P.I.G.S. cerdos miserables

Estoy un poco harto del prisma con el que se mira a los países últimamente. Creo que es capcioso, torticero, malintencionado, estúpido, absurdo, prescindible, y propio de mentes estrechas. Generalizar es nefasto… pero hacerlo encima utilizando clichés rancios es estúpido.

Y en esas andamos por Europa.

PIIGS… (pigs = cerdos en inglés) así nos llaman por ahí. Cerdos: Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España. Acrónimo resultante de las siglas en inglés. Cerdos.

Resulta curioso comprobar cómo pagamos siempre justos por pecadores… de tal forma, que los clichés se extienden y perduran como si tal cosa. Los cerdos, son países con un notable pasado migratorio. ¿Por qué ha existido tanta migración? Porque hemos sido miserables… pobres. El que lo quiera reconocer que lo haga y el que no, es su problema. Hemos pasado hambre… miseria… y no hace tanto. Hemos sido unos cerdos miserables, qué duda cabe.

Cuando un cerdo miserable salía de su país dejando atrás a la familia —como hacen muchos cerdos miserables actualmente— lo hacía para trabajar…duro… para convertirse en mula de carga, sin horarios. Una vez más, el que no lo recuerde, allá él… que eche un vistazo alrededor y puede que, con suerte, aún pueda encontrar a otros cerdos miserables haciendo lo propio pero para nosotros. C’est la vie.

Pero resulta que los PIIGS, aquellos que fueron cerdos miserables, son vagos… maravilloso cliché que, supongo, debe chirriar en los oídos de muchas madres y padres cerdos que no son capaces de conciliar su vida laboral con la familiar. Porque es imposible. Pero eso sí… son unos vagos. Diría más… el perfil de cada país ha quedado reducido a un único factor: ser solvente o no. Acabáramos.

Nosotros, que un día fuimos cerdos miserables, ahora somos unos vagos… en tiempos éramos trabajadores, pero ahora somos unos vagos. Sí porque yo miro a mis amigos y familiares, y veo en todos ellos a una panda de vagos y maleantes… no me cabe la menor duda. Pero cuando veo a la clase política de los otrora cerdos miserables me doy cuenta, la verdad sea dicha, de que son personas de reputación impoluta, de una altísima catadura moral, y de una capacidad de trabajo por encima de la media. Hasta los presidentes de gobierno en España saben inglés, herramienta básica en el mundo diplomático. Y dominan el idioma porque se lo han currado, como los demás.

Los PIIGS, en cierto modo víctimas de su propia mugre gestora, tienen que comerse a dos carrillos los clichés que circulan por doquier… porque sí… por dogma, porque así son las cosas… porque si se es un vago y maleante porque un pequeño sector privilegiado de la población elevó el fenómeno ‘nuevo-rico’ al paroxismo… pues ahora todos a pagar por ello. Porque además de cerdos y miserables somos imbéciles. Claro.

Pero… es curioso…

Me pongo a analizar otro tipo de parámetros… aquellos que nos hacen humanos, poliédricos, tridimensionales, reales… y hay cosas que me resultan, cuando menos, chocantes. Al menos en Europa, si nos ponemos a juzgar el parámetro emocional de los pueblos… aunque sean miserables y cerdos… sorprende ver que, al menos a mi juicio, a los PIIGS parece que por las venas les corre sangre, y no horchata. Cosas que pasan. Son cosas que no dan de comer. Bueno… o sí. De vagos y maleantes están llenas las galerías de Arte… de tullidos, de trastornados, de esquizofrénicos, de miserables de solemnidad. Y por lo que parece, con sus obras y creaciones ahora comercian un sinfín de gentes de bien que, por supuesto, de cerdos y miserables no tienen nada. El Arte… tiene estas cosas. Perdón… la industria del Arte, quise decir.

Pero parece que los pueblos quedamos reducidos a un mero criterio de solvencia y cuatro o cinco clichés anejos. Aunque luego para comerciar con el fruto y creaciones del personal, ya midamos el asunto de otra manera. En cualquier caso y a todos los efectos, somos una panda de vagos y maleantes. Nuestros políticos no. Nosotros sí. Nuestros políticos y gestores, que en la práctica son ladrones, hipócritas, mentirosos, drogodependientes, analfabetos, psicópatas (perfiles de empatía 0), traidores… conspicuas pero siniestras y truculentas masas cárnicas de seres de mente capciosa, zafia y cínica… no son vagos y maleantes, el resto sí. Sí porque… a fin de cuentas, nosotros lo único que hacemos es intentar pagar los impuestos —si no lo haces, ya se toma la administración la libertad de embargar tu cuenta bancaria, por ahorrarte el trámite—, intentar trabajar, hacerlo de facto si tienes la suerte de tener un trabajo; tratar de sacar adelante a tus hijos, familia, etc… ; meterte en casa, ser buena persona, o al menos intentarlo… Pero eres un puto vago y maleante. Porque sí. Porque todo el sistema que está por encima de ti está gestionado por porquería electa; ¡sí! Porque esa es otra… a ver si encima te vas a quejar… vives en una democracia y no lo cuestiones… aquí tienes un platito con heces de vaca y aquí tienes otro con heces de burra… ¡elige cobarde! Eres libre de hacerlo, maldito cerdo miserable. Amén.

El objetivo es destrozar nuestra autoestima. El negro esclavo secuestrado en África hace siglos era el culpable de verse en semejante situación… ¡evidentemente! Porque era un salvaje, porque era más débil que una bala en el entrecejo, que el látigo en el lomo, o la soga en el cuello. Claramente la culpa era suya. Porque también era un vago y un maleante. Es público y notorio que en África no trabajan porque son unos vagos… su clase política, militar y gestora, no tiene nada que ver en el asunto. Sencillamente son salvajes, vagos y maleantes. Y como no están educados, la culpa es suya. Por burros. Porque el que no ha tenido acceso a la educación, es el culpable directo de su miseria… por vago.

¿Qué tiene todo esto que ver con la Música?

Sencillo… las expresiones artísticas son el canal de las emociones de los pueblos, de su complejidad, de su capacidad de abstracción… esa capacidad de generar mensaje emocional, de crear belleza, es un intangible… un intangible que no se paga con dinero y no se mide con primas de riesgo (por suerte para unos, por desgracia para otros). Hay cosas que los mercados no dan… a veces ni la universidad… Quod Natura non dat, Salmantica non praestat. Lo dan los siglos, el tiempo, la Historia, los años… el sufrimiento, lo bueno y malo en la genética de las sociedades. Sí porque… a fin de cuentas, convendría no olvidar que por las venas, repito, corre sangre… y no se trata de rescatar el manido y miserable discurso de la ‘pasión mediterránea’… pero maldita sea… menos tocar las narices con lo de vagos y maleantes, que bastante nos toca ya sufrirlos en los consejos de administración de corporaciones, banca, congreso, senado, casa real, etc… Que por mucho repetir lo de ‘vagos y maleantes’, no cambiaremos la realidad… los que lo son, lo son, y los demás son víctimas de los vagos y maleantes del reino… y el que quiera que lo vea. Que en este país nuestro —y probablemente en el resto de cerdos igual— uno no se hace rico trabajando de sol a sol… a lo sumo conseguirá alguna hernia, lesión o depresión. Rico se hace el que roba, estafa, malversa, defrauda, entra en política, pega el braguetazo, etc…

Vivimos en un país en el que un delincuente menor puede encadenar condenas hasta los 35 años, y otros, por otros delitos no menos importantes —causando cárcel injusta a inocentes— son indultados por los santos pebocks de alguien —sin dar explicaciones a la ‘cerdanía miserable’—. Pues muy bien. Observando la Historia, la única conclusión que uno puede sacar es que estas cosas no suelen acabar bien… los que andan jugando con masas moribundas y alienadas al final se suelen quemar… con frecuencia en el pasado acabaron meados y linchados en medio de alguna plaza pública. Suerte que tienen algunos de que seamos algo más civilizados que en el pasado. Aunque me temo, por desgracia, que incluso el civismo tiene límites. Veremos a ver cuando el hambre de verdad empiece a fustigar estómagos… sobre todo los estómagos de los hijos de uno… a ver hacia donde tira el civismo. Igual los cerdos miserables, vagos y maleantes, empiezan a componer el mobiliario de casa… que aunque no haya para comer, al menos que la casa esté limpia y ordenada. Algo de dignidad quedará —entre los cerdos miserables, no entre las ‘gentes de bien’ que ostentan poder claro… esos nunca han perdido dignidad alguna; habría que tenerla en primera instancia para poder perderla—.

Los cerdos miserables de Portugal, el país vecino, hacen cosas de estas:

Pero bueno… su prima de riesgo (spread) está en 1122 (9 de enero de 2012) puntos básicos… por tanto, son eso… una basura insolvente que vale lo que vale. No hay más realidad que esa. Sus jóvenes no valen un carajo —porque son vagos y maleantes—, no quieren ni trabajar ni estudiar y recientemente su propio primer ministro ya les aconsejó sabiamente a marcharse del país… porque allí, sencillamente, no tienen futuro. Porque ellos, de hecho, parece que no son futuro para nadie —supongo que es lo que tiene en mente el señor Passos Coelho, el ilustre payaso que hace las veces de títere por tierras lusas—.

Los cerdos miserables de Irlanda hacen cosas como estas:

 

Same old story

Otros que tienen mucha experiencia dejando su tierra, como la propia canción indica. Sangre en las venas tiene el señor Paul Brady… ya es más que muchos. En cualquier caso, más cerdos miserables.

Los cerdos miserables de Italia, hacen cosas como estas:

Ennio Morricone. Nah… basura. Eso sí, ideal para hacer una presentación en Power Point para enviar a los amigos por email… ‘Mi viaje a Nepal‘… acompañado con esta música barata italiana da mucho juego. Típico correo cutre que circula con una lista interminable y abierta de correos electrónicos. Pero poco más. No es que este material refleje emociones, un sentir, una forma de pensar y ver la realidad… para nada. El pueblo italiano es cerdo y miserable. Su clase política no tiene culpa de nada… ¡qué otra cosa podrían hacer los políticos con una sociedad tan vaga! No les quedaba más alternativa que ser corruptos y enriquecerse a costa de los ciudadanos vagos. Estaban entre la espada y la pared. Es comprensible.

Algunos cerdos miserables griegos hacían cosas como estas:

O esto:

O esto:

Moustaki o Vangelis. La verdad es que con una prima de riesgo por encima de los 3381 (9 de enero de 2012) puntos básicos… ya pueden hacer el pino puente, que de nada les servirá. Sí porque, a fin de cuentas, Grecia no es más que eso… un país siendo expoliado desde fuera y desde dentro… ¿culpables? como no, los ciudadanos, por vagos y estúpidos. Si el trabajador de turno trabajase como lo hace un esclavo chino —trabajadores donde los haya— pues otro gallo cantaría. Todo el mundo sabe que los nórdicos son igual de trabajadores —o más— que los chinos a donde han desplazado parte de su industria. En parte por eso la industria europea ha decidido trasladarse allí… porque son tan, tan trabajadores que les sobra el trabajo!! Por eso han decidido, por cuestiones humanitarias, desplazar producción a China… fortaleciendo de ese modo el tejido industrial europeo, como bien es sabido.

Y los españolitos… por desgracia… ahí estamos, hacemos cosas que no valen para nada:

Estamos tan alienados que probablemente muchos jóvenes no tengan ni la más remota idea de lo que es esto… de quién fue el maestro Joaquín Rodrigo, de lo grandioso que es el Concierto de Aranjuez, etc. Bah… chorradas. En el fondo es eso, no somos más que una panda de vagos… yo veo a mi familia y amigos, trabajando en un sistema en el que se les paga mal y por supuesto no se reconoce hora extra alguna (existiendo legislación al respecto y estando el trabajo regulado en este país), y me doy verdaderamente cuenta de que son una panda de vagos. Porque lo son. Yo mismo, he pagado durante años más impuestos que muchos, y no queda ni el derecho a paro… ese es el valor de generar empleo (poca cosa, pero tenía un empleo a mi cargo). Aunque mi caso no sirve de ejemplo porque ya lo decía un tío mío: ‘¡Pero si tú eres un miserable! Deberías darte con un canto en los dientes por conseguir que un ayuntamiento te mal pague por una actuación’. Pero bueno, yo siempre fui un vago e irresponsable niño de papá (mimado, para colmo), de modo que en ese sentido no puedo/debo decir nada. Supongo que la vida la debo tener ya resuelta. Digo yo, no sé.

Ciertamente, no somos más que un puñado de cerdos… PIGS… y no valemos más que lo que designe nuestra fraudulenta solvencia. Y no he querido hablar de Francia… que, cualquiera diría… parece que el sur de Francia no pertenece al Mediterráneo… me parece a mi que por allí también se andan haciendo los suecos. Tiempo al tiempo. Pero claro, meter la ‘F’ en PIIGS ya no da tanto juego para tachar de cerdos al personal. Supongo.

Pero ahora ya las ‘gentes de bien’ y los profesionales… aquellos que no son vagos, ya están diseñando la solución desde hace tiempo. En Grecia ya llevan meses aplicando escrupulosamente lo que se dictamina desde Europa y les va bastante bien. En breve saldrán de la crisis. Lo mismo pasa con Portugal, han hecho un gran esfuerzo para cumplir al milímetro lo que se les ha exigido y cada vez les va mejor (aunque su primer ministro inste a los jóvenes a largarse de allí, eso es pecata minuta, detalle sin mayor transcendencia, especialmente, viniendo de un primer ministro).

Como continuemos siendo tan vagos —que los ciudadanos, repito, lo somos, los políticos no—, nos vamos a enterar. Ahí queda eso, allá cada cual.

Ravel, la proporción áurea y Biutiful

Hay una pieza por la que tengo especial predilección. Forma parte del concierto para piano en sol mayor de Maurice Ravel… se trata del segundo movimiento Adagio assai en mi mayor. Es algo, al menos para mi, sublime… y me quedo corto. Se trata de una pieza con la que siempre genero un dialogo interno de balance positivo… es una especie de aspirina psicológica que, en plena tormenta emocional, en pleno contubernio entre la baja y alta moral, en medio de esa lucha interna para equilibrar la balanza, siempre incrementa puntos en el lado de la moral alta. Sin duda. Pero además lo hace de una manera sublime, magistral, bellísima, genial. Conozco pocas cosas tan bellas y, para mi gusto, tan bien planteadas. De hecho, me gusta tanto, que en ocasiones me pongo nervioso de lo que me gusta… es como cuando alguien no puede aguantar la belleza de un cuadro de tan bello que es.

Hace años, cuando descubrí el efecto que esta pieza ejercía sobre mi estaba, en términos emocionales, en un estado deplorable. Ahogado por una serie de frustraciones vitales y por sentirme encajonado y acorralado, llegaba a casa del trabajo y me tumbaba en el sillón sin más. Anduve investigando una serie de discos que tenía guardados de música clásica entre los que se encontraba uno de Ravel. Siempre me encantó el Bolero pero, lo cierto es que Ravel es mucho más que eso, y los que no somos especialistas en la materia, los que no somos especialistas en música erudita, tenemos esa maravillosa ventaja de ir descubriendo cosas con los años que aún te mueven por dentro. Descubrir algo por primera vez siempre tiene un punto maravilloso… un punto de inocencia frente a la belleza que desencaja al menos pintado. Eso me sucedió con esta pieza.

En sentido estético, se me antoja como un diálogo melancólico con el Hombre, especialmente con el Hombre en bajón anímico. Cuando queremos hablar de igual a igual, cuando queremos que una interlocución sea efectiva y de veras cumpla su objetivo, ambos interlocutores deben ponerse al mismo nivel… es decir, no se debe hablar con un niño desde la altura física y psicológica del adulto… se debe hincar la rodilla en el suelo y hablar ojo con ojo y a su mismo nivel de niño.

Esto es lo que me parece que sintetiza esta pieza… hinca la rodilla en el suelo pero, lo hace para poder agarrarle a uno por los hombros y levantarle hacia arriba… el balance final de esta obra siempre es positivo; sí, es cierto, lo hace desde una perspectiva melancólica… pero es que eso es precisamente hincar la rodilla en el suelo, hay que ponerse al nivel del estado de ánimo carente para poder elevarlo a posteriori. Si el estado de ánimo de alguien lo comparásemos con hojarasca seca, caída de un árbol en período otoñal, esta pieza de Ravel sería una suave brisa que baja al suelo levemente, envuelve y mece los desperdigados y desorientados restos secos, los eleva con suavidad hasta la rama de la que cayeron y, milagrosamente, los intenta recolocar nuevamente en su mismo lugar. Lo consigue… no lo consigue… es irrelevante, eso ya depende de cada uno… lo verdaderamente impresionante es que lo intenta. ¿Cómo es capaz alguien de componer algo tan grande? Pues así es.

La pieza dialoga con uno mismo desde la mismísima primera nota… (aquí interpretado por Arturo Benedetti Michelangeli)

(Desde 0:03 en adelante… —siguiendo el minutaje de este vídeo—; leer despacio, acompañando la música)

La música establece un punto de situación, habla, pregunta… ¿bueno, qué pasa? certifica que efectivamente, algo pasa… y dialoga con la psique del oyente. Es un dialogo constante y profundamente emocional, casi maternal. Se pone a la altura del hipotético estado de ánimo del oyente. Lo entiende… ofrece comprensión, tan necesaria para poder salir de un estado de ánimo carente.

1:39… inicia un ascenso en el proceso de análisis hasta 2:46 tan sutil, tan imperceptible que casi pasa desapercibido… con ligeras tensiones que van constatando los altos y bajos vitales. La hojarasca está en el suelo y, sin casi ser perceptible, una suave brisa está a punto de entrar en escena…

En 3:05 entran los instrumentos… la inevitabilidad de algunos sucesos de la vida. Tensan allí… relajan aquí… Contextualizan un estado de ánimo que, a partida, se barrunta bajo.

4:06… momento de introspección, el piano entra de nuevo en dialogo, dialoga con uno mismo… en esta ocasión ya con el arropo de algunos instrumentos de fondo.

5:10… momento de tensión ascendente, una introspección más o menos obsesiva… característica de quien queda atascado en un razonamiento autodestructivo.

5:48… se incrementa esa tensión… insistencia… aquí ya no hay retorno. Este momento en la duración de la obra equivaldría a la proporción áurea (leer más abajo).

6:10… El punto anterior desemboca en tensión… casi ansiedad… la vida misma…

6:24… hasta llegar a un maravilloso clímax… sublime, magistral, impresionante… bellísimo… en este momento la Música agarra la psique suavemente, para sacarla de la tensión, de la ansiedad, del agobio vital… una cadencia suave, una melodía sencilla y al mismo tiempo bella, nada compleja —facilitando así la empatía del que escucha; no es necesario ser erudito para entender esto y disfrutarlo—… inevitable, imparable, cíclica… el viento centrifuga la hojarasca del suelo, la desubica del lúgubre lugar en el que se encuentra para elevarla anímicamente hasta la rama de la que cayó. Una genialidad. Una especie de abrazo maternal/musical, con todo el cariño de una madre por un hijo de meses, que lo protege en todo momento. La tranquilidad de un regazo, en este caso musical. Si existiese un útero musical en el que la psique se pudiese refugiar después de haber nacido y tomado conciencia de sí misma… sin duda, este sería el lugar.

8:14… las hojas se vuelven a colocar en sus ramas… quedando, milagrosamente, mejor colocadas y en mejor lugar del que estaban…

8:43… hacia el final… inexorable devenir vital… todo queda en paz. Y la vida sigue. Bella e incombustible.

Es de tal belleza que abruma, inquieta, pone nervioso lo emocionalmente inteligente y acertada que es esta pieza. ¿Cómo alguien pudo sintetizar una abstracción de pensamiento de manera tan sublime? ¡Bullseye! Al menos, esta es mi forma personal de ver esta pieza. Me ha acompañado en infinidad de ocasiones en mi vida y el balance siempre es positivo. Las personas que nos sentimos bien gracias a piezas como esta, estamos en deuda con sus autores originales ¡qué duda cabe! Han brindado belleza, paz emocional, orden en la psique al resto de los mortales… podrán ser obras que pasen desapercibidas por ahí… es posible, pero no mueren porque no pueden morir. Podrán no ser mediáticas, podrán no estar presentes hasta en la sopa como todo lo consumible de hoy día… pero tienen vida propia, no pueden morir porque aportan demasiado a las personas. Antes o después… aquí o allí… resurgen, aparecen para transmitir su síntesis vital. Hay cosas que sencillamente son genialidades incuestionables. Es una pena que no todo el mundo las disfrute y utilice para lo que fueron concebidas, para transmitir belleza a los demás, belleza ideada, concebida y diseñada por nosotros mismos, que somos capaces de lo peor… pero también de lo mejor. Son esas contradicciones las que nos caracterizan como especie… creo yo.

En cierto modo, esta pieza no deja de ser una metáfora misma de la vida… el transcurso hacia la resolución de un conflicto suele ser siempre más largo que la vuelta a la normalidad posterior. De hecho, me sorprende una coincidencia en esta pieza. Resulta que el momento de ascenso a la liberación, el momento que arriba aparece en el minuto 5:48, coincide de manera proporcional más o menos, con la división en dos de un segmento guardando la proporción áurea. Vamos, con el número áureo. Ravel tenía amistad con matemáticos de su época y, quizá, este factor no sea mera casualidad. Pero es algo que, me temo, yo no podré corroborar. Ni pretendo hacerlo.
Midiendo la duración de la pieza, en este caso 9:27, observamos que el momento de ascenso al clímax se produce en el minuto 5:48 más o menos.

La relación áurea surge de un segmento, de tal forma que al dividirlo en dos —a, b—, ambos segmentos guardan la siguiente relación: la longitud total a+b es al segmento más largo a, como a es al segmento b. O sea

a+b/a = a/b

Para sacar el valor del número áureo equivalente a la relación a/b, hacemos el siguiente cálculo sencillo que se puede encontrar en wikipedia:

Damos a b el valor 1: (a+1)/a = a

Multiplicamos ambos miembros por a: a+1=a^2

Ecuación de segundo grado. La solución positiva es:

Para calcular el momento exacto dentro de esta versión que tenemos, vamos a partir de la base de que a+b (la duración total, el segmento base) dura 9:27 minutos o, lo que es lo mismo, 567 segundos. Evidentemente, es inverosímil que Ravel calculase —en caso de que esta especulación fuese cierta— la relación áurea en base al tiempo de reproducción de la pieza. No tendría sentido. Este cálculo no es más que una especulación, una aproximación que llama la atención y hace pensar que quizá, debido a sus amistades con matemáticos, introdujo este guiño curioso a la proporción áurea. Por tanto hacer estos cálculos en base al tiempo que dura la interpretación de la obra no es más que barruntar algo de manera tosca. En caso de que el posicionamiento del ascenso al clímax tuviese relación con  la proporción áurea, cabría suponer que el autor lo hubiese ubicado en la pieza de cualquier manera más ortodoxa. Repito, esta no es más que una especulación… un cálculo… a ver qué pasa.

Entonces ya sabemos el valor de la relación áurea a/b… también sabemos que a+b/a es igual a dicha relación y también, que a+b —tiempo total— es de 567 segundos. Por tanto:


Si dividimos el valor de a por 60 para calcular los minutos obtenemos 5,84… (5 minutos); multiplicamos 0,84 por 60 para calcular los segundos (50,4 segundos)… por tanto, el segmento a va del inicio hasta el momento 5:50 segundos.

Habrá que obviar las posibles imprecisiones por el uso de largas cifras decimales o por el cálculo del tiempo de manera no exacta ya que se trata de un vídeo… observamos que el ascenso al clímax se produce en esta versión en el minuto 5:48. Evidentemente no es lo mismo, pero más o menos está en el lugar correcto.

Si a dura 5:50 minutos (350 segundos), b durará entonces 3,37 minutos (217 segundos). Ya sabemos que el total a+b equivale a 9:27 minutos (567 segundos).

Pues bien, si estos datos son correctos y están bien calculados, deberían cumplir la proporción áurea.

Por tanto a+b/a = 567/350 = 1,62

Y a/b = 350/217 = 1,61290…

No obtenemos la igualdad entre ambas relaciones, ni el número áureo exacto… pero cerca anda. Teniendo en cuenta que el cálculo se realiza sobre la duración de una versión de cd colgada en la red… habría que sumarle un cierto margen de incorrección por los datos disponibles. Pero las matemáticas hablan por sí solas… y estamos hablando de una proporción, detalle que hay que tener en cuenta porque debería ajustarse más o menos a la realidad de cualquier versión —en caso de ser cierta esta relación— independientemente de la duración total de la interpretación. Es algo proporcional.

¿Posicionó Ravel ese ascenso al clímax en ese preciso punto de manera deliberada?

Pues vaya usted a saber… desde luego desconozco el dato, pero esta relación siempre me ha llamado la atención. Podría ser algo arbitrario… podría; podría ser que respondiese a algún juego con alguno de sus amigos matemáticos o, sencillamente fruto de su propia voluntad… podría. No creo mucho en casualidades en relación a estos creadores… si son capaces de hacer piezas tan bellas… no sé, tengo tendencia a pensar que nada es casualidad; no creaban estas cosas de manera arbitraria… sabían perfectamente lo que hacían y lo hacían con toda premeditación. No creo que estas piezas sean grandes por mera casualidad o arbitrariedad pero… en caso de que así fuese… ¡qué maravillosa casualidad maldita sea!

Todo este post surge a raíz de la película que vi ayer noche: Biutiful, de Alejandro González Iñárritu. Una película muy recomendable en la que el protagonista Uxbal —Javier Bardem— podría equivaler perfectamente a la hojarasca de la que hablo más arriba. Tanto, que hasta por la temática me ha recordado al cierre de nuestro disco del proyecto Triolocría, la canción Las Normas. Pero no desvelaré argumentos para no fastidiarle la película a nadie.

Lo que está claro, es que González Iñárritu debe haber visto algo similar en esta pieza a lo que expongo arriba, porque me sorprendió el acierto que tuvo al ponerla como música final acompañando los títulos de crédito (sí… esa cosa desaparecida que suele venir después de una película, pero que en España se ha decidido erradicar por completo de la emisión de cualquier televisión por mor de la publicidad. Erradicados incluso de la televisión pública, que ya no tiene publicidad —en teoría—. Sí… allí donde aparecen todas las personas que han participado en una película/proyecto y allí donde se les reconoce públicamente el mérito por su trabajo; el único punto en el que TODOS los participantes de un proyecto son reconocidos y que, curiosamente, al Ministerio de Cultura parece no importarle en absoluto… parece que el Ministerio se preocupa con arbitrariedades más concernientes a la industria y algo que es tan sencillo como la censura sistemática del reconocimiento de TODOS los participantes de TODAS las películas emitidas en TODAS las cadenas de televisión parece no tener relevancia alguna; no deja de ser curiosa la hipocresía institucional… como siempre. Nada nuevo).

Esta pieza le venía como un guante al protagonista. La vida desde luego está llena de matices… estos matices se sintetizan a través de expresiones artísticas… algunas de ellas, son tan buenas y acertadas, que ganan vida por sí mismas y sobreviven ellas solas al cabo de los años… pasando por la psique de unos y de otros. Esas son las creaciones grandes. El hecho de que González Iñárritu haya elegido esta pieza para sus créditos, no hace más que perpetuar su difusión, cosa que le dará otro empuje a través del tiempo a la obra… si quedaba en el fondo, reflota… y así sucesivamente. Pero solo reflota lo que tiene capacidad de perdurar y esta obra, sin duda, está sobradamente legitimada para ello. Son obras que, por suerte, ya están por ahí… existen… circulan por un canal, por otro… tan solo hay que parar un momento y escuchar… pero eso, en los tiempos que corren… ya es otro cantar. Allá cada cual.
PD.- Me gusta el concierto para piano en sol mayor de Ravel. Mucho. Aquí interpretado por Martha Argerich. Es verdaderamente grande… para mi gusto.

Mr Bojangles

O el Cool Hand Luke en fase crepuscular…


Hay canciones muy peculiares… canciones que sin saber muy bien por qué —a priori— acaban siendo versionadas infinidad de veces. Está claro que si eso sucede es porque la canción mala no debe ser… pero hay algo más… no es solo la canción en sí, hay que tener en cuenta también la historia que va detrás de la letra… seguro que detrás hay algo interesante. Seguro. Luego, sin saber muy bien por qué, esas mismas canciones atraen como imanes… incluso en sus sucedáneos versionados.

Es curioso como no siempre las versiones siguen una jerarquía… hay versiones que, siendo generosos, acaban superando a las originales… y eso que no serían lo que son si no partiesen de una buena base —a fin de cuentas, el que versiona, lo hace porque tiene un mínimo de interés y admiración por la canción de la que parte—. Hay tipos que sin haber participado en la composición original acaban convirtiendo su versión en algo grande. Pero esto es algo que merecería un post específico más adelante… algo sobre versiones… todo un mundo.

Pero hoy la cosa va de Mr. Bojangles… qué canción. Hace unos días la escuché en la versión de Nina Simone… huelga decir que salvando la admiración que ya profeso por Simone, la canción atrapa desde el primer instante. La versión original es de Jerry Jeff Walker

Y tiene su historia… claro.

Al parecer, el bueno de Jerry Jeff Walker, sostiene que conoció a un tipo muy peculiar en la cárcel… un tipo que se hacía llamar a sí mismo Mr. Bojangles para evitar que la policía identificara su verdadera identidad. Se hacía llamar así porque por aquel entonces, había un actor y bailarín de claqué muy conocido llamado Bill “Bojangles” Robinson. Pero la canción nada tiene que ver con este histriónico actor de raza negra. El Mr. Bojangles al que hace referencia la canción era un individuo de raza blanca de los bajos fondos de Nueva Orleans. Dice Jerry Jeff Walker que cuando pasó una temporada en la cárcel —fue detenido por estar borracho en la calle— se topó con el tal Sr. Bojangles… un vagabundo que había sido detenido como parte de una redada tras un asesinato.

Ambos hablaron de la vida junto a otros presos pero, cuando el Sr. Bojangles relató todo lo que había vivido junto a su perro durante quince años, el ambiente en la celda se volvió melancólico… Alguien sugirió que habría que animar el asunto y el propio Sr. Bojangles deleitó a los presentes con un baile de claqué.

Así la cantaba Nina Simone… (esta canción ya la enlazamos en el post anterior).

 

Bojangles

Hay una versión estupenda en youtube de un directo de Sammy Davis Jr. en Alemania en 1985…

Y yo me pregunto… ¿quién podría haber sido el tal Mr. Bojangles? Evidentemente jamás descubriría semejante cosa ni falta que hace… pero si alguien me preguntara a quién me recuerda el tal Mr. Bojangles o quién podría haber sido… respondería sin dudar… el tal Mr. Bojangles bien podría haber sido el famoso Cool Hand Luke (La Leyenda del Indomable)… ya con unos años de más y down & out… en su fase crepuscular… ¿o no? Para quién haya visto la absolutamente imprescindible película de Stuart Rosenberg no habrá más que decir.

Cool Hand Luke —Paul Newman— es un tipo al que detienen por desorden público y es encarcelado en una típica cárcel del sur de los Estados Unidos. Un espíritu libre que se niega a seguir preso y… y las monta pardas vamos… no quiero estropearle la película a nadie, en caso de no haberla visto —craso error!—. Con actores como George Kennedy, Dennis Hopper o Harry Dean Stanton, entre otros… Una maravilla.

El caso es que Cool Hand Luke bien podría haber sido el tal Mr. Bojangles… solo que en tiempos, las aventuras las habría corrido junto a su perro fiel. Con el paso de los años, ya viejo… habría canalizado sus ansias de libertad hacia el tap dance… que habría dedicado a sus compañeros de barracón para entretenerlos una vez más… casi como en la película. Desde luego ambos personajes se dan la mano… Cool Hand Luke no baila claqué pero se come 50 huevos duros para divertimento del personal… casi nada.

Ambos personajes, Cool Hand Luke y Mr. Bojangles, son representaciones de sentimientos y emociones muy humanas canalizadas a través de las artes… uno de los personajes a través del Cine y el otro de la Música. ¿Qué es Cool Hand Luke sino un Antoine Doinel adulto —Los 400 Golpes de François Truffaut—? Pues eso… Libertad. La relación que tenemos los humanos con la libertad… y no con la libertad en genérico… sino con sentirnos verdaderamente libres. Libres.

Y entonces claro… ¿cómo no va a provocar, al menos, un esbozo de sonrisa escuchar Mr. Bojangles? Está claro que no todos tenemos por qué interiorizar este tipo de cosas pero… qué demonios… ¡allá cada cual!

Verano

O el Summer Free Spirit Bird para los amigos

Con esta música comenzaban unos días de desconexión… Cómo lo Oyes… de Santiago Alcanda. Sonaba Gerry Rafferty en radio 3 cuando cruzaba la frontera y salía de España… poco a poco fui perdiendo la señal de Radio Nacional con esta canción precisamente… y, entonces, bucee de lleno en unos días de desconexión total. Supongo que a todos nos hace falta de vez en cuando.

Generalmente, después de atravesar una fase de carencia —tanto en lo emocional, como en lo físico—, los estímulos se perciben de otra manera y se magnifican o, en verdad, se valoran… cosa que con frecuencia no hacemos. Es muy complejo sintetizar emociones a través de un simple texto… quizá sea incluso temerario y pretencioso. Pero el caso es que a la hora de registrar lo vivido, el texto es una de las formas para hacerlo.

No seré muy explícito en relación a lo vivido… no es el momento ni el lugar… sin embargo, sí resulta interesante como un puñado de canciones pueden marcar como un hierro candente el lomo de nuestra psique… y así quedará marcado para los restos.

Las canciones iban sonando… como quien no quiere la cosa… como las cervecitas que vas abriendo, frescas y conciliadoras…

Recorriendo el camino que me lleva al lugar donde he sido feliz durante años… justo al lado del mar y con una perentoria necesitad de desconectar… se podía escuchar Música de todo tipo… de aquella que entra en el tuétano y va dando un buen marco para desconectar de verdad —o sea… Triolocría… para los que ya entendáis el concepto de nuestro proyecto—.

Es probable que más de uno experimente ese torbellino emocional que recorre el cuerpo al acercarse lentamente al lugar donde habitan los buenos recuerdos de infancia y adolescencia… a la Neverland particular… al País de Nunca Jamás… Cada cual tiene el suyo… supongo. Yo tengo el mío… y esta vez estaba especialmente ‘Neverland’. Tanto… que antes de marcharme aun estoy pensando en volver… ¿para siempre?… buf… qué compleja es la vida… hay raíces que te agarran y no te largan.

El tríptico de nuestro disco de Triolocría, tanto el plano central interior como el exterior, está basado en ese Neverland particular… y, en esta ocasión, ha tenido banda sonora concreta… no la nuestra de Triolocría, claro… aunque alguna cayó. Se ha producido ese suceso curioso de asociación de Música y momentos vitales… a partir de ahora, cada vez que escuche estas canciones recordaré estos maravillosos días de septiembre.

Escuchando este tema de la Bombay Dub Orchestra, sentado en el suelo arenoso frente al mar… luna llena, el mar a cinco metros y una morangoska en la mano; juego de luces endiablado… velas en sacos de papel, rastros de un atardecer rojizo en el horizonte de poniente, la luna orgullosa requiere atención en el plano cenital… Pedras Amarelas delante y detrás de nosotros y totalmente solos frente a semejante espectáculo. Summer Free Spirit Bird… Buena compañía, primos a los que quiero como a hermanos y la necesidad de desconexión verdaderamente en proceso de resolución… desconectando en cada segundo, en cada imagen, en cada golpe de brisa marina. Hacía años que no me topaba con ese… ‘Summer Free Spirit Bird’… esa disposición mental, esa vitalidad… ese disfrute de la vida… así… directo y claro, sin complejos ni subterfugios; lejos queda la complejidad de la cotidianidad en las grandes ciudades… de la sociedad actual.

Un espíritu inocente cada vez que se reencuentra o desenvuelve… pero existe, y es más puro que muchos. Sorprende en ocasiones… provoca rechazo en otras… ¿pero qué sería de Neverland sin su Summer Free Spirit Bird? Es algo casi inevitable.

Y ahí está…

De repente sintoniza esta canción… y desencaja al menos pintado. Mr. Bojangles… merece un post exclusivo, que dejo para más adelante. Qué maravillas existen por el mundo. La pregunta es… ¿quién no baja las defensas escuchando Mr. Bojangles?… solo aquellos que olvidaron sus Neverland’s particulares… Nina Simone desarma a cualquiera y, si encima hablamos de una canción tan buena como esta… ¡estás perdido! Y la verdad es que no sé por qué pero… yo, personalmente, tengo tendencia a desarmarme en septiembre… cosas que pasan. Septiembre es el mes.

Una banda sonora muy ecléctica… pero está claro que no le hacemos ascos a nada…

Y claro… luego hay canciones que parece que están hechas deliberadamente para el verano… temas electrónicos, sin tanta enjundia como los Mr. Bojangles y compañía… pero que desde luego ayudan a mover el esqueleto o la mente… según prefiera cada cual…

O esto otro por ejemplo…

Qué buenos días he pasado… he conocido gente nueva estupenda, me he divertido, buena música… familia, amigos… un mar espectacular, la piel fastidiada por la exposición irresponsable al sol —mea culpa—… algún futurible a la vista… curiosos días estos de septiembre… que le quiten a uno lo bailao. We’ll see what happen now…

No están todas las músicas… ni falta que hace. Pero ahí queda registro de canciones idóneas para marcharse y desconectar… funcionan, doy fe. Es como todo… cada cual tendrá sus gustos, quizá esto se ajuste más a mis gustos… a fin de cuentas, me gusta de todo… pero… para gustos los colores, está claro. Allá cada cual.

 

Cultura del Sonajero

Paradigma cultural del sonajero, o el Barroco del Siglo XXI.

La cultura musical actual está tremendamente sometida al Paradigma del Sonajero… pero… ¿qué es el Paradigma del Sonajero?

En primer lugar y para empezar… ¿qué es un sonajero?

Según la Real Academia de la Lengua, sonajero es:

1.m. Juguete con sonajas o cascabeles, que sirve para entretener a los bebés.

¿Por qué un sonajero entretiene a los bebés? Evidentemente… porque estimula los sentidos. Esto es:

Colores.- Estimulan la vista… la curiosidad del niño por los colores
Sonidos.- Estimulan el sentido del oído con el soniquete que provocan
Tacto.- Sus formas invitan a los bebés a agarrar y manipular el sonajero por pura curiosidad
Paladar.- Una de las primeras pruebas que un bebé hace con un sonajero en su poder es llevárselo a la boca
Olfato.- Igual que con el resto de sentidos, el niño experimenta su olfato con los sonajeros… algunos, incluso perfumados.

Por tanto un sonajero es, a fin de cuentas, un instrumento endiabladamente versátil, capaz de focalizar la atención de un niño por mero contacto; un bebé es capaz de enfocar todos sus sentidos hacia un instrumento que no tiene absolutamente ninguna relevancia en el mundo adulto y, sin embargo, es capaz de amansar a una fiera.

¿Dónde está la trampa?

Sencillo… el efecto de un sonajero dura solamente el tiempo que duren los efectos de sus características sobre el bebé… es decir, el efecto de un sonajero dura lo que tarde el niño en interiorizar las cualidades del juguete. Una vez que el bebé ha interiorizado colores, tacto, olfato, sabor y sonido… jamás volverá a tener interés por el mismo artilugio… es un camino sin retorno… es, siempre, conocimiento adquirido… en circunstancias normales no se desaprende. Sin embargo… al incrementar alguna de las características del sonajero, se reactiva la curiosidad del bebé ya que, de nuevo, desconoce algo que incita a su curiosidad natural. En ese momento, el niño acaba mostrando nuevamente interés y ‘se aliena’ por un poco más de tiempo hasta que… finalmente… vuelve a perder el interés ya que habrá interiorizado otra vez más el ‘nuevo sonajero’. Y vuelta a empezar. La complejidad de los sonajeros se va incrementando de manera gradual hasta terminar en lo que todos conocemos como juguetes que, una vez más, estimularán el conocimiento del niño hasta que los tenga suficientemente interiorizados, momento en el cual, perderá el interés… suma y sigue. Nuestra vida va acompañada de un incesante incremento paralelo que partió de nuestros sonajeros personales.

El sonajero es, por establecer un símbolo, la zanahoria delante del burro… esa que nos hace movernos… la que hace que nuestra curiosidad vaya dando un paso tras otro… siempre tendiendo a más. El problema, es que una zanahoria colgando de un palo es útil para un burro… pero no para el hombre… porque el hombre una vez que la haya interiorizado —ya se buscaría las castañas, puesto que es inteligente, para sacarla de la punta del palo y poder comérsela— no se volverá a mover con una zanahoria. Habría que ir incrementando el grado de ‘enigma’ provocado al burro… perdón, al hombre en este caso.

Por tanto… los sonajeros —y las zanahorias—, evolucionan con nuestro crecimiento… en caso contrario, aún estaríamos agarrados a nuestros sonajeros infantiles; cosa que podría funcionar con un ser no racional… por suerte o desgracia, no es nuestro caso. Nuestra curiosidad es la gasolina que todo lo mueve; la curiosidad es un buen indicador del grado de interés e inquietud de una mente al uso.

SIN EMBARGO…

en nuestro caso —en el caso del ser Humano, no en el del burro— alcanzamos un punto en el que entramos de lleno en lo que Piaget denominó pensamiento abstracto; en la adolescencia nuestro cerebro ya no se conforma con las operaciones formales… empieza a rizar los argumentos… a imaginar, a abstraerse… ¿qué es el Arte… no es acaso una serie de abstracciones del pensamiento? Ahí es donde los humanos superamos a los burros… al final, con suerte, nos independizamos de los sonajeros o, si se prefiere, nos construimos nuestros propios sonajeros… nos transformamos en dueños y señores de nuestras inquietudes. O… ¿quizá no?

Vivimos en la Cultura del Sonajero. Una fuerte influencia del mercado sobre los procesos de difusión del Arte provoca que se necesite incrementar constantemente alguna característica del ‘producto artístico’ difundido. Por tanto… estamos rodeados de sonajeros por todas partes. Tanto, que al final algunos artistas acaban por convertirse en caricaturas de sí mismos… rozando lo grotesco. Y quizá, esos mismos artistas podrían dar mucho de sí en términos artísticos —de hecho algunos ya lo hacen— sin embargo… se han sometido a la ‘ley del sonajero’… condenando a los consumidores de arte al infantilismo —por no desarrollar su capacidad de abstracción— y condenando también a su propia producción… ya que todo lo ‘sonajero’ está predestinado a ser efímero… ¿recuerdan? Cuando un niño ya ha interiorizado el sonajero… jamás vuelve a interesarse por él.

Lo mismo pasa con la Cultura, los medios de comunicación, etc… La deshumanización de la sociedad —el hecho de someterse únicamente a un modelo de funcionamiento mercantil— provoca que cada vez tengamos menos capacidad de abstracción; los ciudadanos cada vez estamos más alienados y se nos prepara para abordar un mundo altamente especializado sin abstracción de pensamiento alguna… todo va enfocado a la optimización de una productividad que, sin dejar de ser importante, se convierte en un cáncer metastásico… ya que acaba por realimentar el defecto de los ciudadanos —torpeza en su capacidad de abstracción— que dará fin en último caso a su propia razón de ser (la productividad en un mercado cultural no tendrá ninguna razón de ser si acaba estando rodeada de burros; una lástima… pero así es; si los burros dieran el mismo juego, no habría más que hablar).

Es precisamente por ello que nuestra productividad no es óptima… es, de hecho, más bien deficiente. Es algo evidente… no se es más productivo por trabajar más horas… si no por trabajarlas mejor. Menos horas, pero más productivas, mejor gestionadas.
Y esto afecta… evidentemente, a la Música.

Hay tres cancioneros altamente envidiables en el mundo… no son los únicos, pero sí es posible que sean los más extensos y ricos en lo que a música contemporánea —más o menos reciente— se refiere; a saber: el brasileño, el cubano y el norteamericano. Tres pilares fundamentales de la Música en el siglo XX y con total seguridad también del siglo XXI. Huelga destacar las virtudes del cancionero brasileño, cosa que ya hemos hecho en más de una ocasión y, probablemente, se hará más veces en el futuro; Los norteamericanos, como en todo, son capaces de lo mejor y de lo peor en el mismo paquete. Un buen ejemplo de ello es el festival ‘sonajero’ por excelencia de la industria musical norteamericana actual: MTV Video Music Awards. Sonajero tras sonajero. En nivel ‘sonajero’ es tal que incluso entra en una dinámica extremadamente Barroca… una dinámica de deformación total y absoluta en donde la Música pasa a un vigésimo séptimo plano, para dar lugar a toda una serie de códigos y usos que se articulan con el fin de mantener la atención de las amebas mórbidas lobotomizadas que reposan sus chiclosas nalgas frente al televisor. Juventud divino tesoro.

Cada movimiento producido en el ámbito mediático —incluidos los informativos— cada vez se desarrolla de manera más… ‘sonajera’… idiotizando aún más al espectador… por si no fuera suficiente. La pérdida de respeto por el espectador es total y absoluta… sin complejos. Y, la verdad sea dicha, el espectador —o ameba mórbida lobotomizada—, tampoco se hace respetar… por tanto es una pescadilla que se muerde la cola… un círculo vicioso, demasiado vicioso. ¿Por qué no se hace respetar? Evidente: educación. Brilla por su ausencia. La educación debe ser equilibrada e íntegra… cosa absolutamente utópica en la actualidad. Del sistema educativo no salen individuos librepensadores… sino carne para el mercado. Punto. Individuos altamente eficientes… sumisos —¿horas extras?… ¿qué es eso?— y sometidos al ‘así son las cosas’. Y no les falta razón. Así son. Pero siempre lo fueron también en el pasado, y hubo gente que mejoró lo que había. Tenemos lo que nos merecemos. ¿Será que nos lo merecemos? ¿es culpable alguien que no llega a desarrollar una capacidad crítica para razonar lo que sucede en su entorno?

Nuestro sistema educativo —decimonónico— aún respira… cuando debería haber sido reformulado de inicio a fin desde hace unos años ya. Se escucha con frecuencia… ‘la Educación es una mierda’, ‘cómo vienen los niños…’, ‘pero qué vergüenza de juventud’, etc… Sugiriendo que en el pasado, la educación fue mejor. La educación del pasado fue la educación que correspondía en ese tiempo y espacio concreto… el problema que tenemos es precisamente que estamos utilizando aquella misma educación en este tiempo y espacio que vivimos ahora y, por desgracia, dicho sistema demuestra ser altamente ineficaz en estas circunstancias. Por tanto… la educación basada en contenidos está siendo altamente dañina. No se trata de eliminar totalmente los contenidos… se trata de valorar lo que en verdad es necesario hoy: desarrollar destrezas; para lo cual se necesitarán unos contenidos… pero desde luego no son la piedra angular de la mejora del sistema educativo… de hecho, ahora mismo, son más bien una rémora.
Es frecuente encontrar razonamientos altamente pueriles incluso en la clase política… ¿cómo es eso posible? Es posible… porque el marketing dictamina que si se pretende llegar al cerebro del individuo ‘X’ habrá que hacerlo a través de un lenguaje que le llegue al susodicho. Por tanto, si el individuo es ‘perezoso’ en lo que a razonamiento se refiere… habrá que ponerse a su nivel… y no lo contrario, invitar a que el ‘perezoso’ se active de algún modo. Es una estrategia lógica de mercado… hay que lograr el objetivo… cuanto más esfuerzo le suponga al objetivo, peor. Y claro… así nos encontramos con la falta de razonamiento total y absoluta en la que estamos inmersos.

Pongamos un ejemplo. Se dice con frecuencia que: ‘hay una tremenda crisis de valores’.

Falso o, cuando menos, capcioso. Lo valores no están en crisis. Las vías, métodos o modos de transmitirlos a los ciudadanos sí. Puede parecer lo mismo, pero no lo es; y este detalle es de suma importancia. El ‘no matarás’ no está en crisis… ni mucho menos. Lo que sí está en crisis es ‘el modo’ de inculcar, difundir y educar ese ‘no matarás’. Hay varias formas de llegar a ese mismo valor: religión, filosofía, antropología, política, sociología… suma y sigue. La Razón a fin de cuentas. Hay valores que son intrínsecos a nuestra naturaleza humana, y el ‘no matarás’ es un ejemplo bastante neutro que puede servir de ejemplo perfectamente. Lo que atraviesa una crisis profunda y tremenda es el acercamiento al valor a través de la vía utilizada por el pensamiento religioso… eso sí atraviesa una profunda crisis:

(Del lat. crisis, y este del gr. ).
1. f. Cambio brusco en el curso de una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya para agravarse el paciente.
2. f. Mutación importante en el desarrollo de otros procesos, ya de orden físico, ya históricos o espirituales.
3. f. Situación de un asunto o proceso cuando está en duda la continuación, modificación o cese.
4. f. Momento decisivo de un negocio grave y de consecuencias importantes.
5. f. Juicio que se hace de algo después de haberlo examinado cuidadosamente.
6. f. Escasez, carestía.
7. f. Situación dificultosa o complicada.

Etimológicamente hablando, ‘crisis’, significa cambio. Y eso es lo que sucede en sentido literal, el modo de abordar los valores está cambiando… el modelo judeocristiano ha fracasado… nadie lo puso en jaque, sencillamente no se sostiene por sí mismo en los tiempos que corren. Paradójicamente, se hace indispensable destacar que la sofisticación en el proceso de alienación alcanza tales niveles que ya ni la estructura de alienación por antonomasia en nuestra cultura —la religión—, es capaz de adaptarse a los tiempos. En otras palabras… las personas siguen optando por casarse por la iglesia —la mayoría—… el problema, es que a los dos años se divorcian —si llegan—. Sin más.

¿Por qué el pensamiento religioso atraviesa esta crisis —cambio—? Curiosamente, las religiones —conservadoras por regla general— no han adoptado esa peculiar destreza de los intereses alienantes actuales: el sonajero. La sociedad actual pierde el interés en todo de una manera sorprendentemente rápida e irrevocable —casi como el niño con su sonajero—; sencillamente pierde interés cuando ya conoce algo —debido a la costumbre de la inmediatez del flujo de información—. Aunque un suceso sea relevante, no despertará un interés demasiado prolongado en el tiempo… por muy trágico que sea el acontecimiento… es igual… cualquier cosa que suceda tiene a partida sus días contados. Curioso. Y… peligroso. Las formas religiosas que sí han optado por el sonajero —especialmente en el continente americano, lugar donde el marketing es casi otro dogma— funcionan.

Pero este post no hace referencia al pensamiento religioso —ha sido un efecto colateral—… el objeto último y final es la Música y su industria actual.

En el último MTV Video Music Awards, algunos modelitos eran dignos de ‘sonajero’… sin duda.

Es el ir más allá… el ‘¿Qué hago para destacar que no haya hecho nadie antes aún?… ponerme un cubo amarillo en la cabeza?’… pues un cubo amarillo en la cabeza. No hay que darle más vueltas. Hay que dejar un sello distintivo que circule por los medios de todo el mundo… algo que genere tráfico y circulación de información por todas partes. Y funciona, claro. En caso contrario, no apareces con un cubo amarillo en la cabeza para recibir un premio. Curiosamente, hay quien se mete con el futbolista Carles Puyol —no me gusta el fútbol—, por acudir a la recepción de un premio ataviado como le viene en gana —indumentaria sport de su equipo—. Es posible que la periodista Ana Ureña que critica al futbolista, no criticara el ‘clasón’ de Katy Perry y su cubo amarillo… ¡es muy original! Y barroco… Aunque, probablemente, si alguien se preocupa por la vestimenta de un futbolista para recoger un premio (¿…?)… es posible que también se preocupe de la indumentaria de Katy… cosas veredes amigo Sancho. Es lógico pensar que le paguen para preocuparse por ese tipo de asuntos… es periodista.

Otro ejemplo es Lady Gaga, archiconocida por sus modelos… (vestido de carne, etc…) ¿no es eso rizar constantemente el rizo? ¿no es eso incrementar el sonajero una y otra vez?… Lo malo es que el sonajero, como en los niños, tiene un tiempo de vida… dura lo que dura… y al final,solo salva el paso del tiempo aquello que buceó de lleno en la abstracción de nuestro pensamiento y se convirtió en maduro… en eterno. Todo lo demás está predestinado a ser efímero… quedará en el tiempo como algo anecdótico desde luego, pero se perderá. Comerciamos por tanto con material predestinado a ser efímero… porque resulta inmediato, pero no duradero. Lo duradero en contrapartida no genera beneficios a priori pero, vaya por dios, es lo que resiste el paso del tiempo. Si la industria no está enferma… pues no sé yo entonces qué le pasa.

Pues eso… si esto no es barroco…

Vas a una gala… y entonces llevas una culebra en la mano… ¡pedazo de sonajero Justin!

La malograda Winehouse es otro buen ejemplo. No han pasado ni tres meses de su fallecimiento y ya se prepara un guión para su película. Negocio. Ni más, ni menos. ¿Qué era el pelo de Winehouse si no un sonajero —al igual que el resto de la indumentaria—?… ¿en qué se convirtió esta pobre muchacha si no en una caricatura de sí misma? La destrozaron. La condenaron en el preciso instante en el que la compararon nada más empezar con Billie Holiday¡pero qué crueldad! Comparar a la muchacha con un mito al que jamás alcanzaría con el único fin de vender. ¿Quién puede aguantar semejante presión sobre su trabajo? Especialmente si se trata de un trabajo artístico, extremadamente expuesto y sujeto a los designios de una marabunta caótica de emociones a flor de piel —la propia naturaleza de Amy—. Pues eso.

Vivimos por tanto en una cultura de esteroides, de apariencias, cada vez más barroca, llena a rebosar de sonajeros por doquier… en la Música, en el Cine, en la Política, en la televisión… por todas partes. Los sonajeros son útiles para generar una inercia inicial de venta pero, pronto, se desvanecen en cuestión de semanas… Los sonajeros son a la Música lo que una erección sexagenaria a las relaciones de pareja… necesitan de ayuda externa para aguantar un poco más pero, su carácter efímero es casi inevitable —salvando, seguro, alguna honrosa excepción a la regla—. Todo son sonajeros. Cultura del Sonajero… barroco del siglo XXI… siempre yendo más allá… el vestido más… la canción más… el solo más… Todo es un alarde de innovación, novedad o destreza… que, en cuanto deja de serlo, pierde todo su interés porque en sus fundamentos no hay base alguna. Todo lo que se vende es aire… unas veces buen aire, otras aire nauseabundo… pero aire a fin de cuentas. Todos nos sumamos a ese festival sonajero de lo efímero. Con la que está cayendo, tampoco está de más banalizar un poco pero… luego no nos quejemos… queremos caldo y nos dan veintisiete tazas. Es la diferencia entre la pornografía y la sexualidad… y el que no entienda esa comparación, que olvide este post… puesto que no tendrá la más mínima relevancia… tears in rain.

A veces tengo la sensación de que lo NO SONAJERO se quedó en momentos como este:

Es curioso… qué potencia extrema artística había sobre ese escenario. ¿Y grabando?… Scorsese. Casi nada. No hace falta ni dar nombres. Se han hecho infinidad de cosas desde entonces, pero esta actuación… esta canción en concreto, este momento final… es casi un símbolo crepuscular del final de una inercia artística desarrollada años antes a ese concierto. Claro… la despedida de The Band… todos se juntaron para despedirlos. Ese momento será eterno. Ni Winehouse, ni Gaga, ni Perry —por utilizar ejemplos de sonajero— serán capaces de reproducir JAMÁS un momento con tanta magia y potencia como este. Any day now… any day now… I shall be released… así que allá cada cual.