Time After Time

A ver si consigo explicarme… el paso del tiempo es inexorable… ¿qué somos nosotros en comparación con esa irremediable realidad? Nada. Nada y todo al mismo tiempo.

Nada, porque la prima de riesgo es ahora… nada porque especulación económica es ahora… nada, porque la guerra es un aquí y ahora… nada porque injusticia solo tiene sentido mientras es padecida por alguien, por tanto, depende directamente de un criterio espacio-temporal. Nada porque la injusticia, al ser ejercida, ya hace todo el daño que se espera de ella… no trasciende a lo largo de los años… lo que trascienden son sus consecuencias, las consecuencias de un sistema económico torticero, injusto y maquiavélico… ideado desde la vileza, la avaricia y nuestro lado oscuro. Ese mismo sistema, es presente… aún no podemos decir que pasó… que se convirtió en pasado… una vez que podamos decir semejante cosa —¿pasarán siglos?—… la pregunta es… ¿trascendieron más allá del tiempo los ardides económicos?… nah… nos afectan aquí y ahora… sus consecuencias nos afectarán a nosotros, a nuestros hijos y quizá a nuestros nietos; quizá no sufrirán directamente lo que sucede ahora… pero sí sus consecuencias y el ingenio de un sistema torticero.

Y… sin embargo… lo somos todo. Todo porque hay individuos que son capaces de trascender muy por encima de lo esperado… trascienden sus emociones, su forma de expresarse genera empatía a través del tiempo porque, con el paso de las décadas… conecta más a los humanos una expresión facial, una interpretación musical… que un puñado de iniciativas legislativas/económicas… por mucho que afecten al presente.

Somos nada y todo al mismo tiempo. Curioso. Y los valores que se transmiten a los demás, a los hijos, a los jóvenes… no son aquellos que permiten captar lo trascendental… son, precisamente todo lo contrario… los que desorientan, los que no te ayudan más que a salvar el culo aquí y ahora… a sobrevivir. Es comprensible, y tiene toda la lógica del mundo. Pero adaptarse al aquí y al ahora, jamás construirá un buen futuro o, mejor dicho, el futuro no será más que una mórbida y triste inercia inevitable… todo será un eterno aquí y ahora. De ahí que sea tan importante conectar con lo que verdaderamente trasciende el paso de los años. Minusvalorar el Arte no es más que un error que nos hace flacos favores.

Ya podrán pasar los años por nosotros, por nuestros padres, por nuestros hijos, por nuestros amigos… que, curiosamente… time after timehay cosas que se convierten en eternas de manera inevitable, inexorable e indefectible… pasan por encima de todo y todos… sin más. Incluso tipos adictos a la heroína y con menos dientes que tú y que yo. Cabría preguntarse… ¿dónde está la belleza pues? Allá cada cual.

Los niños y la Música

Al salir de La Casa de la Radio en Prado del Rey, después de la entrevista del otro día… Manel y yo, como de costumbre, nos pusimos a filosofar… ¡qué menos! La ocasión lo merecía. Claro, hablamos de nuestra primera vez en Radio Nacional, cómo no… pero al final acabamos hablando de niños. Entonces me acordé de que el otro día dejé pendiente un post acerca de la música brasileña dedicada a los niños. Hay mucho que contar ahí.

¿Qué pasa con los niños?… Hacerse esa pregunta es injusto o, cuando menos, un error… lo correcto sería… ¿qué pasa con los adultos? A fin de cuentas, los niños no son más que el reflejo directo de los adultos que tienen a su alrededor. Manque nos pese. Por tanto, si llegamos a la tesitura de preguntarnos… ¿qué pasa con los niños?, eso es que nosotros mismos a priori no debemos estar muy bien.

Cuando era niño, recuerdo perfectamente un sentimiento y reflexión que jamás me sacaba de la cabeza cada vez que me llevaban a cualquier casa ajena a la mía… amigos, familia, etc… ¿Qué habrá de interesante para un niño en ese sitio al que me llevan?… cualquier cosa me servía, un armario colorido, un cuadro, el suelo de colores, pegatinas en las ventanas, juguetes de mis amigos-primos, sus cajones… ¿qué tendrían esos cajones?! Menudas broncas me chupé por andar hurgando donde no debía! Lo hacía sin ánimo cotilla, la verdad sea dicha… quería ver… qué había de interesante allí… nada más. ¡Cotilla!

Otro sentimiento de infancia muy fuerte: tenía la sensación de que los adultos eran menos inteligentes que los niños; estaba convencido de ello. Eran mucho más despistados, se olvidaban de las cosas, se despistaban, sucedían cosas delante de ellos y no se daban cuenta… ¿pero qué les pasa?!… Pasa que están preocupados… pasa que tienen responsabilidades, pasa que te tienen a ti y que hay que darte de comer, vestirte, asearte, hacerte estudiar, ser capaz de contestar a tus preguntas de niño, quererte y, por el camino, intentar no olvidarse de ellos mismos. Pasa que la sociedad se vuelve hostil… demanda ocupar un lugar en tu tiempo y espacio… te aliena. Ser adulto es una movida. Nos pasamos la vida intentando alcanzar esa paz de espíritu, esa tranquilidad, esa felicidad que alcanzabas haciendo la cosa más trivial siendo niño… unos lo consiguen, otros se pierden por el camino.

Perder el contacto con la infancia es perder el contacto con tu propia niñez y, por extensión, contigo mismo. Hay personas que no son capaces de articular dos palabras con un niño… han perdido la costumbre! (cualquiera sabe bien a lo que me refiero, pasa con más adultos de lo que parece) Pero también fueron niños… ¿qué pasó? Pasa que entramos de lleno en la marabunta del mundo adulto y… y ni Peter Pan nos saca de aquí. No se trata de pretender vivir eternamente en la infancia… más bien de convivir con ella, de saber llevarla y reciclarla. Los niños son sorprendentes y eso, con frecuencia, se nos olvida a los adultos; y claro… luego nos preguntamos… ¿pero qué les pasa a los niños?

Ya quisiéramos los adultos tener la capacidad de aprendizaje y asimilación que tiene un niño… su plasticidad cerebral. Sin embargo, solo aventajamos a los niños en los contenidos de nuestro conocimiento, en todo lo demás nos superan con creces.

En eso… y en el control de las emociones… ellos, pobres, aún no han tenido tiempo de hacerse con ese endiablado mundo que tanto nos ayuda y tanto nos hace sufrir en el camino a los adultos. Es curioso como estos pequeños seres con una capacidad de aprendizaje insuperable disfrutan o sufren como si no hubiese un mañana. De ahí la importante de sus referentes vitales… muchos adultos se olvidan de eso. Por eso resulta grotesco ver a niños enfrascados en actividades artísticas de alto nivel o exposición como si fuesen monos de feria… los pobres articulan aquello para lo que se les ha adiestrado —sí porque… en ese momento su representación es mecánica, aún no puede ser emocional—. Esos despropósitos que a veces se ven por el mundo son un fiel reflejo de la empanada mental de los adultos a su alrededor… incluso de los que disfrutan viendo esas extrañas actuaciones. No se dan cuenta de que el arte o la interpretación artística va mucho más allá… tiene que ver con la abstracción del pensamiento, con la empatía, con el control o descontrol de las emociones… emociones menos primarias que las infantiles. Hay veces que no les dan tiempo a crecer… los adiestran y sueltan sobre un escenario como si tal cosa. ¿Pero cómo puede un niño saber lo que le pasaba por la mente a Bach, Beethoven, Hendrix o Holiday? Podrá ejecutar… pero, maldita sea… ¡dadles tiempo a sentir, crecer y aprender! Hay que hilar fino con los niños, sin duda. Hay adultos que aprovechan esa capacidad de aprendizaje que se tiene cuando se es niño para meter con calzador un aprendizaje que sí… será más efectivo iniciándose en la infancia, pero que inicialmente no pasará de mera ejecución, no interpretación. Para interpretar hay que entrar ya en el mundo de la abstracción y eso, hasta la adolescencia por lo menos, no se empieza a barruntar.

Conviene no olvidar que en la infancia se gesta TODO el futuro de una persona… en ella se construye la estantería mental en la cual se guardarán los libros a lo largo de edad adulta —el conocimiento, los contenidos—… construir en la infancia una estantería con las baldas torcidas, lo único que conseguirá será condenar por completo la capacidad de aprendizaje de ese individuo para el resto de su vida… en baldas torcidas los libros entran peor, se guardan peor. La acumulación de conocimientos en ese caso es menos óptima. Los niños DEBEN ser lo que son… niños. Sus propias inquietudes irán guiándoles tanto a ellos como a los padres. Por eso, en ocasiones ver a niños pequeños ejecutar de manera ejemplar algún instrumento, pieza u obra y comprobar sus inexpresivas caras infantiles de concentración, da un poco de coraje. ¡Vete a jugar niño! Que es lo tuyo. ¿Nadie se da cuenta de que el niño ejecuta pero no interioriza la abstracción de lo que hace? Si es tan fácil como dejarle crecer a gusto, sin más.

Su capacidad de inventar, imaginar, aprender, retener, razonar es sorprendente… muy superior a la de cualquier adulto. Carecen, eso sí, de contenidos académicos… ¡evidentemente!… no han tenido tiempo de acumularlos! La vida permitirá que con el tiempo los vayan acumulando pero, paradojas de la vida, al mismo tiempo que van conquistando ese terreno… se van alejando de su infancia, de su plasticidad… se van haciendo adultos, como el resto. Estamos encerrados en ese maquiavélico juego: siendo niños fuimos felices —por regla general— y nos pasamos la vida queriendo alcanzar esa misma felicidad de la cual disfrutamos… y por el camino, cuanto más crecemos, más conocimiento acumulamos, más vivencias, más saber… y más nos alejamos de aquello que fuimos. Lo que está claro es que no se trata de ser niños eternamente —el denominado síndrome de Peter Pan–, más bien de saber interpretar la infancia de uno mismo, convivir con ella y adaptarla a tu vida adulta. Esto me lleva a la siguiente pregunta… ¿pensamos que los niños son cortos?… ¿adultos en pequeño pero menos doctos?… ¿proyectos de adultos?… ¿qué son los niños?

Y aquí quería yo llegar. Una vez más la cultura musical brasileña es un buen ejemplo a seguir.

Brasil tiene aquello que podríamos denominar un subgénero dentro de su música muy interesante… música cuyo target está muy difuso entre la infancia y la edad adulta… algo muy peculiar. Canciones cuya estética y ademán es infantil pero que, en último caso, son auténticas perlas para adultos… para que esos adultos no pierdan el contacto con su propia infancia, para que sepan gestionar esa vida adulta y no se pierdan por el camino. Belleza pura, como cantaba Caetano.

Querría abordar una serie de ejemplos musicales que me acompañaron de niño… y me acompañan de adulto. Mi tiempo y espacio se ha visto tocado en infinidad de ocasiones por estos sones y letras que vienen a continuación.

En primer lugar, uno de los ejemplos más evidente: O Pato, de Jayme Silva y Neuza Teixeira —arreglado por João Gilberto, e interpretado aquí junto a Caetano Veloso—.

 

O Pato

*.- Es un pato más pequeño.

Grandes. Tan grandes que no puedo comentar gran cosa al respecto. Solo decir que esto es una canción, a priori, hecha con estética infantil… pero es evidente lo difusa que queda aquí esa característica ya que la calidad de la composición, de la letra, de la interpretación es de tal nivel que trasciende edades. En realidad es una sátira de los críticos musicales, una sátira en la que se quiso buscar este lenguaje peculiar en el terreno infantil. Y ahí está una de las claves de este subgénero, tal como se concibe por algún sector de la Música Popular Brasileña… una composición para niños con tanto nivel… que trasciende edades… ¿acaso no es eso respetar la infancia más allá de lo que se acostumbra? Las aptitudes infantiles —a pesar de carecer de contenidos académicos— son como un músculo… también necesitan ejercitarse para no anquilosarse y perderse a lo largo de los años… la capacidad de sorprenderse, de imaginar, esa plasticidad cerebral que nos permite estar abiertos al mundo. Si, por el camino, el compositor le suelta un guante blanco a unos supuestos críticos musicales… ¡que le quiten lo bailao!

Esa estética peculiar, utilizando onomatopeyas, aliteraciones, y demás figuras literarias no es arbitraria… se busca con toda premeditación y alevosía. El uso de animales en este tipo de canciones también es muy frecuente, se utilizan como un juego con los niños… un clásico que a nadie le resulta extraño. En este sentido, otro caso excelente para el análisis es el siguiente:El Leoncito de Caetano Veloso, O Leãozinho:

 

O Leaozinho

En la sencillez radica su belleza. Elegante, fino, luminoso… el Leoncito habla del hijo de Caetano, al parecer compuso esta canción cuando su hijo aún era un niño. Canción bellísima, y no por infantil menos bella.

Otro tema que comparte condición con los anteriores: Na Ilha de Lia, no Barco de Rosa —En la Isla de Lia, en el Barco de Rosa—, de Edu Lobo y Chico Buarque de Holanda:

 

Na ilha de lia no barco de Rosa

Esta misma pareja también tiene otra canción muy interesante en el aspecto que se analiza en este artículo: Ciranda da Bailarina (La Zaranda de la Bailarina),

 

Ciranda da bailarina

Todas estas letras son preciosas y bastante difíciles de traducir, dicho sea de paso… especialmente esta última. Difíciles en el sentido de intentar mantener intacto el espirito con el que se concibieron… en este último caso, una canción dirigida a todos los niños con dificultades… todos tenemos defectos, no pasa nada. La característica didáctica, como es obvio, siempre presente en estas canciones. Aunque en este caso más que didáctica, personalmente diría que se trata más bien de una ayuda emocional psicológica para los niños desfavorecidos.

Un ejemplo de Chico Buarque de Holanda bellísimo, Juan y María… una canción muy peculiar en la que Chico introduce un sentimiento prácticamente prohibido en casi todo lo que se compone para niños: la nostalgia. Un recurso que, cuando utilizado pensando en los más pequeños, se hace de manera pueril y desvirtuada. Este João e Maria es un ejemplo perfecto de cómo saltarse todas las reglas o esquemas preconcebidos. Una vez más, una letra muy difícilmente superable.

 

Joao e Maria

Con una letra de estas, el que se desarma es el adulto y no el niño! El niño en principio escuchará una canción de niños, pero difícilmente echará de menos su infancia… ¡aún está en ella!

Y cómo no… no podía faltar… una de las canciones infantiles más bellas que jamás se hayan hecho:

 

Aquarela

Filosofía pura. Reflexión vital total, empaquetada y envuelta para regalo!

Aquarela de Toquinho. Una letra colorida, fresca, llena de imaginación… Curioso… la unión de estas características siempre hace tender hacia el mundo infantil… después del desarrollo de este post, supongo que la razón es evidente… ellos tienen el frescor vital! Mantenerlo solo depende de cada individuo, de sus circunstancias y de cómo crece y envejece. Hay individuos con ochenta años más jóvenes que chavales de quince… es curiosa la vida.

Con todo, tengo la sensación de que las emociones de los niños están relativamente abandonadas porque los adultos hemos olvidado aquello que fuimos… niños. De alguna forma los hemos dejado solos en su despertar al mundo, porque nosotros ya despertamos y ahora mismo nos tienen demasiado ocupados intentando mantener a flote el barco. ¿Qué padre puede tener malas intenciones hacia sus hijos?… cabría preguntarse no en vano… ¿recuerda el padre/madre las emociones que experimentó al despertar a la vida, al ir descubriendo cosas, la realidad? Cuando la sociedad en la que vivimos exige tanto de nosotros, nos cosifica, nos aliena… ¿no es lógico que olvidemos con más facilidad esas emociones experimentadas en la infancia?

No son emociones infantiles… son emociones experimentadas en periodos vitales infantiles. Emociones humanas a fin de cuentas.

La sociedad se vuelve caníbal porque nosotros mismos permitimos que así sea. Sin embargo, estos compositores, estos músicos, estos intérpretes… quisieron poner su pequeño grano de arena para intentar difuminar esa barrera entre el sentir infantil y el adulto. El tiempo pasa, y por regla general hace callo… La habilidad, la destreza para vivir reside en cómo gestionar ese paso del tiempo. La vida a veces parece una eterna carrera hacia la felicidad, aquella que experimentamos siendo niños y, sin embargo, la solución la tenemos tan cerca que se hace invisible. Sí porque… después de todo… la vida es una cuestión de actitud. ¿No es acaso la actitud la que diferencia al niño del adulto? Actitud ante la vida, actitud ante las cosas.

Los niños somos todos… con la única diferencia de que el paso del tiempo y la memoria van nublando algunas cosas. Los niños no necesitan más que atención… cariño… afecto, contacto, aprender, descubrir… pautas, caminos a seguir, horarios —muy importantes al inicio, aunque no lo parezca—. Casi nada. A cambio, nos aportan algo que olvidamos… son la prueba palpable de que sí, la felicidad existe… claro que existe… pero con el tiempo la vamos dejando en el fondo del cajón; a veces nos olvidamos de dónde la guardamos décadas atrás… pero es tan real como la sonrisa de ese enano con el que te has cruzado o al que acuestas todas las noches en su cama.

Los niños y sus cerebros. Altamente cambiantes… aprendiendo a velocidades vertiginosas, en ocasiones —especialmente al llegar a la adolescencia— la velocidad de aprendizaje y crecimiento es tal que la revolución hacia el mundo exterior se hace inevitable… al volver de esa revolución… ¿dónde queda el niño que se fue? Crecemos olvidando aquellas aptitudes que teníamos siendo niños… aquellas actitudes… aquellas querencias infantiles. Recuperar esas destrezas es el camino a la felicidad. Realmente nunca se perdieron, solo hay que refrescarlas. He visto a personas que han recuperado hobbies de su infancia y… claro… se les ve felices. A fin de cuentas… ¿Cuál es el sentido de todo esto?… ¿cuál es el sentido de la vida? Si a un padre le preguntan… ¿qué quiere usted para su hijo?… ¿qué contestará?… parece evidente: que sea feliz.

Y así nos pasamos la vida… buscando la felicidad. Lo que me sorprende es lo desorientados que estamos a veces los adultos en ésa búsqueda cuando, por curioso que pueda parecer, la solución está en nosotros mismos… pero no en nosotros ahora… sino en lo que fuimos. La clave quizá está en recordar aquello que fuimos, que sentimos, el cómo nos divertimos aquella vez, aquel día, aquel beso, aquel bocadillo al salir del cole… no se trata de volvernos adultos infantiles… se trata de concebir nuestras fases vitales como un todo indivisible, pero dinámico, voluble, mutable… algo inevitable dado el paso del tiempo y el capricho de las circunstancias vitales de cada quien.

Dicho esto… atentos a la infancia… en ellos está el frescor vital. Es un espectáculo ser testigo de un crecimiento… de quién sea. El despertar a la vida, el descubrimiento, las sonrisas incondicionadas e incondicionales… la inocencia, la sinceridad de quien empieza a lidiar con las primeras emociones primarias. El espectáculo emocional humano. Es una pena que, por capricho de la avaricia y codicia humana, nos estemos deshumanizando; aquellos que definitivamente abandonaron ese regreso al redescubrirse a uno mismo… a encontrar su raíz vital, su felicidad, su punto de partida… van por la vida sin empatía alguna, priorizando y marcando objetivos más allá de sus límites. Ya lo decía Manuel Galán en el programa En La Nube de Radio 3 al finalizar…

Voy a pensar en un mundo en el que la economía esté al servicio del ser humano y no al revés, como nos pasa ahora… donde el beneficio real gire en torno al arte, que es lo que realmente importa (sic).

Manuel Galán dixit.

Manuel… a eso te respondo ¡amén!… y te diré que esos mismos que deshumanizan el mundo, pagan lo que hacen… y no por una justicia inmanente redentora… que va! es aún peor… es su propio inconsciente el que les hace pagar. Siendo niño el papel está en blanco pero… al crecer, algunos individuos se transforman en grotescas caricaturas de sí mismos… cuando quieren dar por sí —quizá ante un mal palo en la vida, como tantos que acontecen— se dan cuenta de que no se soportan a sí mismos… de que lo tienen todo y no tienen nada. Ahí sí, la vida se vuelve plúmbea y difícil de llevar… cuando te das cuenta de que no te soportas. Tenemos esa manía de minusvalorar el período infantil… y lo hacemos porque estamos más perdidos que nadie. Alienados. Cosificados.

Por tanto te doy toda la razón… el Arte es esa fotografía en el tiempo de la psique humana… sin Arte no nos conocemos, y si no nos conocemos… jamás nos encontraremos… andaremos perdidos por ahí, como esas caricaturas grotescas de las que hablaba.

Maldita sea… Esos locos bajitos… 🙂 será posible que en ellos esté la clave de todo y nosotros sin saberlo… (no solo de Brasil salen todas las perlas; aunque en este caso el tema no cumple el paradigma brasileño… más bien es una canción de adultos cantando a sus enanos, está claro!)

foto

Esos locos bajitos

**.- Todas las canciones las he traducido yo Luis Asiaín, por tanto asumo los errores que pueda haber. Si alguien detecta algo que lo diga!

Conclusión.- Sean felices y aprendan de los niños… no hay más que refrescar la memoria. Hay que respetar más la infancia porque de ella se puede aprender mucho más de lo que imaginamos… sencillamente estamos tan ocupados con nuestra vida adulta que no nos damos cuenta de que las cosas verdaderamente importantes… las estamos obviando… y a veces necesitan refrescarse. Ese refresco nos da salud mental y descanso, sin duda.

Los niños no son propiedad de nadie más que de sí mismos… ahora bien… son nuestra responsabilidad inalienable… ya lo decía Serrat: … Nos empeñaos en dirigir sus vidas/ sin saber de oficio y sin vocación/les vamos transmitiendo nuestras frustraciones/con la leche templada/y en cada canción.

Personalmente, creo que hay que tener más respeto por la infancia… o, si se prefiere, por el período infantil. Un momento tan crucial en la vida del ser humano no puede ser tan minusvalorado como lo hacemos en nuestra cultura. La mayor nota de corte en las universidades debería estar en las carreras de Magisterio. Nadie valora la labor incuestionable de los maestros… de ellos depende esa ‘estantería mental’ de la que hablábamos… unas baldas mal puestas y JAMÁS se recuperarán esos espacios… la capacidad de aprendizaje de ese individuo, futuro adulto (ingeniero, arquitecto, abogada, filóloga, barrendero, carnicera, pescador, productor, músico, periodista), habrá quedado comprometida y destinada para siempre. Evidentemente esto es extensible a TODOS los adultos, incluidos los padres. No por ser padre se debería tener carta blanca sobre el propio hijo… una concepción bastante simplista y retrograda de la paternidad ya que, en último caso, te debes a ese futuro adulto… aunque solo sea porque te quiere con locura. Pero claro… vivimos en una sociedad en la que se da por hecho que naces sin saber conducir un coche y te sacas un carnet para poder hacerlo… y al mismo tiempo se da por hecho que debes haber nacido sabiendo ser padre… ¿será eso cierto? El instinto sin duda lo tenemos… ¿nos ceñimos exclusivamente al instinto? Malo no será pero… estando en el siglo XXI… cabría suponer que ya no tenemos necesidad de reducirnos a lo meramente instintivo.

PD.- Evidentemente, todo lo reflexionado en este post estaba en nuestras mentes al hacer el séptimo corte de nuestro disco… Sapos y Ranas:

¿Y qué otra cosa podríamos tener en mente? Animales… onomatopeyas, aliteraciones, moralejas (las diferencias entre unos y otros son superadas por las emociones)… etc. Todo se reduce a lo mismo: más respeto. Hay que respetar más el periodo infantil. Los adultos no somos más que un desarrollo que parte de ese eje inicial. Allá cada cual.

Telenovelas

Hay cosas que los castellano-parlantes jamás entenderemos o, por lo menos, no están a nuestro alcance… una de esas cosas son: las telenovelas. Lo hemos intentado… pero nada… que no hay manera. Parece que la telenovela —o mejor dicho, la novela televisada— no es un género que se pueda cultivar en aquellos sitios en los que se hable castellano. Hubo alguna respetable excepción… pero sin mucha continuidad en el tiempo. En castellano, decir telenovela es sinónimo de basura total y absoluta. Una pena.
Los reyes de la novela televisada son, sin lugar a dudas, los brasileños. En esta cuestión no hay lugar a discusión. Claro que, para poder debatirlo, conviene conocer bien la diferencia entre las novelas televisadas en portugués o en castellano.
Para que nos entendamos, la diferencia entre una novela brasileña y una de cualquier otro país que produzca material en castellano —incluida España— sería la equivalente a esta comparación musical:


Demoledor.

Y las razones son tan evidentes que también resultan demoledoras. Hace décadas, en Brasil se consideró que su riqueza cultural —incluido el idioma— debería ser accesible para todo el mundo… incluido el individuo más abandonado de la favela más pobre del lugar. Las políticas del ministerio de cultura en general, a lo largo de estos años, han ido enfocadas a difundir, transmitir y culturizar a todas las personas… incluidas aquellas que se encuentran en condiciones más desfavorecidas. ¿Cómo puede un ministerio extender la cultura por estas personas?… evidente… la televisión. Décadas de arduo trabajo han dado su fruto, sin ningún lugar a dudas.

Los movimientos culturales procedentes de Brasil que percibimos los castellano-parlantes no son mera casualidad… son el fruto de un larguísimo trabajo… una constancia admirable, tenaz y contundente. Se podría decir que no todo lo que sale de Brasil es perfecto —también tienen mucha basura mediática, qué duda cabe— pero desde luego han hilado mucho más fino que el resto… y esto no es una mera afirmación, se puede demostrar y argumentar.

Brasil es admirable por infinidad de factores pero, sin duda, el cultural es uno de ellos. ¿Cómo es posible que el único país de habla portuguesa en el continente americano saque tanta ventaja al resto de países en algunos aspectos culturales? Habrá quién esté más de acuerdo o menos… pero la ventaja la tienen. ¿Por qué? Las políticas de cultura a lo largo de los años han tenido bastante que ver. Cierto es que en términos estrictamente literarios, todos los países suramericanos están muy equiparados… unos más, otros menos… pero en lo que atañe a hacer dicha cultura accesible a la gente sin formación… los brasileños se llevan la palma de oro.

En Brasil, se quiso hacer accesible dicha literatura a los ciudadanos, de otra manera… un buen ejemplo de ello —y mítico— fue Gabriela, cravo e canela (Gabriela, clavo y canela, de Jorge Amado). La telenovela era… precisamente eso… una novela televisada. El objetivo era conseguir transmitir aquella obra a las personas que no leerían un libro… pero sí se sentarían ante el televisor todas las noches para ver a la impresionante Sonia Braga —huelga decir que el público masculino moría por aquella Gabriela… ¡qué menos!—.

Ya lo dice el primer comentario del youtube sobre este último vídeo: quando uma mulher consegue ser bonita com o sovaco peludo é porque ela é bonita de verdade. Encima y por si fuera poco la banda sonora de Antonio Carlos Jobim —nada más y nada menos— daba aún más enjundia a la teleserie… una delicia que disfrutaron brasileños y portugueses como niños pequeños.

Tanto, que mi madre me contó que cuando se emitía la serie Gabriela, clavo y canela en Portugal, de 20:30 a 21:00 en 1975/76, los diputados de la Asambleia da República —lo equivalente en Portugal al congreso de los diputados— paraban la sesión para hacer un descanso y ver el capítulo de la serie. Esto es verídico, cualquiera que tenga relación con un portugués que anduviera por Portugal en esa época podrá confirmar este asunto. Los portugueses, dicho sea de paso, han sentido en sus carnes estas telenovelas como si les fuera en la sangre… y en cierto modo así era. La unión de Brasil y Portugal va más allá del idioma… y que nadie lo dude, las telenovelas brasileñas han hecho mucho por esa unión. Desde que empezaron, jamás han dejado de ser emitidas en el país vecino… cualquiera podrá confirmar este asunto.

Los niños, por ejemplo, disfrutábamos de una obra archiconocida… O Sitio do Picapau Amarelo —el Sitio del Pájaro Carpintero Amarillo—. En los créditos se podía leer… Adaptação da obra de Monteiro Lobato… y música de… ¡Gilberto Gil! (prometo elaborar algún día un post sobre la música brasileña dirigida al público infantil… de lo mejor que se ha hecho sin lugar a dudas!!)

Pero lo mío… es más algo personal con una maravillosa e inolvidable telenovela… Roque Santeiro. Solo recordar ese nombre me trae a la memoria mi infancia al completo como una avalancha. Es muy difícil explicar los matices de estas series… pero, en definitiva, hablamos de teatro… puro teatro… arte, unos actores como los que no hay en ningún sitio. El idioma limita puesto que no es inglés o castellano y, por tanto, no se aprecia en plenitud a estos figuras más que en los países de habla portuguesa… pero pongo la mano en el fuego, no hay actores como los brasileños; no sé si es por una cuestión de haber cultivado el género desde hace mucho tiempo, no sé si es por una cuestión de formación… pero no hay actores más sinceros, verosímiles y buenos que estos tipos. Una vena cómica muy peculiar, propia de la cultura brasileña, deliciosa… una imaginación muy sobresaliente. Dan mil vueltas a todo pero, no sé si por suerte o desgracia… al final los únicos que disfrutan de estas cosas son los propios brasileños o portugueses. Doblar a un actor/actriz brasileña es como tener sexo utilizando siete preservativos al mismo tiempo. En serio.

Y claro, para captar los matices… también es necesario tener un dominio potente de la cultura y el idioma. Al igual que para hacerlo con la música, la bossa, etc. Es una lástima, porque medio mundo no sabe lo que se pierde. Con la música es relativamente más fácil… a fin de cuentas, una canción no deja de ser un lenguaje universal —más o menos—. El hecho de que Aguas de Março esté en portugués, no es impedimento para que acabase siendo convertida en estándar de jazz… eso sí… al final, siempre se acaba traduciendo… incluso teniendo en cuenta que una canción se hace y concibe para un idioma en concreto. Es lo que hay.

En el último capítulo de Roque Santeiro… Brasil se paralizó. Lo mismo sucedió con Portugal. Era otra historia. En el resto de países de Suramérica intentaron lograr el mismo éxito que las novelas brasileñas pero nada… burdos sucedáneos de las originales. En otros países no se supo orientar la producción de este formato. Y, además, hay que tener en cuenta que costó mucho tiempo y esfuerzo consolidar esta industria en Brasil… pero nada sucede por casualidad o, al menos, no en este caso.

Aquellos burdos sucedáneos pudieron ser Cristal, por ejemplo —del mismo año que Roque Santeiro—…

Esto solo se puede detectar si se ha sido testigo de AMBAS novelas… hoy, casi treinta años más tarde… no hay duda. Ni color. Las diferencias de calidad en términos interpretativos, de argumento, de presupuesto, artístico, musical, etc… son descomunales. Tanto, que me decidí a escribir este post porque, con el paso de los años, sigo sorprendido con las diferencias. Aquel germen inicial estableció dos paradigmas para emitir novelas televisadas: el cutre y el bueno.
Los programadores en España y otros países de habla castellana, en aquel preciso momento se dieron cuenta de que las diferencias eran abrumadoras, e intentaron algún conato de entrar en el ‘mercado’ de telenovelas brasileñas… ¿alguien recuerda Dona Beija?

Pero claro… como no… ¡se dobló! Cagada descomunal, como de costumbre.

Se cargaron la serie como está mandado. Y las series brasileñas desde entonces no tuvieron gran difusión gracias a la feliz ocurrencia del doblaje. También se ha doblado Terra Nostra, actualmente está siendo emitida en algún canal que no recuerdo… exactamente el mismo estropicio que con Dona Beija. Sin complejos.

Por tanto, tengo la sensación de que ese peculiar mundo de las telenovelas brasileñas, auténticas obras de arte en ocasiones, antítesis del concepto ‘telenovelesco’ que tenemos en castellano, será siempre agua y aceite. Jamás podremos disfrutar de los aciertos de la industria brasileña en ese terreno… ¡ojo! Que no todo han sido aciertos… hay mucha morralla, ya que con los años la industria se consolidó de tal manera que se han producido cosas de todo tipo, pero desde luego… el terreno del arte dramático es terreno brasileño. Y de tantas otras representaciones artísticas, qué duda cabe.

Por aquí, en nuestras producciones… creo que no hemos sabido hacer lo mismo que los brasileños. En mi modesta opinión sí hubo un muy respetable caso… Los Gozos y las Sombras, ahora disponible online gracias a la maravillosa página de RTVE. Una adaptación de la novela de Gonzalo Torrente Ballester. Muy buena adaptación, en mi opinión.

En aquella época se hacían cosas muchísimo mejores que las que se hacen hoy día… menos recursos sin duda… aplicados de manera más honesta. Es esto, quizá, lo que echo más de menos… la honestidad en la producción de contenidos. La misma que me he encontrado en The Wire*, salvando las distancias espacio-temporales. Estos contenidos en el fondo, son un fiel reflejo del pie del que cojea la sociedad en ese momento. Aquí hemos cedido el espacio televisivo a las hienas… al comercio, a la basura. Los brasileños se reservaron su pequeño derecho a difundir cultura hacia todos los sectores de la población… sin olvidarse de nadie. Funciona en unos casos, no funciona en otros… perfecto… pero algo hace.

Me despido con el Hombre Lobo de Zé Ramalho… aquel momento de la telenovela Roque Santeiro de la cual nos acordaremos muchos que por aquel entonces eramos niños… coincidía con la época del Thriller de Michael Jackson… y claro… la imaginación echaba a volar!!

Misterios da meia noite…

*.-Pd.- Decidí escribir este post a raíz de ver una de las mejores series que he visto en los últimos tiempos… The Wire… altamente recomendable. Alguno pensará… ¿y qué tendrá que ver una cosa con la otra? A buen entendedor pocas palabras bastan. Si se hace necesaria la explicación, mejor me la guardo… porque no merece la pena.

Triolocría en El País

El proyecto Triolocría es mencionado hoy en el diario El País

Fernando Navarro firma hoy un reportaje en el diario El País (incluida edición impresa) en el que nuestro proyecto es mencionado.

Reportaje: “Compartir la Música para defenderla

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Compartir/musica/defenderla/elpepisoc/20110518elpepisoc_1/Tes

La frase con la que finaliza el reportaje: “Están juntos los editores y autores. Y eso es como meter a los pájaros y las semillas en el mismo saco, negando la realidad”, pertenece al siguiente documento:

Gracias a Jorge Otero de Stormy Mondays y al propio Fernando Navarro por contar con nosotros para este reportaje!!!!!!!

Jorge Otero (Stormy Mondays): http:www.stormymondays.com

Twitter de Stormy Mondays: http://twitter.com/stormymondays

Fernando Navarro (El País – La Ruta Norteamericana): http://lacomunidad.elpais.com/ruta-norteamericana/posts

Twitter de Fernando Navarro: http://twitter.com/fernavarro17