P.I.G.S. cerdos miserables

Estoy un poco har­to del pris­ma con el que se mira a los paí­ses últi­ma­men­te. Creo que es cap­cio­so, tor­ti­ce­ro, malin­ten­cio­na­do, estú­pi­do, absur­do, pres­cin­di­ble, y pro­pio de men­tes estre­chas. Gene­ra­li­zar es nefas­to… pero hacer­lo enci­ma uti­li­zan­do cli­chés ran­cios es estú­pi­do.

Y en esas anda­mos por Europa. 

PIIGS… (pigs = cer­dos en inglés) así nos lla­man por ahí. Cer­dos: Por­tu­gal, Irlan­da, Ita­lia, Gre­cia y Espa­ña. Acró­ni­mo resul­tan­te de las siglas en inglés. Cerdos.

Resul­ta curio­so com­pro­bar cómo paga­mos siem­pre jus­tos por peca­do­res… de tal for­ma, que los cli­chés se extien­den y per­du­ran como si tal cosa. Los cer­dos, son paí­ses con un nota­ble pasa­do migra­to­rio. ¿Por qué ha exis­ti­do tan­ta migra­ción? Por­que hemos sido mise­ra­bles… pobres. El que lo quie­ra reco­no­cer que lo haga y el que no, es su pro­ble­ma. Hemos pasa­do ham­bre… mise­ria… y no hace tan­to. Hemos sido unos cer­dos mise­ra­bles, qué duda cabe.

Cuan­do un cer­do mise­ra­ble salía de su país dejan­do atrás a la fami­lia —como hacen muchos cer­dos mise­ra­bles actual­men­te— lo hacía para trabajar…duro… para con­ver­tir­se en mula de car­ga, sin hora­rios. Una vez más, el que no lo recuer­de, allá él… que eche un vis­ta­zo alre­de­dor y pue­de que, con suer­te, aún pue­da encon­trar a otros cer­dos mise­ra­bles hacien­do lo pro­pio pero para noso­tros. C’est la vie.

Pero resul­ta que los PIIGS, aque­llos que fue­ron cer­dos mise­ra­bles, son vagos… mara­vi­llo­so cli­ché que, supon­go, debe chi­rriar en los oídos de muchas madres y padres cer­dos que no son capa­ces de con­ci­liar su vida labo­ral con la fami­liar. Por­que es impo­si­ble. Pero eso sí… son unos vagos. Diría más… el per­fil de cada país ha que­da­do redu­ci­do a un úni­co fac­tor: ser sol­ven­te o no. Aca­bá­ra­mos.

Noso­tros, que un día fui­mos cer­dos mise­ra­bles, aho­ra somos unos vagos… en tiem­pos éra­mos tra­ba­ja­do­res, pero aho­ra somos unos vagos. Sí por­que yo miro a mis ami­gos y fami­lia­res, y veo en todos ellos a una pan­da de vagos y malean­tes… no me cabe la menor duda. Pero cuan­do veo a la cla­se polí­ti­ca de los otro­ra cer­dos mise­ra­bles me doy cuen­ta, la ver­dad sea dicha, de que son per­so­nas de repu­tación impo­lu­ta, de una altí­si­ma cata­du­ra moral, y de una capa­ci­dad de tra­ba­jo por enci­ma de la media. Has­ta los pre­si­den­tes de gobierno en Espa­ña saben inglés, herra­mien­ta bási­ca en el mun­do diplo­má­ti­co. Y domi­nan el idio­ma por­que se lo han curra­do, como los demás.

Los PIIGS, en cier­to modo víc­ti­mas de su pro­pia mugre ges­to­ra, tie­nen que comer­se a dos carri­llos los cli­chés que cir­cu­lan por doquier… por­que sí… por dog­ma, por­que así son las cosas… por­que si se es un vago y malean­te por­que un peque­ño sec­tor pri­vi­le­gia­do de la pobla­ción ele­vó el fenó­meno «nue­vo-rico» al paro­xis­mo… pues aho­ra todos a pagar por ello. Por­que ade­más de cer­dos y mise­ra­bles somos imbé­ci­les. Claro.

Pero… es curioso…

Me pon­go a ana­li­zar otro tipo de pará­me­tros… aque­llos que nos hacen huma­nos, polié­dri­cos, tri­di­men­sio­na­les, reales… y hay cosas que me resul­tan, cuan­do menos, cho­can­tes. Al menos en Euro­pa, si nos pone­mos a juz­gar el pará­me­tro emo­cio­nal de los pue­blos… aun­que sean mise­ra­bles y cer­dos… sor­pren­de ver que, al menos a mi jui­cio, a los PIIGS pare­ce que por las venas les corre san­gre, y no hor­cha­ta. Cosas que pasan. Son cosas que no dan de comer. Bueno… o sí. De vagos y malean­tes están lle­nas las gale­rías de Arte… de tulli­dos, de tras­tor­na­dos, de esqui­zo­fré­ni­cos, de mise­ra­bles de solem­ni­dad. Y por lo que pare­ce, con sus obras y crea­cio­nes aho­ra comer­cian un sin­fín de gen­tes de bien que, por supues­to, de cer­dos y mise­ra­bles no tie­nen nada. El Arte… tie­ne estas cosas. Per­dón… la indus­tria del Arte, qui­se decir.

Pero pare­ce que los pue­blos que­da­mos redu­ci­dos a un mero cri­te­rio de sol­ven­cia y cua­tro o cin­co cli­chés ane­jos. Aun­que lue­go para comer­ciar con el fru­to y crea­cio­nes del per­so­nal, ya mida­mos el asun­to de otra mane­ra. En cual­quier caso y a todos los efec­tos, somos una pan­da de vagos y malean­tes. Nues­tros polí­ti­cos no. Noso­tros sí. Nues­tros polí­ti­cos y ges­to­res, que en la prác­ti­ca son ladro­nes, hipó­cri­tas, men­ti­ro­sos, dro­go­de­pen­dien­tes, anal­fa­be­tos, psi­có­pa­tas (per­fi­les de empa­tía 0), trai­do­res… cons­pi­cuas pero sinies­tras y tru­cu­len­tas masas cár­ni­cas de seres de men­te cap­cio­sa, zafia y cíni­ca… no son vagos y malean­tes, el res­to sí. Sí por­que… a fin de cuen­tas, noso­tros lo úni­co que hace­mos es inten­tar pagar los impues­tos —si no lo haces, ya se toma la admi­nis­tra­ción la liber­tad de embar­gar tu cuen­ta ban­ca­ria, por aho­rrar­te el trá­mi­te—, inten­tar tra­ba­jar, hacer­lo de fac­to si tie­nes la suer­te de tener un tra­ba­jo; tra­tar de sacar ade­lan­te a tus hijos, fami­lia, etc… ; meter­te en casa, ser bue­na per­so­na, o al menos inten­tar­lo… Pero eres un puto vago y malean­te. Por­que sí. Por­que todo el sis­te­ma que está por enci­ma de ti está ges­tio­na­do por por­que­ría elec­ta; ¡sí! Por­que esa es otra… a ver si enci­ma te vas a que­jar… vives en una demo­cra­cia y no lo cues­tio­nes… aquí tie­nes un pla­ti­to con heces de vaca y aquí tie­nes otro con heces de burra… ¡eli­ge cobar­de! Eres libre de hacer­lo, mal­di­to cer­do mise­ra­ble. Amén.

El obje­ti­vo es des­tro­zar nues­tra auto­es­ti­ma. El negro escla­vo secues­tra­do en Áfri­ca hace siglos era el cul­pa­ble de ver­se en seme­jan­te situa­ción… ¡evi­den­te­men­te! Por­que era un sal­va­je, por­que era más débil que una bala en el entre­ce­jo, que el láti­go en el lomo, o la soga en el cue­llo. Cla­ra­men­te la cul­pa era suya. Por­que tam­bién era un vago y un malean­te. Es públi­co y noto­rio que en Áfri­ca no tra­ba­jan por­que son unos vagos… su cla­se polí­ti­ca, mili­tar y ges­to­ra, no tie­ne nada que ver en el asun­to. Sen­ci­lla­men­te son sal­va­jes, vagos y malean­tes. Y como no están edu­ca­dos, la cul­pa es suya. Por burros. Por­que el que no ha teni­do acce­so a la edu­ca­ción, es el cul­pa­ble direc­to de su mise­ria… por vago.

¿Qué tie­ne todo esto que ver con la Música?

Sen­ci­llo… las expre­sio­nes artís­ti­cas son el canal de las emo­cio­nes de los pue­blos, de su com­ple­ji­dad, de su capa­ci­dad de abs­trac­ción… esa capa­ci­dad de gene­rar men­sa­je emo­cio­nal, de crear belle­za, es un intan­gi­ble… un intan­gi­ble que no se paga con dine­ro y no se mide con pri­mas de ries­go (por suer­te para unos, por des­gra­cia para otros). Hay cosas que los mer­ca­dos no dan… a veces ni la uni­ver­si­dad… Quod Natu­ra non dat, Sal­man­ti­ca non praes­tat. Lo dan los siglos, el tiem­po, la His­to­ria, los años… el sufri­mien­to, lo bueno y malo en la gené­ti­ca de las socie­da­des. Sí por­que… a fin de cuen­tas, con­ven­dría no olvi­dar que por las venas, repi­to, corre san­gre… y no se tra­ta de res­ca­tar el mani­do y mise­ra­ble dis­cur­so de la «pasión medi­te­rrá­nea»… pero mal­di­ta sea… menos tocar las nari­ces con lo de vagos y malean­tes, que bas­tan­te nos toca ya sufrir­los en los con­se­jos de admi­nis­tra­ción de cor­po­ra­cio­nes, ban­ca, con­gre­so, sena­do, casa real, etc… Que por mucho repe­tir lo de «vagos y malean­tes», no cam­bia­re­mos la reali­dad… los que lo son, lo son, y los demás son víc­ti­mas de los vagos y malean­tes del rei­no… y el que quie­ra que lo vea. Que en este país nues­tro —y pro­ba­ble­men­te en el res­to de cer­dos igual— uno no se hace rico tra­ba­jan­do de sol a sol… a lo sumo con­se­gui­rá algu­na her­nia, lesión o depre­sión. Rico se hace el que roba, esta­fa, mal­ver­sa, defrau­da, entra en polí­ti­ca, pega el bra­gue­ta­zo, etc…

Vivi­mos en un país en el que un delin­cuen­te menor pue­de enca­de­nar con­de­nas has­ta los 35 años, y otros, por otros deli­tos no menos impor­tan­tes —cau­san­do cár­cel injus­ta a ino­cen­tes— son indul­ta­dos por los san­tos pebocks de alguien —sin dar expli­ca­cio­nes a la «cer­da­nía mise­ra­ble»—. Pues muy bien. Obser­van­do la His­to­ria, la úni­ca con­clu­sión que uno pue­de sacar es que estas cosas no sue­len aca­bar bien… los que andan jugan­do con masas mori­bun­das y alie­na­das al final se sue­len que­mar… con fre­cuen­cia en el pasa­do aca­ba­ron mea­dos y lin­cha­dos en medio de algu­na pla­za públi­ca. Suer­te que tie­nen algu­nos de que sea­mos algo más civi­li­za­dos que en el pasa­do. Aun­que me temo, por des­gra­cia, que inclu­so el civis­mo tie­ne lími­tes. Vere­mos a ver cuan­do el ham­bre de ver­dad empie­ce a fus­ti­gar estó­ma­gos… sobre todo los estó­ma­gos de los hijos de uno… a ver hacia don­de tira el civis­mo. Igual los cer­dos mise­ra­bles, vagos y malean­tes, empie­zan a com­po­ner el mobi­lia­rio de casa… que aun­que no haya para comer, al menos que la casa esté lim­pia y orde­na­da. Algo de dig­ni­dad que­da­rá —entre los cer­dos mise­ra­bles, no entre las «gen­tes de bien» que osten­tan poder cla­ro… esos nun­ca han per­di­do dig­ni­dad algu­na; habría que tener­la en pri­me­ra ins­tan­cia para poder per­der­la—.

Los cer­dos mise­ra­bles de Por­tu­gal, el país vecino, hacen cosas de estas:

Pero bueno… su pri­ma de ries­go (spread) está en 1122 (9 de enero de 2012) pun­tos bási­cos… por tan­to, son eso… una basu­ra insol­ven­te que vale lo que vale. No hay más reali­dad que esa. Sus jóve­nes no valen un cara­jo —por­que son vagos y malean­tes—, no quie­ren ni tra­ba­jar ni estu­diar y recien­te­men­te su pro­pio pri­mer minis­tro ya les acon­se­jó sabia­men­te a mar­char­se del país… por­que allí, sen­ci­lla­men­te, no tie­nen futu­ro. Por­que ellos, de hecho, pare­ce que no son futu­ro para nadie —supon­go que es lo que tie­ne en men­te el señor Pas­sos Coelho, el ilus­tre paya­so que hace las veces de títe­re por tie­rras lusas—.

Los cer­dos mise­ra­bles de Irlan­da hacen cosas como estas:

 

Same old story

Otros que tie­nen mucha expe­rien­cia dejan­do su tie­rra, como la pro­pia can­ción indi­ca. San­gre en las venas tie­ne el señor Paul Brady… ya es más que muchos. En cual­quier caso, más cer­dos miserables.

Los cer­dos mise­ra­bles de Ita­lia, hacen cosas como estas:

Ennio Morri­co­ne. Nah… basu­ra. Eso sí, ideal para hacer una pre­sen­ta­ción en Power Point para enviar a los ami­gos por email… «Mi via­je a Nepal»… acom­pa­ña­do con esta músi­ca bara­ta ita­lia­na da mucho jue­go. Típi­co correo cutre que cir­cu­la con una lis­ta inter­mi­na­ble y abier­ta de correos elec­tró­ni­cos. Pero poco más. No es que este mate­rial refle­je emo­cio­nes, un sen­tir, una for­ma de pen­sar y ver la reali­dad… para nada. El pue­blo ita­liano es cer­do y mise­ra­ble. Su cla­se polí­ti­ca no tie­ne cul­pa de nada… ¡qué otra cosa podrían hacer los polí­ti­cos con una socie­dad tan vaga! No les que­da­ba más alter­na­ti­va que ser corrup­tos y enri­que­cer­se a cos­ta de los ciu­da­da­nos vagos. Esta­ban entre la espa­da y la pared. Es comprensible.

Algu­nos cer­dos mise­ra­bles grie­gos hacían cosas como estas:

O esto:

O esto:

Mous­ta­ki o Van­ge­lis. La ver­dad es que con una pri­ma de ries­go por enci­ma de los 3381 (9 de enero de 2012) pun­tos bási­cos… ya pue­den hacer el pino puen­te, que de nada les ser­vi­rá. Sí por­que, a fin de cuen­tas, Gre­cia no es más que eso… un país sien­do expo­lia­do des­de fue­ra y des­de den­tro… ¿cul­pa­bles? como no, los ciu­da­da­nos, por vagos y estú­pi­dos. Si el tra­ba­ja­dor de turno tra­ba­ja­se como lo hace un escla­vo chino —tra­ba­ja­do­res don­de los haya— pues otro gallo can­ta­ría. Todo el mun­do sabe que los nór­di­cos son igual de tra­ba­ja­do­res —o más— que los chi­nos a don­de han des­pla­za­do par­te de su indus­tria. En par­te por eso la indus­tria euro­pea ha deci­di­do tras­la­dar­se allí… por­que son tan, tan tra­ba­ja­do­res que les sobra el tra­ba­jo!! Por eso han deci­di­do, por cues­tio­nes huma­ni­ta­rias, des­pla­zar pro­duc­ción a Chi­na… for­ta­le­cien­do de ese modo el teji­do indus­trial euro­peo, como bien es sabido.

Y los espa­ño­li­tos… por des­gra­cia… ahí esta­mos, hace­mos cosas que no valen para nada:

Esta­mos tan alie­na­dos que pro­ba­ble­men­te muchos jóve­nes no ten­gan ni la más remo­ta idea de lo que es esto… de quién fue el maes­tro Joa­quín Rodri­go, de lo gran­dio­so que es el Con­cier­to de Aran­juez, etc. Bah… cho­rra­das. En el fon­do es eso, no somos más que una pan­da de vagos… yo veo a mi fami­lia y ami­gos, tra­ba­jan­do en un sis­te­ma en el que se les paga mal y por supues­to no se reco­no­ce hora extra algu­na (exis­tien­do legis­la­ción al res­pec­to y estan­do el tra­ba­jo regu­la­do en este país), y me doy ver­da­de­ra­men­te cuen­ta de que son una pan­da de vagos. Por­que lo son. Yo mis­mo, he paga­do duran­te años más impues­tos que muchos, y no que­da ni el dere­cho a paro… ese es el valor de gene­rar empleo (poca cosa, pero tenía un empleo a mi car­go). Aun­que mi caso no sir­ve de ejem­plo por­que ya lo decía un tío mío: «¡Pero si tú eres un mise­ra­ble! Debe­rías dar­te con un can­to en los dien­tes por con­se­guir que un ayun­ta­mien­to te mal pague por una actua­ción». Pero bueno, yo siem­pre fui un vago e irres­pon­sa­ble niño de papá (mima­do, para col­mo), de modo que en ese sen­ti­do no puedo/debo decir nada. Supon­go que la vida la debo tener ya resuel­ta. Digo yo, no sé.

Cier­ta­men­te, no somos más que un puña­do de cer­dos… PIGS… y no vale­mos más que lo que desig­ne nues­tra frau­du­len­ta sol­ven­cia. Y no he que­ri­do hablar de Fran­cia… que, cual­quie­ra diría… pare­ce que el sur de Fran­cia no per­te­ne­ce al Medi­te­rrá­neo… me pare­ce a mi que por allí tam­bién se andan hacien­do los sue­cos. Tiem­po al tiem­po. Pero cla­ro, meter la «F» en PIIGS ya no da tan­to jue­go para tachar de cer­dos al per­so­nal. Supongo.

Pero aho­ra ya las «gen­tes de bien» y los pro­fe­sio­na­les… aque­llos que no son vagos, ya están dise­ñan­do la solu­ción des­de hace tiem­po. En Gre­cia ya lle­van meses apli­can­do escru­pu­lo­sa­men­te lo que se dic­ta­mi­na des­de Euro­pa y les va bas­tan­te bien. En bre­ve sal­drán de la cri­sis. Lo mis­mo pasa con Por­tu­gal, han hecho un gran esfuer­zo para cum­plir al milí­me­tro lo que se les ha exi­gi­do y cada vez les va mejor (aun­que su pri­mer minis­tro ins­te a los jóve­nes a lar­gar­se de allí, eso es peca­ta minu­ta, deta­lle sin mayor trans­cen­den­cia, espe­cial­men­te, vinien­do de un pri­mer ministro).

Como con­ti­nue­mos sien­do tan vagos —que los ciu­da­da­nos, repi­to, lo somos, los polí­ti­cos no—, nos vamos a ente­rar. Ahí que­da eso, allá cada cual.

De mujeres y Fado

Para los afi­cio­na­dos al cine, qui­zá no les sea extra­ña la rela­ción entre las gran­des «popo­la­nas» del cine ita­liano, Anna Mag­na­ni y Sofia Loren.

Ambas muy que­ri­das en Ita­lia, tie­nen per­fi­les simi­la­res y qui­zá com­ple­men­ta­rios, pero en nin­gún caso igua­les. El tér­mino popo­la­na, se uti­li­za­ba en el neo­rrea­lis­mo ita­liano para desig­nar a una mujer del pue­blo... aque­llas muje­res que más bien pare­cían mulas de car­ga por lo que las cir­cuns­tan­cias vita­les exi­gían de ellas en los duros tiem­pos por los que Ita­lia atra­ve­só a media­dos del siglo pasa­do. En cier­to modo, estas dos popo­la­nas eran com­ple­men­ta­rias... cier­to es que ambas repre­sen­ta­ban per­fi­les exu­be­ran­tes de mujer... more­nas de piel sua­ve... vigo­ro­sas y de carác­ter muy fuer­te... con todo, Mag­na­ni tenía un ros­tro no tan deli­ca­do como Loren, cosa que le con­fe­ría un rea­lis­mo más creí­ble y, a la pos­tre, pasar a la his­to­ria por esce­nas como esta:

La Loren, por su par­te, tuvo algo más de pro­yec­ción ya que, Car­lo Pon­ti no solo la des­cu­brió allá por la déca­da de los cin­cuen­ta, sino que ade­más se con­vir­tió en su mari­do. Este peque­ño deta­lle, le gran­jeó a Sofia Loren una mayor pro­yec­ción que a la Mag­na­ni, con quien en varias oca­sio­nes se dispu­taba pape­les. Tan­to es así, que la que con­si­guió una pro­yec­ción más poten­te en Holly­wood fue Loren y no Mag­na­ni. Por si fue­ra poco, «Nan­na­re­lla» –o sea, La Mag­na­ni– tuvo una tor­men­to­sa rela­ción con Rober­to Ros­se­lli­ni, quien la aban­do­na por el belle­zón nór­di­co Ingrid Berg­man. Por tan­to, La Mag­na­ni no solo tenía una belle­za con­tun­den­te con la que el públi­co empa­ti­za­ba al ins­tan­te, sino que ade­más fue sona­da­men­te despechada.

Quién lea estas líneas se pre­gun­ta­rá... ¿qué dian­tres tie­nen que ver estas famo­sas popo­la­nas con el fado que da títu­lo a este artícu­lo? Pues sen­ci­llo, el Fado aca­ba de ser decla­ra­do patri­mo­nio inma­te­rial de la Huma­ni­dad... y en el mun­do del Fado, hay dos muje­res que me recuer­dan a La Mag­na­ni y Sofia Loren. Tan­to es así que estoy con­ven­ci­do de que cual­quier lec­tor espa­ñol de este post sabrá reco­no­cer el nom­bre de Ama­lia Rodri­gues, pero no el de María Tere­sa de Noronha.

Y la dife­ren­cia entre ambas, es tan injus­ta a mi modo de ver, que me recuer­da a la dife­ren­cia entre las artis­tas ita­lia­nas.

Si pre­gun­tá­se­mos a una per­so­na espa­ño­la quién es Sofia Loren, casi con total segu­ri­dad sabría decir quién es... es posi­ble, por poco cono­ci­mien­to que se ten­ga del país vecino –Por­tu­gal– que tam­bién supie­se quién era Ama­lia Rodri­gues. Pero si pre­gun­ta­mos tan­to por La Mag­na­ni como por Maria Tere­sa de Noronha... casi nadie sabrá quié­nes eran ambas. Curio­so.

Y digo curio­so por­que en los dos casos la dife­ren­cia de difu­sión no me pare­ce jus­ta. Las dos minus­va­lo­ra­das son enormes.

En el caso que me ocu­pa –el Fado–, qui­zá no sea muy orto­do­xo por mi par­te decir esto pero... me gus­ta más Maria Tere­sa de Noronha que Ama­lia Rodrigues.

Ama­lia Rodri­gues pro­ce­de de fami­lia humil­de, ven­dió fru­ta en la calle y lle­gó a can­tar el Fado en los esce­na­rios más impor­tan­tes del mun­do... cum­ple con el clá­si­co para­dig­ma de la artis­ta que vie­ne de aba­jo y pro­gre­sa en la vida gra­cias a su arte. Por des­gra­cia, a mi modo de ver, Ama­lia se con­vir­tió con los años en una cari­ca­tu­ra de sí mis­ma... sobre­ac­tua­ba dema­sia­do para mi gus­to. Con todo, eso no le impi­dió com­po­ner pro­ba­ble­men­te uno de los fados más boni­tos jamás escri­tos jun­to al gui­ta­rra por­tu­gue­sa Car­los Gonçal­ves al que tuve el gus­to de cono­cer per­so­nal­men­te. Lágri­ma es, qui­zá, de las letras más bellas que se han escri­to para un fado o, al menos, de los que yo conoz­co... que son pocos, ya que, como bue­na músi­ca de raíz... es nece­sa­rio pro­fun­di­zar bas­tan­te para cono­cer bien el géne­ro. Pasa exac­ta­men­te igual con el fla­men­co por ejemplo.

Ama­lia se con­vir­tió en mediá­ti­ca... y el ries­go que con­lle­va el que una inter­pre­ta­ción artís­ti­ca se con­vier­ta en mediá­ti­ca es pre­ci­sa­men­te el de diluir­se como si tal cosa. Al final es más la paja que el grano. Se desvirtúa.

Maria Tere­sa de Noronha por el con­tra­rio, pro­ce­día de fami­lia noble... algo extre­ma­da­men­te poco usual para una artis­ta can­tan­te, no nos enga­ñe­mos. La sin­ce­ri­dad de su can­te, sen­si­bi­li­dad, suti­le­za, vera­ci­dad... la con­vier­te para mi en alguien espe­cial. De hecho para mi gus­to, repi­to, más espe­cial que Amalia.

Sin­ce­ri­dad… se ve y trans­mi­te sin­ce­ri­dad. ¿Qué más se pue­de pedir a una inter­pre­ta­ción? En tér­mi­nos inter­pre­ta­ti­vos esta mujer no ten­dría nada que envi­diar­le a Billie Holi­day por ejem­plo... sal­van­do, evi­den­te­men­te, las dife­ren­cias de géne­ro musi­cal, tiem­po y espa­cio. Lo tie­ne todo, no le fal­ta nada. De hecho, este es uno de mis fados pre­fe­ri­dos. Qui­zá tam­bién O Fado das Horas, cuya letra es una per­li­ta sin duda:

Llo­ra­ba por no verte…
Y por ver­te llo­ro ahora…
Pero llo­ro solo por querer,
Que­rer ver­te todo el rato,
Pasa el tiem­po a la carrera,
Cuan­do hablas yo te escucho,
En las horas de nues­tra vida,
Cada hora es un minuto…
Cuan­do estás a mi lado,
Me sien­to due­ña del mundo…
Pero el tiem­po es tan malvado,
Que cada hora pare­ce un segundo.
Qué­da­te a mi lado,
Y nun­ca más te vayas
Para que mi pobre corazón,
Viva en la vida una hora

En fin… des­igual­da­des de esta índo­le las encon­tra­mos en todos los terre­nos me temo. Una pena. Las dos muje­res son muy bue­nas artis­tas sin duda, para mi Noronha supera con cre­ces a Ama­lia Rodri­gues, y no me pare­ce que el tiem­po haya hecho jus­ti­cia en este caso, pues­to que la dife­ren­cia me sigue pare­cien­do sus­tan­cial. Lo mis­mo me suce­de con Anna Mag­na­ni y Sofia Loren… nadie duda de la Loren, evi­den­te­men­te… tie­ne momen­tos mara­vi­llo­sos en el cine ita­liano… pero mal­di­ta sea… la Nan­na­re­lla entra en esce­na y se te pone el cora­zón en un puño… de veras te crees su inter­pre­ta­ción. No te la crees, te la mete en vena has­ta el tuétano.

Para mi Ama­lia no es mejor que Maria Tere­sa de Noronha. Pero, cier­to es... para gus­tos los colo­res qué duda cabe. Allá cada cual.

Ravel, la proporción áurea y Biutiful

Hay una pie­za por la que ten­go espe­cial pre­di­lec­ción. For­ma par­te del con­cier­to para piano en sol mayor de Mau­ri­ce Ravel... se tra­ta del segun­do movi­mien­to Ada­gio assai en mi mayor. Es algo, al menos para mi, subli­me… y me que­do cor­to. Se tra­ta de una pie­za con la que siem­pre gene­ro un dia­lo­go interno de balan­ce posi­ti­vo… es una espe­cie de aspi­ri­na psi­co­ló­gi­ca que, en ple­na tor­men­ta emo­cio­nal, en pleno con­tu­ber­nio entre la baja y alta moral, en medio de esa lucha inter­na para equi­li­brar la balan­za, siem­pre incre­men­ta pun­tos en el lado de la moral alta. Sin duda. Pero ade­más lo hace de una mane­ra subli­me, magis­tral, bellí­si­ma, genial. Conoz­co pocas cosas tan bellas y, para mi gus­to, tan bien plan­tea­das. De hecho, me gus­ta tan­to, que en oca­sio­nes me pon­go ner­vio­so de lo que me gus­ta… es como cuan­do alguien no pue­de aguan­tar la belle­za de un cua­dro de tan bello que es.

Hace años, cuan­do des­cu­brí el efec­to que esta pie­za ejer­cía sobre mi esta­ba, en tér­mi­nos emo­cio­na­les, en un esta­do deplo­ra­ble. Aho­ga­do por una serie de frus­tra­cio­nes vita­les y por sen­tir­me enca­jo­na­do y aco­rra­la­do, lle­ga­ba a casa del tra­ba­jo y me tum­ba­ba en el sillón sin más. Andu­ve inves­ti­gan­do una serie de dis­cos que tenía guar­da­dos de músi­ca clá­si­ca entre los que se encon­tra­ba uno de Ravel. Siem­pre me encan­tó el Bole­ro pero, lo cier­to es que Ravel es mucho más que eso, y los que no somos espe­cia­lis­tas en la mate­ria, los que no somos espe­cia­lis­tas en músi­ca eru­di­ta, tene­mos esa mara­vi­llo­sa ven­ta­ja de ir des­cu­brien­do cosas con los años que aún te mue­ven por den­tro. Des­cu­brir algo por pri­me­ra vez siem­pre tie­ne un pun­to mara­vi­llo­so… un pun­to de ino­cen­cia fren­te a la belle­za que des­en­ca­ja al menos pin­ta­do. Eso me suce­dió con esta pieza.

En sen­ti­do esté­ti­co, se me anto­ja como un diá­lo­go melan­có­li­co con el Hom­bre, espe­cial­men­te con el Hom­bre en bajón aní­mi­co. Cuan­do que­re­mos hablar de igual a igual, cuan­do que­re­mos que una inter­lo­cu­ción sea efec­ti­va y de veras cum­pla su obje­ti­vo, ambos inter­lo­cu­to­res deben poner­se al mis­mo nivel… es decir, no se debe hablar con un niño des­de la altu­ra físi­ca y psi­co­ló­gi­ca del adul­to… se debe hin­car la rodi­lla en el sue­lo y hablar ojo con ojo y a su mis­mo nivel de niño.

Esto es lo que me pare­ce que sin­te­ti­za esta pie­za… hin­ca la rodi­lla en el sue­lo pero, lo hace para poder aga­rrar­le a uno por los hom­bros y levan­tar­le hacia arri­ba… el balan­ce final de esta obra siem­pre es posi­ti­vo; sí, es cier­to, lo hace des­de una pers­pec­ti­va melan­có­li­ca… pero es que eso es pre­ci­sa­men­te hin­car la rodi­lla en el sue­lo, hay que poner­se al nivel del esta­do de áni­mo caren­te para poder ele­var­lo a pos­te­rio­ri. Si el esta­do de áni­mo de alguien lo com­pa­rá­se­mos con hoja­ras­ca seca, caí­da de un árbol en perío­do oto­ñal, esta pie­za de Ravel sería una sua­ve bri­sa que baja al sue­lo leve­men­te, envuel­ve y mece los des­per­di­ga­dos y des­orien­ta­dos res­tos secos, los ele­va con sua­vi­dad has­ta la rama de la que caye­ron y, mila­gro­sa­men­te, los inten­ta reco­lo­car nue­va­men­te en su mis­mo lugar. Lo con­si­gue… no lo con­si­gue… es irre­le­van­te, eso ya depen­de de cada uno… lo ver­da­de­ra­men­te impre­sio­nan­te es que lo inten­ta. ¿Cómo es capaz alguien de com­po­ner algo tan gran­de? Pues así es.

La pie­za dia­lo­ga con uno mis­mo des­de la mis­mí­si­ma pri­me­ra nota… (aquí inter­pre­ta­do por Artu­ro Bene­det­ti Miche­lan­ge­li)

(Des­de 0:03 en ade­lan­te… —siguien­do el minu­ta­je de este vídeo—; leer des­pa­cio, acom­pa­ñan­do la música)

La músi­ca esta­ble­ce un pun­to de situa­ción, habla, pre­gun­ta… ¿bueno, qué pasa? cer­ti­fi­ca que efec­ti­va­men­te, algo pasa… y dia­lo­ga con la psi­que del oyen­te. Es un dia­lo­go cons­tan­te y pro­fun­da­men­te emo­cio­nal, casi mater­nal. Se pone a la altu­ra del hipo­té­ti­co esta­do de áni­mo del oyen­te. Lo entien­de… ofre­ce com­pren­sión, tan nece­sa­ria para poder salir de un esta­do de áni­mo caren­te.

1:39… ini­cia un ascen­so en el pro­ce­so de aná­li­sis has­ta 2:46 tan sutil, tan imper­cep­ti­ble que casi pasa des­aper­ci­bi­do… con lige­ras ten­sio­nes que van cons­ta­tan­do los altos y bajos vita­les. La hoja­ras­ca está en el sue­lo y, sin casi ser per­cep­ti­ble, una sua­ve bri­sa está a pun­to de entrar en escena…

En 3:05 entran los ins­tru­men­tos… la inevi­ta­bi­li­dad de algu­nos suce­sos de la vida. Ten­san allí… rela­jan aquí… Con­tex­tua­li­zan un esta­do de áni­mo que, a par­ti­da, se barrun­ta bajo.

4:06… momen­to de intros­pec­ción, el piano entra de nue­vo en dia­lo­go, dia­lo­ga con uno mis­mo… en esta oca­sión ya con el arro­po de algu­nos ins­tru­men­tos de fondo.

5:10… momen­to de ten­sión ascen­den­te, una intros­pec­ción más o menos obse­si­va… carac­te­rís­ti­ca de quien que­da atas­ca­do en un razo­na­mien­to autodestructivo.

5:48… se incre­men­ta esa ten­sión… insis­ten­cia… aquí ya no hay retorno. Este momen­to en la dura­ción de la obra equi­val­dría a la pro­por­ción áurea (leer más abajo).

6:10… El pun­to ante­rior desem­bo­ca en ten­sión… casi ansie­dad… la vida misma…

6:24… has­ta lle­gar a un mara­vi­llo­so clí­max… subli­me, magis­tral, impre­sio­nan­te… bellí­si­mo… en este momen­to la Músi­ca aga­rra la psi­que sua­ve­men­te, para sacar­la de la ten­sión, de la ansie­dad, del ago­bio vital… una caden­cia sua­ve, una melo­día sen­ci­lla y al mis­mo tiem­po bella, nada com­ple­ja —faci­li­tan­do así la empa­tía del que escu­cha; no es nece­sa­rio ser eru­di­to para enten­der esto y dis­fru­tar­lo—… inevi­ta­ble, impa­ra­ble, cícli­ca… el vien­to cen­tri­fu­ga la hoja­ras­ca del sue­lo, la des­ubi­ca del lúgu­bre lugar en el que se encuen­tra para ele­var­la aní­mi­ca­men­te has­ta la rama de la que cayó. Una genia­li­dad. Una espe­cie de abra­zo maternal/musical, con todo el cari­ño de una madre por un hijo de meses, que lo pro­te­ge en todo momen­to. La tran­qui­li­dad de un rega­zo, en este caso musi­cal. Si exis­tie­se un úte­ro musi­cal en el que la psi­que se pudie­se refu­giar des­pués de haber naci­do y toma­do con­cien­cia de sí mis­ma… sin duda, este sería el lugar.

8:14… las hojas se vuel­ven a colo­car en sus ramas… que­dan­do, mila­gro­sa­men­te, mejor colo­ca­das y en mejor lugar del que estaban…

8:43… hacia el final… inexo­ra­ble deve­nir vital… todo que­da en paz. Y la vida sigue. Bella e incombustible.

Es de tal belle­za que abru­ma, inquie­ta, pone ner­vio­so lo emo­cio­nal­men­te inte­li­gen­te y acer­ta­da que es esta pie­za. ¿Cómo alguien pudo sin­te­ti­zar una abs­trac­ción de pen­sa­mien­to de mane­ra tan subli­me? ¡Bull­se­ye! Al menos, esta es mi for­ma per­so­nal de ver esta pie­za. Me ha acom­pa­ña­do en infi­ni­dad de oca­sio­nes en mi vida y el balan­ce siem­pre es posi­ti­vo. Las per­so­nas que nos sen­ti­mos bien gra­cias a pie­zas como esta, esta­mos en deu­da con sus auto­res ori­gi­na­les ¡qué duda cabe! Han brin­da­do belle­za, paz emo­cio­nal, orden en la psi­que al res­to de los mor­ta­les… podrán ser obras que pasen des­aper­ci­bi­das por ahí… es posi­ble, pero no mue­ren por­que no pue­den morir. Podrán no ser mediá­ti­cas, podrán no estar pre­sen­tes has­ta en la sopa como todo lo con­su­mi­ble de hoy día… pero tie­nen vida pro­pia, no pue­den morir por­que apor­tan dema­sia­do a las per­so­nas. Antes o des­pués… aquí o allí… resur­gen, apa­re­cen para trans­mi­tir su sín­te­sis vital. Hay cosas que sen­ci­lla­men­te son genia­li­da­des incues­tio­na­bles. Es una pena que no todo el mun­do las dis­fru­te y uti­li­ce para lo que fue­ron con­ce­bi­das, para trans­mi­tir belle­za a los demás, belle­za idea­da, con­ce­bi­da y dise­ña­da por noso­tros mis­mos, que somos capa­ces de lo peor… pero tam­bién de lo mejor. Son esas con­tra­dic­cio­nes las que nos carac­te­ri­zan como espe­cie… creo yo.

En cier­to modo, esta pie­za no deja de ser una metá­fo­ra mis­ma de la vida… el trans­cur­so hacia la reso­lu­ción de un con­flic­to sue­le ser siem­pre más lar­go que la vuel­ta a la nor­ma­li­dad pos­te­rior. De hecho, me sor­pren­de una coin­ci­den­cia en esta pie­za. Resul­ta que el momen­to de ascen­so a la libe­ra­ción, el momen­to que arri­ba apa­re­ce en el minu­to 5:48, coin­ci­de de mane­ra pro­por­cio­nal más o menos, con la divi­sión en dos de un seg­men­to guar­dan­do la pro­por­ción áurea. Vamos, con el núme­ro áureo. Ravel tenía amis­tad con mate­má­ti­cos de su épo­ca y, qui­zá, este fac­tor no sea mera casua­li­dad. Pero es algo que, me temo, yo no podré corro­bo­rar. Ni pre­ten­do hacerlo.
Midien­do la dura­ción de la pie­za, en este caso 9:27, obser­va­mos que el momen­to de ascen­so al clí­max se pro­du­ce en el minu­to 5:48 más o menos.

La rela­ción áurea sur­ge de un seg­men­to, de tal for­ma que al divi­dir­lo en dos —a, b—, ambos seg­men­tos guar­dan la siguien­te rela­ción: la lon­gi­tud total a+b es al seg­men­to más lar­go a, como a es al seg­men­to b. O sea

a+b/a = a/b

Para sacar el valor del núme­ro áureo equi­va­len­te a la rela­ción a/b, hace­mos el siguien­te cálcu­lo sen­ci­llo que se pue­de encon­trar en wiki­pe­dia:

Damos a b el valor 1: (a+1)/a = a

Mul­ti­pli­ca­mos ambos miem­bros por a: a+1=a^2

Ecua­ción de segun­do gra­do. La solu­ción posi­ti­va es:

Para cal­cu­lar el momen­to exac­to den­tro de esta ver­sión que tene­mos, vamos a par­tir de la base de que a+b (la dura­ción total, el seg­men­to base) dura 9:27 minu­tos o, lo que es lo mis­mo, 567 segun­dos. Evi­den­te­men­te, es inve­ro­sí­mil que Ravel cal­cu­la­se —en caso de que esta espe­cu­la­ción fue­se cier­ta— la rela­ción áurea en base al tiem­po de repro­duc­ción de la pie­za. No ten­dría sen­ti­do. Este cálcu­lo no es más que una espe­cu­la­ción, una apro­xi­ma­ción que lla­ma la aten­ción y hace pen­sar que qui­zá, debi­do a sus amis­ta­des con mate­má­ti­cos, intro­du­jo este gui­ño curio­so a la pro­por­ción áurea. Por tan­to hacer estos cálcu­los en base al tiem­po que dura la inter­pre­ta­ción de la obra no es más que barrun­tar algo de mane­ra tos­ca. En caso de que el posi­cio­na­mien­to del ascen­so al clí­max tuvie­se rela­ción con  la pro­por­ción áurea, cabría supo­ner que el autor lo hubie­se ubi­ca­do en la pie­za de cual­quier mane­ra más orto­do­xa. Repi­to, esta no es más que una espe­cu­la­ción… un cálcu­lo… a ver qué pasa.

Enton­ces ya sabe­mos el valor de la rela­ción áurea a/b… tam­bién sabe­mos que a+b/a es igual a dicha rela­ción y tam­bién, que a+b —tiem­po total— es de 567 segun­dos. Por tanto:


Si divi­di­mos el valor de a por 60 para cal­cu­lar los minu­tos obte­ne­mos 5,84… (5 minu­tos); mul­ti­pli­ca­mos 0,84 por 60 para cal­cu­lar los segun­dos (50,4 segun­dos)… por tan­to, el seg­men­to a va del ini­cio has­ta el momen­to 5:50 segundos.

Habrá que obviar las posi­bles impre­ci­sio­nes por el uso de lar­gas cifras deci­ma­les o por el cálcu­lo del tiem­po de mane­ra no exac­ta ya que se tra­ta de un vídeo… obser­va­mos que el ascen­so al clí­max se pro­du­ce en esta ver­sión en el minu­to 5:48. Evi­den­te­men­te no es lo mis­mo, pero más o menos está en el lugar correcto.

Si a dura 5:50 minu­tos (350 segun­dos), b dura­rá enton­ces 3,37 minu­tos (217 segun­dos). Ya sabe­mos que el total a+b equi­va­le a 9:27 minu­tos (567 segundos).

Pues bien, si estos datos son correc­tos y están bien cal­cu­la­dos, debe­rían cum­plir la pro­por­ción áurea.

Por tan­to a+b/a = 567/350 = 1,62

Y a/b = 350/217 = 1,61290…

No obte­ne­mos la igual­dad entre ambas rela­cio­nes, ni el núme­ro áureo exac­to… pero cer­ca anda. Tenien­do en cuen­ta que el cálcu­lo se rea­li­za sobre la dura­ción de una ver­sión de cd col­ga­da en la red… habría que sumar­le un cier­to mar­gen de inco­rrec­ción por los datos dis­po­ni­bles. Pero las mate­má­ti­cas hablan por sí solas… y esta­mos hablan­do de una pro­por­ción, deta­lle que hay que tener en cuen­ta por­que debe­ría ajus­tar­se más o menos a la reali­dad de cual­quier ver­sión —en caso de ser cier­ta esta rela­ción— inde­pen­dien­te­men­te de la dura­ción total de la inter­pre­ta­ción. Es algo proporcional.

¿Posi­cio­nó Ravel ese ascen­so al clí­max en ese pre­ci­so pun­to de mane­ra deliberada?

Pues vaya usted a saber… des­de lue­go des­co­noz­co el dato, pero esta rela­ción siem­pre me ha lla­ma­do la aten­ción. Podría ser algo arbi­tra­rio… podría; podría ser que res­pon­die­se a algún jue­go con alguno de sus ami­gos mate­má­ti­cos o, sen­ci­lla­men­te fru­to de su pro­pia volun­tad… podría. No creo mucho en casua­li­da­des en rela­ción a estos crea­do­res… si son capa­ces de hacer pie­zas tan bellas… no sé, ten­go ten­den­cia a pen­sar que nada es casua­li­dad; no crea­ban estas cosas de mane­ra arbi­tra­ria… sabían per­fec­ta­men­te lo que hacían y lo hacían con toda pre­me­di­ta­ción. No creo que estas pie­zas sean gran­des por mera casua­li­dad o arbi­tra­rie­dad pero… en caso de que así fue­se… ¡qué mara­vi­llo­sa casua­li­dad mal­di­ta sea!

Todo este post sur­ge a raíz de la pelí­cu­la que vi ayer noche: Biu­ti­ful, de Ale­jan­dro Gon­zá­lez Iñá­rri­tu. Una pelí­cu­la muy reco­men­da­ble en la que el pro­ta­go­nis­ta Uxbal —Javier Bar­dem— podría equi­va­ler per­fec­ta­men­te a la hoja­ras­ca de la que hablo más arri­ba. Tan­to, que has­ta por la temá­ti­ca me ha recor­da­do al cie­rre de nues­tro dis­co del pro­yec­to Trio­lo­cría, la can­ción Las Nor­mas. Pero no des­ve­la­ré argu­men­tos para no fas­ti­diar­le la pelí­cu­la a nadie.

Lo que está cla­ro, es que Gon­zá­lez Iñá­rri­tu debe haber vis­to algo simi­lar en esta pie­za a lo que expon­go arri­ba, por­que me sor­pren­dió el acier­to que tuvo al poner­la como músi­ca final acom­pa­ñan­do los títu­los de cré­di­to (sí… esa cosa des­apa­re­ci­da que sue­le venir des­pués de una pelí­cu­la, pero que en Espa­ña se ha deci­di­do erra­di­car por com­ple­to de la emi­sión de cual­quier tele­vi­sión por mor de la publi­ci­dad. Erra­di­ca­dos inclu­so de la tele­vi­sión públi­ca, que ya no tie­ne publi­ci­dad —en teo­ría—. Sí… allí don­de apa­re­cen todas las per­so­nas que han par­ti­ci­pa­do en una película/proyecto y allí don­de se les reco­no­ce públi­ca­men­te el méri­to por su tra­ba­jo; el úni­co pun­to en el que TODOS los par­ti­ci­pan­tes de un pro­yec­to son reco­no­ci­dos y que, curio­sa­men­te, al Minis­te­rio de Cul­tu­ra pare­ce no impor­tar­le en abso­lu­to… pare­ce que el Minis­te­rio se preo­cu­pa con arbi­tra­rie­da­des más con­cer­nien­tes a la indus­tria y algo que es tan sen­ci­llo como la cen­su­ra sis­te­má­ti­ca del reco­no­ci­mien­to de TODOS los par­ti­ci­pan­tes de TODAS las pelí­cu­las emi­ti­das en TODAS las cade­nas de tele­vi­sión pare­ce no tener rele­van­cia algu­na; no deja de ser curio­sa la hipo­cre­sía ins­ti­tu­cio­nal… como siem­pre. Nada nue­vo).

Esta pie­za le venía como un guan­te al pro­ta­go­nis­ta. La vida des­de lue­go está lle­na de mati­ces… estos mati­ces se sin­te­ti­zan a tra­vés de expre­sio­nes artís­ti­cas… algu­nas de ellas, son tan bue­nas y acer­ta­das, que ganan vida por sí mis­mas y sobre­vi­ven ellas solas al cabo de los años… pasan­do por la psi­que de unos y de otros. Esas son las crea­cio­nes gran­des. El hecho de que Gon­zá­lez Iñá­rri­tu haya ele­gi­do esta pie­za para sus cré­di­tos, no hace más que per­pe­tuar su difu­sión, cosa que le dará otro empu­je a tra­vés del tiem­po a la obra… si que­da­ba en el fon­do, reflo­ta… y así suce­si­va­men­te. Pero solo reflo­ta lo que tie­ne capa­ci­dad de per­du­rar y esta obra, sin duda, está sobra­da­men­te legi­ti­ma­da para ello. Son obras que, por suer­te, ya están por ahí… exis­ten… cir­cu­lan por un canal, por otro… tan solo hay que parar un momen­to y escu­char… pero eso, en los tiem­pos que corren… ya es otro can­tar. Allá cada cual.
PD.- Me gus­ta el con­cier­to para piano en sol mayor de Ravel. Mucho. Aquí inter­pre­ta­do por Martha Arge­rich. Es ver­da­de­ra­men­te gran­de... para mi gusto.