enca­jo­na­do y aco­rra­la­do, lle­ga­ba a casa del tra­ba­jo y me tum­ba­ba en el sillón sin más. Andu­ve inves­ti­gan­do una serie de dis­cos que tenía guar­da­dos de músi­ca clá­si­ca entre los que se encon­tra­ba uno de Ravel. Siem­pre me encan­tó el Bole­ro pero, lo cier­to es que Ravel es mucho más que eso, y los que no somos espe­cia­lis­tas en la mate­ria, los que no somos espe­cia­lis­tas en músi­ca eru­di­ta, tene­mos esa mara­vi­llo­sa ven­ta­ja de ir des­cu­brien­do cosas con los años que aún te mue­ven por den­tro. Des­cu­brir algo por pri­me­ra vez siem­pre tie­ne un pun­to mara­vi­llo­so… un pun­to de ino­cen­cia fren­te a la belle­za que des­en­ca­ja al menos pin­ta­do. Eso me suce­dió con esta pieza.

En sen­ti­do esté­ti­co, se me anto­ja como un diá­lo­go melan­có­li­co con el Hom­bre, espe­cial­men­te con el Hom­bre en bajón aní­mi­co. Cuan­do que­re­mos hablar de igual a igual, cuan­do que­re­mos que una inter­lo­cu­ción sea efec­ti­va y de veras cum­pla su obje­ti­vo, ambos inter­lo­cu­to­res deben poner­se al mis­mo nivel… es decir, no se debe hablar con un niño des­de la altu­ra físi­ca y psi­co­ló­gi­ca del adul­to… se debe hin­car la rodi­lla en el sue­lo y hablar ojo con ojo y a su mis­mo nivel de niño.

Esto es lo que me pare­ce que sin­te­ti­za esta pie­za… hin­ca la rodi­lla en el sue­lo pero, lo hace para poder aga­rrar­le a uno por los hom­bros y levan­tar­le hacia arri­ba… el balan­ce final de esta obra siem­pre es posi­ti­vo; sí, es cier­to, lo hace des­de una pers­pec­ti­va melan­có­li­ca… pero es que eso es pre­ci­sa­men­te hin­car la rodi­lla en el sue­lo, hay que poner­se al nivel del esta­do de áni­mo caren­te para poder ele­var­lo a pos­te­rio­ri. Si el esta­do de áni­mo de alguien lo com­pa­rá­se­mos con hoja­ras­ca seca, caí­da de un árbol en perío­do oto­ñal, esta pie­za de Ravel sería una sua­ve bri­sa que baja al sue­lo leve­men­te, envuel­ve y mece los des­per­di­ga­dos y des­orien­ta­dos res­tos secos, los ele­va con sua­vi­dad has­ta la rama de la que caye­ron y, mila­gro­sa­men­te, los inten­ta reco­lo­car nue­va­men­te en su mis­mo lugar. Lo con­si­gue… no lo con­si­gue… es irre­le­van­te, eso ya depen­de de cada uno… lo ver­da­de­ra­men­te impre­sio­nan­te es que lo inten­ta. ¿Cómo es capaz alguien de com­po­ner algo tan gran­de? Pues así es.

La pie­za dia­lo­ga con uno mis­mo des­de la mis­mí­si­ma pri­me­ra nota… (aquí inter­pre­ta­do por Artu­ro Bene­det­ti Miche­lan­ge­li)

(Des­de 0:03 en ade­lan­te… —siguien­do el minu­ta­je de este vídeo—; leer des­pa­cio, acom­pa­ñan­do la música)

La músi­ca esta­ble­ce un pun­to de situa­ción, habla, pre­gun­ta… ¿bueno, qué pasa? cer­ti­fi­ca que efec­ti­va­men­te, algo pasa… y dia­lo­ga con la psi­que del oyen­te. Es un dia­lo­go cons­tan­te y pro­fun­da­men­te emo­cio­nal, casi mater­nal. Se pone a la altu­ra del hipo­té­ti­co esta­do de áni­mo del oyen­te. Lo entien­de… ofre­ce com­pren­sión, tan nece­sa­ria para poder salir de un esta­do de áni­mo caren­te.

1:39… ini­cia un ascen­so en el pro­ce­so de aná­li­sis has­ta 2:46 tan sutil, tan imper­cep­ti­ble que casi pasa des­aper­ci­bi­do… con lige­ras ten­sio­nes que van cons­ta­tan­do los altos y bajos vita­les. La hoja­ras­ca está en el sue­lo y, sin casi ser per­cep­ti­ble, una sua­ve bri­sa está a pun­to de entrar en escena…

En 3:05 entran los ins­tru­men­tos… la inevi­ta­bi­li­dad de algu­nos suce­sos de la vida. Ten­san allí… rela­jan aquí… Con­tex­tua­li­zan un esta­do de áni­mo que, a par­ti­da, se barrun­ta bajo.

4:06… momen­to de intros­pec­ción, el piano entra de nue­vo en dia­lo­go, dia­lo­ga con uno mis­mo… en esta oca­sión ya con el arro­po de algu­nos ins­tru­men­tos de fondo.

5:10… momen­to de ten­sión ascen­den­te, una intros­pec­ción más o menos obse­si­va… carac­te­rís­ti­ca de quien que­da atas­ca­do en un razo­na­mien­to autodestructivo.

5:48… se incre­men­ta esa ten­sión… insis­ten­cia… aquí ya no hay retorno. Este momen­to en la dura­ción de la obra equi­val­dría a la pro­por­ción áurea (leer más abajo).

6:10… El pun­to ante­rior desem­bo­ca en ten­sión… casi ansie­dad… la vida misma…

6:24… has­ta lle­gar a un mara­vi­llo­so clí­max… subli­me, magis­tral, impre­sio­nan­te… bellí­si­mo… en este momen­to la Músi­ca aga­rra la psi­que sua­ve­men­te, para sacar­la de la ten­sión, de la ansie­dad, del ago­bio vital… una caden­cia sua­ve, una melo­día sen­ci­lla y al mis­mo tiem­po bella, nada com­ple­ja —faci­li­tan­do así la empa­tía del que escu­cha; no es nece­sa­rio ser eru­di­to para enten­der esto y dis­fru­tar­lo—… inevi­ta­ble, impa­ra­ble, cícli­ca… el vien­to cen­tri­fu­ga la hoja­ras­ca del sue­lo, la des­ubi­ca del lúgu­bre lugar en el que se encuen­tra para ele­var­la aní­mi­ca­men­te has­ta la rama de la que cayó. Una genia­li­dad. Una espe­cie de abra­zo maternal/musical, con todo el cari­ño de una madre por un hijo de meses, que lo pro­te­ge en todo momen­to. La tran­qui­li­dad de un rega­zo, en este caso musi­cal. Si exis­tie­se un úte­ro musi­cal en el que la psi­que se pudie­se refu­giar des­pués de haber naci­do y toma­do con­cien­cia de sí mis­ma… sin duda, este sería el lugar.

8:14… las hojas se vuel­ven a colo­car en sus ramas… que­dan­do, mila­gro­sa­men­te, mejor colo­ca­das y en mejor lugar del que estaban…

8:43… hacia el final… inexo­ra­ble deve­nir vital… todo que­da en paz. Y la vida sigue. Bella e incombustible.

Es de tal belle­za que abru­ma, inquie­ta, pone ner­vio­so lo emo­cio­nal­men­te inte­li­gen­te y acer­ta­da que es esta pie­za. ¿Cómo alguien pudo sin­te­ti­zar una abs­trac­ción de pen­sa­mien­to de mane­ra tan subli­me? ¡Bull­se­ye! Al menos, esta es mi for­ma per­so­nal de ver esta pie­za. Me ha acom­pa­ña­do en infi­ni­dad de oca­sio­nes en mi vida y el balan­ce siem­pre es posi­ti­vo. Las per­so­nas que nos sen­ti­mos bien gra­cias a pie­zas como esta, esta­mos en deu­da con sus auto­res ori­gi­na­les ¡qué duda cabe! Han brin­da­do belle­za, paz emo­cio­nal, orden en la psi­que al res­to de los mor­ta­les… podrán ser obras que pasen des­aper­ci­bi­das por ahí… es posi­ble, pero no mue­ren por­que no pue­den morir. Podrán no ser mediá­ti­cas, podrán no estar pre­sen­tes has­ta en la sopa como todo lo con­su­mi­ble de hoy día… pero tie­nen vida pro­pia, no pue­den morir por­que apor­tan dema­sia­do a las per­so­nas. Antes o des­pués… aquí o allí… resur­gen, apa­re­cen para trans­mi­tir su sín­te­sis vital. Hay cosas que sen­ci­lla­men­te son genia­li­da­des incues­tio­na­bles. Es una pena que no todo el mun­do las dis­fru­te y uti­li­ce para lo que fue­ron con­ce­bi­das, para trans­mi­tir belle­za a los demás, belle­za idea­da, con­ce­bi­da y dise­ña­da por noso­tros mis­mos, que somos capa­ces de lo peor… pero tam­bién de lo mejor. Son esas con­tra­dic­cio­nes las que nos carac­te­ri­zan como espe­cie… creo yo.

En cier­to modo, esta pie­za no deja de ser una metá­fo­ra mis­ma de la vida… el trans­cur­so hacia la reso­lu­ción de un con­flic­to sue­le ser siem­pre más lar­go que la vuel­ta a la nor­ma­li­dad pos­te­rior. De hecho, me sor­pren­de una coin­ci­den­cia en esta pie­za. Resul­ta que el momen­to de ascen­so a la libe­ra­ción, el momen­to que arri­ba apa­re­ce en el minu­to 5:48, coin­ci­de de mane­ra pro­por­cio­nal más o menos, con la divi­sión en dos de un seg­men­to guar­dan­do la pro­por­ción áurea. Vamos, con el núme­ro áureo. Ravel tenía amis­tad con mate­má­ti­cos de su épo­ca y, qui­zá, este fac­tor no sea mera casua­li­dad. Pero es algo que, me temo, yo no podré corro­bo­rar. Ni pre­ten­do hacerlo.
Midien­do la dura­ción de la pie­za, en este caso 9:27, obser­va­mos que el momen­to de ascen­so al clí­max se pro­du­ce en el minu­to 5:48 más o menos.

La rela­ción áurea sur­ge de un seg­men­to, de tal for­ma que al divi­dir­lo en dos —a, b—, ambos seg­men­tos guar­dan la siguien­te rela­ción: la lon­gi­tud total a+b es al seg­men­to más lar­go a, como a es al seg­men­to b. O sea

a+b/a = a/b

Para sacar el valor del núme­ro áureo equi­va­len­te a la rela­ción a/b, hace­mos el siguien­te cálcu­lo sen­ci­llo que se pue­de encon­trar en wiki­pe­dia:

Damos a b el valor 1: (a+1)/a = a

Mul­ti­pli­ca­mos ambos miem­bros por a: a+1=a^2

Ecua­ción de segun­do gra­do. La solu­ción posi­ti­va es:

Para cal­cu­lar el momen­to exac­to den­tro de esta ver­sión que tene­mos, vamos a par­tir de la base de que a+b (la dura­ción total, el seg­men­to base) dura 9:27 minu­tos o, lo que es lo mis­mo, 567 segun­dos. Evi­den­te­men­te, es inve­ro­sí­mil que Ravel cal­cu­la­se —en caso de que esta espe­cu­la­ción fue­se cier­ta— la rela­ción áurea en base al tiem­po de repro­duc­ción de la pie­za. No ten­dría sen­ti­do. Este cálcu­lo no es más que una espe­cu­la­ción, una apro­xi­ma­ción que lla­ma la aten­ción y hace pen­sar que qui­zá, debi­do a sus amis­ta­des con mate­má­ti­cos, intro­du­jo este gui­ño curio­so a la pro­por­ción áurea. Por tan­to hacer estos cálcu­los en base al tiem­po que dura la inter­pre­ta­ción de la obra no es más que barrun­tar algo de mane­ra tos­ca. En caso de que el posi­cio­na­mien­to del ascen­so al clí­max tuvie­se rela­ción con  la pro­por­ción áurea, cabría supo­ner que el autor lo hubie­se ubi­ca­do en la pie­za de cual­quier mane­ra más orto­do­xa. Repi­to, esta no es más que una espe­cu­la­ción… un cálcu­lo… a ver qué pasa.

Enton­ces ya sabe­mos el valor de la rela­ción áurea a/b… tam­bién sabe­mos que a+b/a es igual a dicha rela­ción y tam­bién, que a+b —tiem­po total— es de 567 segun­dos. Por tanto:


Si divi­di­mos el valor de a por 60 para cal­cu­lar los minu­tos obte­ne­mos 5,84… (5 minu­tos); mul­ti­pli­ca­mos 0,84 por 60 para cal­cu­lar los segun­dos (50,4 segun­dos)… por tan­to, el seg­men­to a va del ini­cio has­ta el momen­to 5:50 segundos.

Habrá que obviar las posi­bles impre­ci­sio­nes por el uso de lar­gas cifras deci­ma­les o por el cálcu­lo del tiem­po de mane­ra no exac­ta ya que se tra­ta de un vídeo… obser­va­mos que el ascen­so al clí­max se pro­du­ce en esta ver­sión en el minu­to 5:48. Evi­den­te­men­te no es lo mis­mo, pero más o menos está en el lugar correcto.

Si a dura 5:50 minu­tos (350 segun­dos), b dura­rá enton­ces 3,37 minu­tos (217 segun­dos). Ya sabe­mos que el total a+b equi­va­le a 9:27 minu­tos (567 segundos).

Pues bien, si estos datos son correc­tos y están bien cal­cu­la­dos, debe­rían cum­plir la pro­por­ción áurea.

Por tan­to a+b/a = 567/350 = 1,62

Y a/b = 350/217 = 1,61290…

No obte­ne­mos la igual­dad entre ambas rela­cio­nes, ni el núme­ro áureo exac­to… pero cer­ca anda. Tenien­do en cuen­ta que el cálcu­lo se rea­li­za sobre la dura­ción de una ver­sión de cd col­ga­da en la red… habría que sumar­le un cier­to mar­gen de inco­rrec­ción por los datos dis­po­ni­bles. Pero las mate­má­ti­cas hablan por sí solas… y esta­mos hablan­do de una pro­por­ción, deta­lle que hay que tener en cuen­ta por­que debe­ría ajus­tar­se más o menos a la reali­dad de cual­quier ver­sión —en caso de ser cier­ta esta rela­ción— inde­pen­dien­te­men­te de la dura­ción total de la inter­pre­ta­ción. Es algo proporcional.

¿Posi­cio­nó Ravel ese ascen­so al clí­max en ese pre­ci­so pun­to de mane­ra deliberada?

Pues vaya usted a saber… des­de lue­go des­co­noz­co el dato, pero esta rela­ción siem­pre me ha lla­ma­do la aten­ción. Podría ser algo arbi­tra­rio… podría; podría ser que res­pon­die­se a algún jue­go con alguno de sus ami­gos mate­má­ti­cos o, sen­ci­lla­men­te fru­to de su pro­pia volun­tad… podría. No creo mucho en casua­li­da­des en rela­ción a estos crea­do­res… si son capa­ces de hacer pie­zas tan bellas… no sé, ten­go ten­den­cia a pen­sar que nada es casua­li­dad; no crea­ban estas cosas de mane­ra arbi­tra­ria… sabían per­fec­ta­men­te lo que hacían y lo hacían con toda pre­me­di­ta­ción. No creo que estas pie­zas sean gran­des por mera casua­li­dad o arbi­tra­rie­dad pero… en caso de que así fue­se… ¡qué mara­vi­llo­sa casua­li­dad mal­di­ta sea!

Todo este post sur­ge a raíz de la pelí­cu­la que vi ayer noche: Biu­ti­ful, de Ale­jan­dro Gon­zá­lez Iñá­rri­tu. Una pelí­cu­la muy reco­men­da­ble en la que el pro­ta­go­nis­ta Uxbal —Javier Bar­dem— podría equi­va­ler per­fec­ta­men­te a la hoja­ras­ca de la que hablo más arri­ba. Tan­to, que has­ta por la temá­ti­ca me ha recor­da­do al cie­rre de nues­tro dis­co del pro­yec­to Trio­lo­cría, la can­ción Las Nor­mas. Pero no des­ve­la­ré argu­men­tos para no fas­ti­diar­le la pelí­cu­la a nadie.

Lo que está cla­ro, es que Gon­zá­lez Iñá­rri­tu debe haber vis­to algo simi­lar en esta pie­za a lo que expon­go arri­ba, por­que me sor­pren­dió el acier­to que tuvo al poner­la como músi­ca final acom­pa­ñan­do los títu­los de cré­di­to (sí… esa cosa des­apa­re­ci­da que sue­le venir des­pués de una pelí­cu­la, pero que en Espa­ña se ha deci­di­do erra­di­car por com­ple­to de la emi­sión de cual­quier tele­vi­sión por mor de la publi­ci­dad. Erra­di­ca­dos inclu­so de la tele­vi­sión públi­ca, que ya no tie­ne publi­ci­dad —en teo­ría—. Sí… allí don­de apa­re­cen todas las per­so­nas que han par­ti­ci­pa­do en una película/proyecto y allí don­de se les reco­no­ce públi­ca­men­te el méri­to por su tra­ba­jo; el úni­co pun­to en el que TODOS los par­ti­ci­pan­tes de un pro­yec­to son reco­no­ci­dos y que, curio­sa­men­te, al Minis­te­rio de Cul­tu­ra pare­ce no impor­tar­le en abso­lu­to… pare­ce que el Minis­te­rio se preo­cu­pa con arbi­tra­rie­da­des más con­cer­nien­tes a la indus­tria y algo que es tan sen­ci­llo como la cen­su­ra sis­te­má­ti­ca del reco­no­ci­mien­to de TODOS los par­ti­ci­pan­tes de TODAS las pelí­cu­las emi­ti­das en TODAS las cade­nas de tele­vi­sión pare­ce no tener rele­van­cia algu­na; no deja de ser curio­sa la hipo­cre­sía ins­ti­tu­cio­nal… como siem­pre. Nada nue­vo).

Esta pie­za le venía como un guan­te al pro­ta­go­nis­ta. La vida des­de lue­go está lle­na de mati­ces… estos mati­ces se sin­te­ti­zan a tra­vés de expre­sio­nes artís­ti­cas… algu­nas de ellas, son tan bue­nas y acer­ta­das, que ganan vida por sí mis­mas y sobre­vi­ven ellas solas al cabo de los años… pasan­do por la psi­que de unos y de otros. Esas son las crea­cio­nes gran­des. El hecho de que Gon­zá­lez Iñá­rri­tu haya ele­gi­do esta pie­za para sus cré­di­tos, no hace más que per­pe­tuar su difu­sión, cosa que le dará otro empu­je a tra­vés del tiem­po a la obra… si que­da­ba en el fon­do, reflo­ta… y así suce­si­va­men­te. Pero solo reflo­ta lo que tie­ne capa­ci­dad de per­du­rar y esta obra, sin duda, está sobra­da­men­te legi­ti­ma­da para ello. Son obras que, por suer­te, ya están por ahí… exis­ten… cir­cu­lan por un canal, por otro… tan solo hay que parar un momen­to y escu­char… pero eso, en los tiem­pos que corren… ya es otro can­tar. Allá cada cual.
PD.- Me gus­ta el con­cier­to para piano en sol mayor de Ravel. Mucho. Aquí inter­pre­ta­do por Martha Arge­rich. Es ver­da­de­ra­men­te gran­de... para mi gusto.

Con los niños en Radio 3

Trio­lo­cría estu­vo con los niños de Como lo Oyes Infan­til de San­tia­go Alcan­da en Radio 3

Pasa­mos un rato impre­sio­nan­te con los niños en el pro­gra­ma de San­tia­go Alcan­da. Ambos pro­gra­mas fue­ron emi­ti­dos el sába­do 29 de octu­bre y el domin­go 30 a las nue­ve de la mañana.

Programas íntegros:

Pri­mer programa:

Enla­ce: http://www.rtve.es/alacarta/audios/como-lo-oyes/como-oyes-como-ninos-ninos-proyecto-triolocria-29–10-11/1236233/

 

Segun­do programa:

Enla­ce: http://www.rtve.es/alacarta/audios/como-lo-oyes/como-oyes-como-ninos-ninos-proyecto-triolocria‑2–30-10–11/1236639/

 

Extractos:

¿Qué es Triolocría?

Expli­ca­ción para niños:

Enla­ce: http://www.goear.com/listen/2e414bf/triolocria-que-es-triolocria-explicado-para-ninos-proyecto-triolocria

Paper Moon leída por niños:

Enla­ce: http://www.goear.com/listen/ea005c4/triolocria-paper-moon-recitada-directo-radio-3-voz-infantil-ninos-de-como-lo-oyes-y-proyecto-triolocria

Interludio infantil leído por Sofía:

Enla­ce: http://www.goear.com/listen/f224faf/triolocria-interludio-directo-radio-3-voz-infantil-sofia-y-proyecto-triolocria

La Flor en directo:

Enla­ce: http://www.goear.com/listen/802abd7/triolocria-la-flor-directo-radio-3-proyecto-triolocria

O Pato en directo:

Enla­ce: http://www.goear.com/listen/dccc87d/triolocria-o-pato-directo-radio-3-proyecto-triolocria

Sapos y Ranas en directo:

Enla­ce: http://www.goear.com/listen/a22677e/triolocria-sapos-y-ranas-directo-radio-3-proyecto-triolocria

Chegará del disco de Julio García:

Enla­ce: http://www.goear.com/listen/1315915/chegara-julio-garcia-lena-pablo-luis-asiain

Dis­co Che­ga­rá de Julio Gar­cía en el que cola­bo­ró Luis Asiaín.

Los niños y el contestador de Como lo Oyes Infantil de Radio 3:

Niño 1:

Niño 2:

 

Agradecimientos:

Des­de el pro­yec­to Trio­lo­cría que­re­mos agra­de­cer muy sin­ce­ra­men­te y de todo cora­zón a las tres per­so­nas que han hecho posi­ble que todos noso­tros poda­mos haber pasa­do por esta expe­rien­cia maravillosa:

En pri­mer lugar a San­tia­go Alcan­da... ir a su pro­gra­ma para noso­tros ha supues­to una expe­rien­cia muy poten­te den­tro de esta aven­tu­ra Trio­lo­cría. Las pala­bras suyas nos hicie­ron per­der las nues­tras... tan­to las dichas a micró­fono abier­to como las dichas a micró­fono cerrado.

A Ana Caba­nes... por­que ade­más de hacer­se car­go de la coor­di­na­ción con el gru­po, al día siguien­te se pasó por el con­cier­to en la sala Cara­van... allí estu­vo con noso­tros, muchí­si­mas gra­cias Ana.

Y por supues­to a nues­tra ami­ga Car­men Ros, una vez más, por estar ahí al pie del cañón y haber pro­pi­cia­do este mara­vi­llo­so encuen­tro con San­tia­go, Ana y los niños. Muchas gra­cias a los todos.

Bueno... y cómo no... a los niños... por hacer­nos recu­pe­rar la ilu­sión por las cosas. Muchas veces y sin que­rer los adul­tos per­de­mos esa ilusión.