Joni Mitchell, una mujer y la Música

La pri­mera vez que escu­ché a Joni Mit­chell mi madre andaba por casa, yo me senté en el sillón… enchufé la tele y encon­tré esto:

Enlace al clip aquí, no está auto­ri­zada la inserción.

Aún joven­cito, no cono­cía The Last Waltz… —¡cómo me gus­ta­ría vol­ver a cono­cerlo por pri­mera vez!— Cuando Joni sube al esce­na­rio a can­tar Coyote tam­poco me llamó tanto la aten­ción… pero cuando ter­minó la can­ción no paraba de pen­sar… «who tha f… is that woman!?»

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Cultura del Sonajero

Para­digma cul­tu­ral del sona­jero, o el Barroco del Siglo XXI.

La cul­tura musi­cal actual está tre­men­da­mente some­tida al Para­digma del Sona­jero… pero… ¿qué es el Para­digma del Sonajero?

En pri­mer lugar y para empe­zar… ¿qué es un sonajero?

Según la Real Aca­de­mia de la Len­gua, sona­jero es:

1.m. Juguete con sona­jas o cas­ca­be­les, que sirve para entre­te­ner a los bebés.

¿Por qué un sona­jero entre­tiene a los bebés? Evi­den­te­mente… por­que esti­mula los sen­ti­dos. Esto es:

Colo­res.- Esti­mu­lan la vista… la curio­si­dad del niño por los colo­res
Soni­dos.- Esti­mu­lan el sen­tido del oído con el soni­quete que pro­vo­can
Tacto.- Sus for­mas invi­tan a los bebés a aga­rrar y mani­pu­lar el sona­jero por pura curio­si­dad
Pala­dar.- Una de las pri­me­ras prue­bas que un bebé hace con un sona­jero en su poder es lle­vár­selo a la boca
Olfato.- Igual que con el resto de sen­ti­dos, el niño expe­ri­menta su olfato con los sona­je­ros… algu­nos, incluso perfumados.

Por tanto un sona­jero es, a fin de cuen­tas, un ins­tru­mento endia­bla­da­mente ver­sá­til, capaz de foca­li­zar la aten­ción de un niño por mero con­tacto; un bebé es capaz de enfo­car todos sus sen­ti­dos hacia un ins­tru­mento que no tiene abso­lu­ta­mente nin­guna rele­van­cia en el mundo adulto y, sin embargo, es capaz de aman­sar a una fiera.

¿Dónde está la trampa?

Sen­ci­llo… el efecto de un sona­jero dura sola­mente el tiempo que duren los efec­tos de sus carac­te­rís­ti­cas sobre el bebé… es decir, el efecto de un sona­jero dura lo que tarde el niño en interio­ri­zar las cua­li­da­des del juguete. Una vez que el bebé ha interio­ri­zado colo­res, tacto, olfato, sabor y sonido… jamás vol­verá a tener inte­rés por el mismo arti­lu­gio… es un camino sin retorno… es, siem­pre, cono­ci­miento adqui­rido… en cir­cuns­tan­cias nor­ma­les no se des­aprende. Sin embargo… al incre­men­tar alguna de las carac­te­rís­ti­cas del sona­jero, se reac­tiva la curio­si­dad del bebé ya que, de nuevo, des­co­noce algo que incita a su curio­si­dad natu­ral. En ese momento, el niño acaba mos­trando nue­va­mente inte­rés y ‘se aliena’ por un poco más de tiempo hasta que… final­mente… vuelve a per­der el inte­rés ya que habrá interio­ri­zado otra vez más el ‘nuevo sona­jero’. Y vuelta a empe­zar. La com­ple­ji­dad de los sona­je­ros se va incre­men­tando de manera gra­dual hasta ter­mi­nar en lo que todos cono­ce­mos como jugue­tes que, una vez más, esti­mu­la­rán el cono­ci­miento del niño hasta que los tenga sufi­cien­te­mente interio­ri­za­dos, momento en el cual, per­derá el inte­rés… suma y sigue. Nues­tra vida va acom­pa­ñada de un ince­sante incre­mento para­lelo que par­tió de nues­tros sona­je­ros per­so­na­les.

El sona­jero es, por esta­ble­cer un sím­bolo, la zanaho­ria delante del burro… esa que nos hace mover­nos… la que hace que nues­tra curio­si­dad vaya dando un paso tras otro… siem­pre ten­diendo a más. El pro­blema, es que una zanaho­ria col­gando de un palo es útil para un burro… pero no para el hom­bre… por­que el hom­bre una vez que la haya interio­ri­zado —ya se bus­ca­ría las cas­ta­ñas, puesto que es inte­li­gente, para sacarla de la punta del palo y poder comér­sela— no se vol­verá a mover con una zanaho­ria. Habría que ir incre­men­tando el grado de ‘enigma’ pro­vo­cado al burro… per­dón, al hom­bre en este caso.

Por tanto… los sona­je­ros —y las zanaho­rias—, evo­lu­cio­nan con nues­tro cre­ci­miento… en caso con­tra­rio, aún esta­ría­mos aga­rra­dos a nues­tros sona­je­ros infan­ti­les; cosa que podría fun­cio­nar con un ser no racio­nal… por suerte o des­gra­cia, no es nues­tro caso. Nues­tra curio­si­dad es la gaso­lina que todo lo mueve; la curio­si­dad es un buen indi­ca­dor del grado de inte­rés e inquie­tud de una mente al uso.

SIN EMBARGO

en nues­tro caso —en el caso del ser Humano, no en el del burro— alcan­za­mos un punto en el que entra­mos de lleno en lo que Pia­get deno­minó pen­sa­miento abs­tracto; en la ado­les­cen­cia nues­tro cere­bro ya no se con­forma con las ope­ra­cio­nes for­ma­les… empieza a rizar los argu­men­tos… a ima­gi­nar, a abs­traerse… ¿qué es el Arte… no es acaso una serie de abs­trac­cio­nes del pen­sa­miento? Ahí es donde los huma­nos supe­ra­mos a los burros… al final, con suerte, nos inde­pen­di­za­mos de los sona­je­ros o, si se pre­fiere, nos cons­trui­mos nues­tros pro­pios sona­je­ros… nos trans­for­ma­mos en due­ños y seño­res de nues­tras inquie­tu­des. O… ¿quizá no?

Vivi­mos en la Cul­tura del Sona­jero. Una fuerte influen­cia del mer­cado sobre los pro­ce­sos de difu­sión del Arte pro­voca que se nece­site incre­men­tar cons­tan­te­mente alguna carac­te­rís­tica del ‘pro­ducto artís­tico’ difun­dido. Por tanto… esta­mos rodea­dos de sona­je­ros por todas par­tes. Tanto, que al final algu­nos artis­tas aca­ban por con­ver­tirse en cari­ca­tu­ras de sí mis­mos… rozando lo gro­tesco. Y quizá, esos mis­mos artis­tas podrían dar mucho de sí en tér­mi­nos artís­ti­cos —de hecho algu­nos ya lo hacen— sin embargo… se han some­tido a la ‘ley del sona­jero’… con­de­nando a los con­su­mi­do­res de arte al infan­ti­lismo —por no desa­rro­llar su capa­ci­dad de abs­trac­ción— y con­de­nando tam­bién a su pro­pia pro­duc­ción… ya que todo lo ‘sona­jero’ está pre­des­ti­nado a ser efí­mero… ¿recuer­dan? Cuando un niño ya ha interio­ri­zado el sona­jero… jamás vuelve a intere­sarse por él.

Lo mismo pasa con la Cul­tura, los medios de comu­ni­ca­ción, etc… La des­hu­ma­ni­za­ción de la socie­dad —el hecho de some­terse úni­ca­mente a un modelo de fun­cio­na­miento mer­can­til— pro­voca que cada vez ten­ga­mos menos capa­ci­dad de abs­trac­ción; los ciu­da­da­nos cada vez esta­mos más alie­na­dos y se nos pre­para para abor­dar un mundo alta­mente espe­cia­li­zado sin abs­trac­ción de pen­sa­miento alguna… todo va enfo­cado a la opti­mi­za­ción de una pro­duc­ti­vi­dad que, sin dejar de ser impor­tante, se con­vierte en un cán­cer metas­tá­sico… ya que acaba por reali­men­tar el defecto de los ciu­da­da­nos —tor­peza en su capa­ci­dad de abs­trac­ción— que dará fin en último caso a su pro­pia razón de ser (la pro­duc­ti­vi­dad en un mer­cado cul­tu­ral no ten­drá nin­guna razón de ser si acaba estando rodeada de burros; una lás­tima… pero así es; si los burros die­ran el mismo juego, no habría más que hablar).

Es pre­ci­sa­mente por ello que nues­tra pro­duc­ti­vi­dad no es óptima… es, de hecho, más bien defi­ciente. Es algo evi­dente… no se es más pro­duc­tivo por tra­ba­jar más horas… si no por tra­ba­jar­las mejor. Menos horas, pero más pro­duc­ti­vas, mejor ges­tio­na­das.
Y esto afecta… evi­den­te­mente, a la Música.

Hay tres can­cio­ne­ros alta­mente envi­dia­bles en el mundo… no son los úni­cos, pero sí es posi­ble que sean los más exten­sos y ricos en lo que a música con­tem­po­rá­nea —más o menos reciente— se refiere; a saber: el bra­si­leño, el cubano y el nor­te­ame­ri­cano. Tres pila­res fun­da­men­ta­les de la Música en el siglo XX y con total segu­ri­dad tam­bién del siglo XXI. Huelga des­ta­car las vir­tu­des del can­cio­nero bra­si­leño, cosa que ya hemos hecho en más de una oca­sión y, pro­ba­ble­mente, se hará más veces en el futuro; Los nor­te­ame­ri­ca­nos, como en todo, son capa­ces de lo mejor y de lo peor en el mismo paquete. Un buen ejem­plo de ello es el fes­ti­val ‘sona­jero’ por exce­len­cia de la indus­tria musi­cal nor­te­ame­ri­cana actual: MTV Video Music Awards. Sona­jero tras sona­jero. En nivel ‘sona­jero’ es tal que incluso entra en una diná­mica extre­ma­da­mente Barroca… una diná­mica de defor­ma­ción total y abso­luta en donde la Música pasa a un vigé­simo sép­timo plano, para dar lugar a toda una serie de códi­gos y usos que se arti­cu­lan con el fin de man­te­ner la aten­ción de las ame­bas mór­bi­das lobo­to­mi­za­das que repo­san sus chi­clo­sas nal­gas frente al tele­vi­sor. Juven­tud divino tesoro.

Cada movi­miento pro­du­cido en el ámbito mediá­tico —inclui­dos los infor­ma­ti­vos— cada vez se desa­rro­lla de manera más… ‘sona­jera’… idio­ti­zando aún más al espec­ta­dor… por si no fuera sufi­ciente. La pér­dida de res­peto por el espec­ta­dor es total y abso­luta… sin com­ple­jos. Y, la ver­dad sea dicha, el espec­ta­dor —o ameba mór­bida lobo­to­mi­zada—, tam­poco se hace res­pe­tar… por tanto es una pes­ca­di­lla que se muerde la cola… un círculo vicioso, dema­siado vicioso. ¿Por qué no se hace res­pe­tar? Evi­dente: edu­ca­ción. Bri­lla por su ausen­cia. La edu­ca­ción debe ser equi­li­brada e ínte­gra… cosa abso­lu­ta­mente utó­pica en la actua­li­dad. Del sis­tema edu­ca­tivo no salen indi­vi­duos libre­pen­sa­do­res… sino carne para el mer­cado. Punto. Indi­vi­duos alta­mente efi­cien­tes… sumi­sos —¿horas extras?... ¿qué es eso?— y some­ti­dos al ‘así son las cosas’. Y no les falta razón. Así son. Pero siem­pre lo fue­ron tam­bién en el pasado, y hubo gente que mejoró lo que había. Tene­mos lo que nos mere­ce­mos. ¿Será que nos lo mere­ce­mos? ¿es cul­pa­ble alguien que no llega a desa­rro­llar una capa­ci­dad crí­tica para razo­nar lo que sucede en su entorno?

Nues­tro sis­tema edu­ca­tivo —deci­mo­nó­nico— aún res­pira… cuando debe­ría haber sido refor­mu­lado de inicio a fin desde hace unos años ya. Se escu­cha con fre­cuen­cia… ‘la Edu­ca­ción es una mierda’, ‘cómo vie­nen los niños…’, ‘pero qué ver­güenza de juven­tud’, etc… Sugi­riendo que en el pasado, la edu­ca­ción fue mejor. La edu­ca­ción del pasado fue la edu­ca­ción que corres­pon­día en ese tiempo y espa­cio con­creto… el pro­blema que tene­mos es pre­ci­sa­mente que esta­mos uti­li­zando aque­lla misma edu­ca­ción en este tiempo y espa­cio que vivi­mos ahora y, por des­gra­cia, dicho sis­tema demues­tra ser alta­mente inefi­caz en estas cir­cuns­tan­cias. Por tanto… la edu­ca­ción basada en con­te­ni­dos está siendo alta­mente dañina. No se trata de eli­mi­nar total­mente los con­te­ni­dos… se trata de valo­rar lo que en ver­dad es nece­sa­rio hoy: desa­rro­llar des­tre­zas; para lo cual se nece­si­ta­rán unos con­te­ni­dos… pero desde luego no son la pie­dra angu­lar de la mejora del sis­tema edu­ca­tivo… de hecho, ahora mismo, son más bien una rémora.
Es fre­cuente encon­trar razo­na­mien­tos alta­mente pue­ri­les incluso en la clase polí­tica… ¿cómo es eso posi­ble? Es posi­ble… por­que el mar­ke­ting dic­ta­mina que si se pre­tende lle­gar al cere­bro del indi­vi­duo ‘X’ habrá que hacerlo a tra­vés de un len­guaje que le lle­gue al suso­di­cho. Por tanto, si el indi­vi­duo es ‘pere­zoso’ en lo que a razo­na­miento se refiere… habrá que ponerse a su nivel… y no lo con­tra­rio, invi­tar a que el ‘pere­zoso’ se active de algún modo. Es una estra­te­gia lógica de mer­cado… hay que lograr el obje­tivo… cuanto más esfuerzo le suponga al obje­tivo, peor. Y claro… así nos encon­tra­mos con la falta de razo­na­miento total y abso­luta en la que esta­mos inmersos.

Pon­ga­mos un ejem­plo. Se dice con fre­cuen­cia que: ‘hay una tre­menda cri­sis de valores’.

Falso o, cuando menos, cap­cioso. Lo valo­res no están en cri­sis. Las vías, méto­dos o modos de trans­mi­tir­los a los ciu­da­da­nos sí. Puede pare­cer lo mismo, pero no lo es; y este deta­lle es de suma impor­tan­cia. El ‘no mata­rás’ no está en cri­sis… ni mucho menos. Lo que sí está en cri­sis es ‘el modo’ de incul­car, difun­dir y edu­car ese ‘no mata­rás’. Hay varias for­mas de lle­gar a ese mismo valor: reli­gión, filo­so­fía, antro­po­lo­gía, polí­tica, socio­lo­gía… suma y sigue. La Razón a fin de cuen­tas. Hay valo­res que son intrín­se­cos a nues­tra natu­ra­leza humana, y el ‘no mata­rás’ es un ejem­plo bas­tante neu­tro que puede ser­vir de ejem­plo per­fec­ta­mente. Lo que atra­viesa una cri­sis pro­funda y tre­menda es el acer­ca­miento al valor a tra­vés de la vía uti­li­zada por el pen­sa­miento reli­gioso… eso sí atra­viesa una pro­funda cri­sis:

(Del lat. cri­sis, y este del gr. ).
1. f. Cam­bio brusco en el curso de una enfer­me­dad, ya sea para mejo­rarse, ya para agra­varse el paciente.
2. f. Muta­ción impor­tante en el desa­rro­llo de otros pro­ce­sos, ya de orden físico, ya his­tó­ri­cos o espi­ri­tua­les.
3. f. Situa­ción de un asunto o pro­ceso cuando está en duda la con­ti­nua­ción, modi­fi­ca­ción o cese.
4. f. Momento deci­sivo de un nego­cio grave y de con­se­cuen­cias impor­tan­tes.
5. f. Jui­cio que se hace de algo des­pués de haberlo exa­mi­nado cui­da­do­sa­mente.
6. f. Esca­sez, cares­tía.
7. f. Situa­ción difi­cul­tosa o complicada.

Eti­mo­ló­gi­ca­mente hablando, ‘cri­sis’, sig­ni­fica cam­bio. Y eso es lo que sucede en sen­tido lite­ral, el modo de abor­dar los valo­res está cam­biando… el modelo judeo­cris­tiano ha fra­ca­sado… nadie lo puso en jaque, sen­ci­lla­mente no se sos­tiene por sí mismo en los tiem­pos que corren. Para­dó­ji­ca­mente, se hace indis­pen­sa­ble des­ta­car que la sofis­ti­ca­ción en el pro­ceso de alie­na­ción alcanza tales nive­les que ya ni la estruc­tura de alie­na­ción por anto­no­ma­sia en nues­tra cul­tura —la reli­gión—, es capaz de adap­tarse a los tiem­pos. En otras pala­bras… las per­so­nas siguen optando por casarse por la igle­sia —la mayo­ría—… el pro­blema, es que a los dos años se divor­cian —si lle­gan—. Sin más.

¿Por qué el pen­sa­miento reli­gioso atra­viesa esta cri­sis —cam­bio—? Curio­sa­mente, las reli­gio­nes —con­ser­va­do­ras por regla gene­ral— no han adop­tado esa pecu­liar des­treza de los intere­ses alie­nan­tes actua­les: el sona­jero. La socie­dad actual pierde el inte­rés en todo de una manera sor­pren­den­te­mente rápida e irre­vo­ca­ble —casi como el niño con su sona­jero—; sen­ci­lla­mente pierde inte­rés cuando ya conoce algo —debido a la cos­tum­bre de la inme­dia­tez del flujo de infor­ma­ción—. Aun­que un suceso sea rele­vante, no des­per­tará un inte­rés dema­siado pro­lon­gado en el tiempo… por muy trá­gico que sea el acon­te­ci­miento… es igual… cual­quier cosa que suceda tiene a par­tida sus días con­ta­dos. Curioso. Y… peli­groso. Las for­mas reli­gio­sas que sí han optado por el sona­jero —espe­cial­mente en el con­ti­nente ame­ri­cano, lugar donde el mar­ke­ting es casi otro dogma— funcionan.

Pero este post no hace refe­ren­cia al pen­sa­miento reli­gioso —ha sido un efecto cola­te­ral—… el objeto último y final es la Música y su indus­tria actual.

En el último MTV Video Music Awards, algu­nos mode­li­tos eran dig­nos de ‘sona­jero’… sin duda.

Es el ir más allá… el ‘¿Qué hago para des­ta­car que no haya hecho nadie antes aún?... ponerme un cubo ama­ri­llo en la cabeza?’… pues un cubo ama­ri­llo en la cabeza. No hay que darle más vuel­tas. Hay que dejar un sello dis­tin­tivo que cir­cule por los medios de todo el mundo… algo que genere trá­fico y cir­cu­la­ción de infor­ma­ción por todas par­tes. Y fun­ciona, claro. En caso con­tra­rio, no apa­re­ces con un cubo ama­ri­llo en la cabeza para reci­bir un pre­mio. Curio­sa­mente, hay quien se mete con el fut­bo­lista Car­les Puyol —no me gusta el fút­bol—, por acu­dir a la recep­ción de un pre­mio ata­viado como le viene en gana —indu­men­ta­ria sport de su equipo—. Es posi­ble que la perio­dista Ana Ureña que cri­tica al fut­bo­lista, no cri­ti­cara el «cla­són» de Katy Perry y su cubo ama­ri­llo… ¡es muy ori­gi­nal! Y barroco… Aun­que, pro­ba­ble­mente, si alguien se preo­cupa por la ves­ti­menta de un fut­bo­lista para reco­ger un pre­mio (¿...?)... es posi­ble que tam­bién se preo­cupe de la indu­men­ta­ria de Katy... cosas vere­des amigo San­cho. Es lógico pen­sar que le paguen para preo­cu­parse por ese tipo de asun­tos... es periodista.

Otro ejem­plo es Lady Gaga, archi­co­no­cida por sus mode­los… (ves­tido de carne, etc…) ¿no es eso rizar cons­tan­te­mente el rizo? ¿no es eso incre­men­tar el sona­jero una y otra vez?... Lo malo es que el sona­jero, como en los niños, tiene un tiempo de vida… dura lo que dura… y al final,solo salva el paso del tiempo aque­llo que buceó de lleno en la abs­trac­ción de nues­tro pen­sa­miento y se con­vir­tió en maduro… en eterno. Todo lo demás está pre­des­ti­nado a ser efí­mero… que­dará en el tiempo como algo anec­dó­tico desde luego, pero se per­derá. Comer­cia­mos por tanto con mate­rial pre­des­ti­nado a ser efí­mero… por­que resulta inme­diato, pero no dura­dero. Lo dura­dero en con­tra­par­tida no genera bene­fi­cios a priori pero, vaya por dios, es lo que resiste el paso del tiempo. Si la indus­tria no está enferma… pues no sé yo enton­ces qué le pasa.

Pues eso... si esto no es barroco...

Vas a una gala... y enton­ces lle­vas una cule­bra en la mano... ¡pedazo de sona­jero Jus­tin!

La malo­grada Winehouse es otro buen ejem­plo. No han pasado ni tres meses de su falle­ci­miento y ya se pre­para un guión para su pelí­cula. Nego­cio. Ni más, ni menos. ¿Qué era el pelo de Winehouse si no un sona­jero —al igual que el resto de la indu­men­ta­ria—?... ¿en qué se con­vir­tió esta pobre mucha­cha si no en una cari­ca­tura de sí misma? La des­tro­za­ron. La con­de­na­ron en el pre­ciso ins­tante en el que la com­pa­ra­ron nada más empe­zar con Billie Holi­day¡pero qué cruel­dad! Com­pa­rar a la mucha­cha con un mito al que jamás alcan­za­ría con el único fin de ven­der. ¿Quién puede aguan­tar seme­jante pre­sión sobre su tra­bajo? Espe­cial­mente si se trata de un tra­bajo artís­tico, extre­ma­da­mente expuesto y sujeto a los desig­nios de una mara­bunta caó­tica de emo­cio­nes a flor de piel —la pro­pia natu­ra­leza de Amy—. Pues eso.

Vivi­mos por tanto en una cul­tura de este­roi­des, de apa­rien­cias, cada vez más barroca, llena a rebo­sar de sona­je­ros por doquier… en la Música, en el Cine, en la Polí­tica, en la tele­vi­sión… por todas par­tes. Los sona­je­ros son úti­les para gene­rar una iner­cia ini­cial de venta pero, pronto, se des­va­ne­cen en cues­tión de sema­nas… Los sona­je­ros son a la Música lo que una erec­ción sexa­ge­na­ria a las rela­cio­nes de pareja… nece­si­tan de ayuda externa para aguan­tar un poco más pero, su carác­ter efí­mero es casi inevi­ta­ble —sal­vando, seguro, alguna hon­rosa excep­ción a la regla—. Todo son sona­je­ros. Cul­tura del Sona­jero… barroco del siglo XXI… siem­pre yendo más allá… el ves­tido más… la can­ción más… el solo más… Todo es un alarde de inno­va­ción, nove­dad o des­treza… que, en cuanto deja de serlo, pierde todo su inte­rés por­que en sus fun­da­men­tos no hay base alguna. Todo lo que se vende es aire… unas veces buen aire, otras aire nau­sea­bundo… pero aire a fin de cuen­tas. Todos nos suma­mos a ese fes­ti­val sona­jero de lo efí­mero. Con la que está cayendo, tam­poco está de más bana­li­zar un poco pero… luego no nos que­je­mos… que­re­mos caldo y nos dan vein­ti­siete tazas. Es la dife­ren­cia entre la por­no­gra­fía y la sexua­li­dad… y el que no entienda esa com­pa­ra­ción, que olvide este post… puesto que no ten­drá la más mínima rele­van­cia… tears in rain.

A veces tengo la sen­sa­ción de que lo NO SONAJERO se quedó en momen­tos como este:

Es curioso… qué poten­cia extrema artís­tica había sobre ese esce­na­rio. ¿Y gra­bando?... Scor­sese. Casi nada. No hace falta ni dar nom­bres. Se han hecho infi­ni­dad de cosas desde enton­ces, pero esta actua­ción… esta can­ción en con­creto, este momento final… es casi un sím­bolo cre­pus­cu­lar del final de una iner­cia artís­tica desa­rro­llada años antes a ese con­cierto. Claro… la des­pe­dida de The Band… todos se jun­ta­ron para des­pe­dir­los. Ese momento será eterno. Ni Winehouse, ni Gaga, ni Perry —por uti­li­zar ejem­plos de sona­jero— serán capa­ces de repro­du­cir JAMÁS un momento con tanta magia y poten­cia como este. Any day now… any day now… I shall be relea­sed… así que allá cada cual.