P.I.G.S. cerdos miserables

Estoy un poco harto del prisma con el que se mira a los países últimamente. Creo que es capcioso, torticero, malintencionado, estúpido, absurdo, prescindible, y propio de mentes estrechas. Generalizar es nefasto… pero hacerlo encima utilizando clichés rancios es estúpido.

Y en esas andamos por Europa.

PIIGS… (pigs = cerdos en inglés) así nos llaman por ahí. Cerdos: Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España. Acrónimo resultante de las siglas en inglés. Cerdos.

Resulta curioso comprobar cómo pagamos siempre justos por pecadores… de tal forma, que los clichés se extienden y perduran como si tal cosa. Los cerdos, son países con un notable pasado migratorio. ¿Por qué ha existido tanta migración? Porque hemos sido miserables… pobres. El que lo quiera reconocer que lo haga y el que no, es su problema. Hemos pasado hambre… miseria… y no hace tanto. Hemos sido unos cerdos miserables, qué duda cabe.

Cuando un cerdo miserable salía de su país dejando atrás a la familia —como hacen muchos cerdos miserables actualmente— lo hacía para trabajar…duro… para convertirse en mula de carga, sin horarios. Una vez más, el que no lo recuerde, allá él… que eche un vistazo alrededor y puede que, con suerte, aún pueda encontrar a otros cerdos miserables haciendo lo propio pero para nosotros. C’est la vie.

Pero resulta que los PIIGS, aquellos que fueron cerdos miserables, son vagos… maravilloso cliché que, supongo, debe chirriar en los oídos de muchas madres y padres cerdos que no son capaces de conciliar su vida laboral con la familiar. Porque es imposible. Pero eso sí… son unos vagos. Diría más… el perfil de cada país ha quedado reducido a un único factor: ser solvente o no. Acabáramos.

Nosotros, que un día fuimos cerdos miserables, ahora somos unos vagos… en tiempos éramos trabajadores, pero ahora somos unos vagos. Sí porque yo miro a mis amigos y familiares, y veo en todos ellos a una panda de vagos y maleantes… no me cabe la menor duda. Pero cuando veo a la clase política de los otrora cerdos miserables me doy cuenta, la verdad sea dicha, de que son personas de reputación impoluta, de una altísima catadura moral, y de una capacidad de trabajo por encima de la media. Hasta los presidentes de gobierno en España saben inglés, herramienta básica en el mundo diplomático. Y dominan el idioma porque se lo han currado, como los demás.

Los PIIGS, en cierto modo víctimas de su propia mugre gestora, tienen que comerse a dos carrillos los clichés que circulan por doquier… porque sí… por dogma, porque así son las cosas… porque si se es un vago y maleante porque un pequeño sector privilegiado de la población elevó el fenómeno ‘nuevo-rico’ al paroxismo… pues ahora todos a pagar por ello. Porque además de cerdos y miserables somos imbéciles. Claro.

Pero… es curioso…

Me pongo a analizar otro tipo de parámetros… aquellos que nos hacen humanos, poliédricos, tridimensionales, reales… y hay cosas que me resultan, cuando menos, chocantes. Al menos en Europa, si nos ponemos a juzgar el parámetro emocional de los pueblos… aunque sean miserables y cerdos… sorprende ver que, al menos a mi juicio, a los PIIGS parece que por las venas les corre sangre, y no horchata. Cosas que pasan. Son cosas que no dan de comer. Bueno… o sí. De vagos y maleantes están llenas las galerías de Arte… de tullidos, de trastornados, de esquizofrénicos, de miserables de solemnidad. Y por lo que parece, con sus obras y creaciones ahora comercian un sinfín de gentes de bien que, por supuesto, de cerdos y miserables no tienen nada. El Arte… tiene estas cosas. Perdón… la industria del Arte, quise decir.

Pero parece que los pueblos quedamos reducidos a un mero criterio de solvencia y cuatro o cinco clichés anejos. Aunque luego para comerciar con el fruto y creaciones del personal, ya midamos el asunto de otra manera. En cualquier caso y a todos los efectos, somos una panda de vagos y maleantes. Nuestros políticos no. Nosotros sí. Nuestros políticos y gestores, que en la práctica son ladrones, hipócritas, mentirosos, drogodependientes, analfabetos, psicópatas (perfiles de empatía 0), traidores… conspicuas pero siniestras y truculentas masas cárnicas de seres de mente capciosa, zafia y cínica… no son vagos y maleantes, el resto sí. Sí porque… a fin de cuentas, nosotros lo único que hacemos es intentar pagar los impuestos —si no lo haces, ya se toma la administración la libertad de embargar tu cuenta bancaria, por ahorrarte el trámite—, intentar trabajar, hacerlo de facto si tienes la suerte de tener un trabajo; tratar de sacar adelante a tus hijos, familia, etc… ; meterte en casa, ser buena persona, o al menos intentarlo… Pero eres un puto vago y maleante. Porque sí. Porque todo el sistema que está por encima de ti está gestionado por porquería electa; ¡sí! Porque esa es otra… a ver si encima te vas a quejar… vives en una democracia y no lo cuestiones… aquí tienes un platito con heces de vaca y aquí tienes otro con heces de burra… ¡elige cobarde! Eres libre de hacerlo, maldito cerdo miserable. Amén.

El objetivo es destrozar nuestra autoestima. El negro esclavo secuestrado en África hace siglos era el culpable de verse en semejante situación… ¡evidentemente! Porque era un salvaje, porque era más débil que una bala en el entrecejo, que el látigo en el lomo, o la soga en el cuello. Claramente la culpa era suya. Porque también era un vago y un maleante. Es público y notorio que en África no trabajan porque son unos vagos… su clase política, militar y gestora, no tiene nada que ver en el asunto. Sencillamente son salvajes, vagos y maleantes. Y como no están educados, la culpa es suya. Por burros. Porque el que no ha tenido acceso a la educación, es el culpable directo de su miseria… por vago.

¿Qué tiene todo esto que ver con la Música?

Sencillo… las expresiones artísticas son el canal de las emociones de los pueblos, de su complejidad, de su capacidad de abstracción… esa capacidad de generar mensaje emocional, de crear belleza, es un intangible… un intangible que no se paga con dinero y no se mide con primas de riesgo (por suerte para unos, por desgracia para otros). Hay cosas que los mercados no dan… a veces ni la universidad… Quod Natura non dat, Salmantica non praestat. Lo dan los siglos, el tiempo, la Historia, los años… el sufrimiento, lo bueno y malo en la genética de las sociedades. Sí porque… a fin de cuentas, convendría no olvidar que por las venas, repito, corre sangre… y no se trata de rescatar el manido y miserable discurso de la ‘pasión mediterránea’… pero maldita sea… menos tocar las narices con lo de vagos y maleantes, que bastante nos toca ya sufrirlos en los consejos de administración de corporaciones, banca, congreso, senado, casa real, etc… Que por mucho repetir lo de ‘vagos y maleantes’, no cambiaremos la realidad… los que lo son, lo son, y los demás son víctimas de los vagos y maleantes del reino… y el que quiera que lo vea. Que en este país nuestro —y probablemente en el resto de cerdos igual— uno no se hace rico trabajando de sol a sol… a lo sumo conseguirá alguna hernia, lesión o depresión. Rico se hace el que roba, estafa, malversa, defrauda, entra en política, pega el braguetazo, etc…

Vivimos en un país en el que un delincuente menor puede encadenar condenas hasta los 35 años, y otros, por otros delitos no menos importantes —causando cárcel injusta a inocentes— son indultados por los santos pebocks de alguien —sin dar explicaciones a la ‘cerdanía miserable’—. Pues muy bien. Observando la Historia, la única conclusión que uno puede sacar es que estas cosas no suelen acabar bien… los que andan jugando con masas moribundas y alienadas al final se suelen quemar… con frecuencia en el pasado acabaron meados y linchados en medio de alguna plaza pública. Suerte que tienen algunos de que seamos algo más civilizados que en el pasado. Aunque me temo, por desgracia, que incluso el civismo tiene límites. Veremos a ver cuando el hambre de verdad empiece a fustigar estómagos… sobre todo los estómagos de los hijos de uno… a ver hacia donde tira el civismo. Igual los cerdos miserables, vagos y maleantes, empiezan a componer el mobiliario de casa… que aunque no haya para comer, al menos que la casa esté limpia y ordenada. Algo de dignidad quedará —entre los cerdos miserables, no entre las ‘gentes de bien’ que ostentan poder claro… esos nunca han perdido dignidad alguna; habría que tenerla en primera instancia para poder perderla—.

Los cerdos miserables de Portugal, el país vecino, hacen cosas de estas:

Pero bueno… su prima de riesgo (spread) está en 1122 (9 de enero de 2012) puntos básicos… por tanto, son eso… una basura insolvente que vale lo que vale. No hay más realidad que esa. Sus jóvenes no valen un carajo —porque son vagos y maleantes—, no quieren ni trabajar ni estudiar y recientemente su propio primer ministro ya les aconsejó sabiamente a marcharse del país… porque allí, sencillamente, no tienen futuro. Porque ellos, de hecho, parece que no son futuro para nadie —supongo que es lo que tiene en mente el señor Passos Coelho, el ilustre payaso que hace las veces de títere por tierras lusas—.

Los cerdos miserables de Irlanda hacen cosas como estas:

 

Same old story

Otros que tienen mucha experiencia dejando su tierra, como la propia canción indica. Sangre en las venas tiene el señor Paul Brady… ya es más que muchos. En cualquier caso, más cerdos miserables.

Los cerdos miserables de Italia, hacen cosas como estas:

Ennio Morricone. Nah… basura. Eso sí, ideal para hacer una presentación en Power Point para enviar a los amigos por email… ‘Mi viaje a Nepal‘… acompañado con esta música barata italiana da mucho juego. Típico correo cutre que circula con una lista interminable y abierta de correos electrónicos. Pero poco más. No es que este material refleje emociones, un sentir, una forma de pensar y ver la realidad… para nada. El pueblo italiano es cerdo y miserable. Su clase política no tiene culpa de nada… ¡qué otra cosa podrían hacer los políticos con una sociedad tan vaga! No les quedaba más alternativa que ser corruptos y enriquecerse a costa de los ciudadanos vagos. Estaban entre la espada y la pared. Es comprensible.

Algunos cerdos miserables griegos hacían cosas como estas:

O esto:

O esto:

Moustaki o Vangelis. La verdad es que con una prima de riesgo por encima de los 3381 (9 de enero de 2012) puntos básicos… ya pueden hacer el pino puente, que de nada les servirá. Sí porque, a fin de cuentas, Grecia no es más que eso… un país siendo expoliado desde fuera y desde dentro… ¿culpables? como no, los ciudadanos, por vagos y estúpidos. Si el trabajador de turno trabajase como lo hace un esclavo chino —trabajadores donde los haya— pues otro gallo cantaría. Todo el mundo sabe que los nórdicos son igual de trabajadores —o más— que los chinos a donde han desplazado parte de su industria. En parte por eso la industria europea ha decidido trasladarse allí… porque son tan, tan trabajadores que les sobra el trabajo!! Por eso han decidido, por cuestiones humanitarias, desplazar producción a China… fortaleciendo de ese modo el tejido industrial europeo, como bien es sabido.

Y los españolitos… por desgracia… ahí estamos, hacemos cosas que no valen para nada:

Estamos tan alienados que probablemente muchos jóvenes no tengan ni la más remota idea de lo que es esto… de quién fue el maestro Joaquín Rodrigo, de lo grandioso que es el Concierto de Aranjuez, etc. Bah… chorradas. En el fondo es eso, no somos más que una panda de vagos… yo veo a mi familia y amigos, trabajando en un sistema en el que se les paga mal y por supuesto no se reconoce hora extra alguna (existiendo legislación al respecto y estando el trabajo regulado en este país), y me doy verdaderamente cuenta de que son una panda de vagos. Porque lo son. Yo mismo, he pagado durante años más impuestos que muchos, y no queda ni el derecho a paro… ese es el valor de generar empleo (poca cosa, pero tenía un empleo a mi cargo). Aunque mi caso no sirve de ejemplo porque ya lo decía un tío mío: ‘¡Pero si tú eres un miserable! Deberías darte con un canto en los dientes por conseguir que un ayuntamiento te mal pague por una actuación’. Pero bueno, yo siempre fui un vago e irresponsable niño de papá (mimado, para colmo), de modo que en ese sentido no puedo/debo decir nada. Supongo que la vida la debo tener ya resuelta. Digo yo, no sé.

Ciertamente, no somos más que un puñado de cerdos… PIGS… y no valemos más que lo que designe nuestra fraudulenta solvencia. Y no he querido hablar de Francia… que, cualquiera diría… parece que el sur de Francia no pertenece al Mediterráneo… me parece a mi que por allí también se andan haciendo los suecos. Tiempo al tiempo. Pero claro, meter la ‘F’ en PIIGS ya no da tanto juego para tachar de cerdos al personal. Supongo.

Pero ahora ya las ‘gentes de bien’ y los profesionales… aquellos que no son vagos, ya están diseñando la solución desde hace tiempo. En Grecia ya llevan meses aplicando escrupulosamente lo que se dictamina desde Europa y les va bastante bien. En breve saldrán de la crisis. Lo mismo pasa con Portugal, han hecho un gran esfuerzo para cumplir al milímetro lo que se les ha exigido y cada vez les va mejor (aunque su primer ministro inste a los jóvenes a largarse de allí, eso es pecata minuta, detalle sin mayor transcendencia, especialmente, viniendo de un primer ministro).

Como continuemos siendo tan vagos —que los ciudadanos, repito, lo somos, los políticos no—, nos vamos a enterar. Ahí queda eso, allá cada cual.

De mujeres y Fado

Para los aficionados al cine, quizá no les sea extraña la relación entre las grandes ‘popolanas’ del cine italiano, Anna Magnani y Sofia Loren.

Ambas muy queridas en Italia, tienen perfiles similares y quizá complementarios, pero en ningún caso iguales. El término popolana, se utilizaba en el neorrealismo italiano para designar a una mujer del pueblo… aquellas mujeres que más bien parecían mulas de carga por lo que las circunstancias vitales exigían de ellas en los duros tiempos por los que Italia atravesó a mediados del siglo pasado. En cierto modo, estas dos popolanas eran complementarias… cierto es que ambas representaban perfiles exuberantes de mujer… morenas de piel suave… vigorosas y de carácter muy fuerte… con todo, Magnani tenía un rostro no tan delicado como Loren, cosa que le confería un realismo más creíble y, a la postre, pasar a la historia por escenas como esta:

La Loren, por su parte, tuvo algo más de proyección ya que, Carlo Ponti no solo la descubrió allá por la década de los cincuenta, sino que además se convirtió en su marido. Este pequeño detalle, le granjeó a Sofia Loren una mayor proyección que a la Magnani, con quien en varias ocasiones se disputaba papeles. Tanto es así, que la que consiguió una proyección más potente en Hollywood fue Loren y no Magnani. Por si fuera poco, ‘Nannarella’ –o sea, La Magnani– tuvo una tormentosa relación con Roberto Rossellini, quien la abandona por el bellezón nórdico Ingrid Bergman. Por tanto, La Magnani no solo tenía una belleza contundente con la que el público empatizaba al instante, sino que además fue sonadamente despechada.

Quién lea estas líneas se preguntará… ¿qué diantres tienen que ver estas famosas popolanas con el fado que da título a este artículo? Pues sencillo, el Fado acaba de ser declarado patrimonio inmaterial de la Humanidad… y en el mundo del Fado, hay dos mujeres que me recuerdan a La Magnani y Sofia Loren. Tanto es así que estoy convencido de que cualquier lector español de este post sabrá reconocer el nombre de Amalia Rodrigues, pero no el de María Teresa de Noronha.

Y la diferencia entre ambas, es tan injusta a mi modo de ver, que me recuerda a la diferencia entre las artistas italianas.

Si preguntásemos a una persona española quién es Sofia Loren, casi con total seguridad sabría decir quién es… es posible, por poco conocimiento que se tenga del país vecino –Portugal– que también supiese quién era Amalia Rodrigues. Pero si preguntamos tanto por La Magnani como por Maria Teresa de Noronha… casi nadie sabrá quiénes eran ambas. Curioso.

Y digo curioso porque en los dos casos la diferencia de difusión no me parece justa. Las dos minusvaloradas son enormes.

En el caso que me ocupa –el Fado–, quizá no sea muy ortodoxo por mi parte decir esto pero… me gusta más Maria Teresa de Noronha que Amalia Rodrigues.

Amalia Rodrigues procede de familia humilde, vendió fruta en la calle y llegó a cantar el Fado en los escenarios más importantes del mundo… cumple con el clásico paradigma de la artista que viene de abajo y progresa en la vida gracias a su arte. Por desgracia, a mi modo de ver, Amalia se convirtió con los años en una caricatura de sí misma… sobreactuaba demasiado para mi gusto. Con todo, eso no le impidió componer probablemente uno de los fados más bonitos jamás escritos junto al guitarra portuguesa Carlos Gonçalves al que tuve el gusto de conocer personalmente. Lágrima es, quizá, de las letras más bellas que se han escrito para un fado o, al menos, de los que yo conozco… que son pocos, ya que, como buena música de raíz… es necesario profundizar bastante para conocer bien el género. Pasa exactamente igual con el flamenco por ejemplo.

Amalia se convirtió en mediática… y el riesgo que conlleva el que una interpretación artística se convierta en mediática es precisamente el de diluirse como si tal cosa. Al final es más la paja que el grano. Se desvirtúa.

Maria Teresa de Noronha por el contrario, procedía de familia noble… algo extremadamente poco usual para una artista cantante, no nos engañemos. La sinceridad de su cante, sensibilidad, sutileza, veracidad… la convierte para mi en alguien especial. De hecho para mi gusto, repito, más especial que Amalia.

Sinceridad… se ve y transmite sinceridad. ¿Qué más se puede pedir a una interpretación? En términos interpretativos esta mujer no tendría nada que envidiarle a Billie Holiday por ejemplo… salvando, evidentemente, las diferencias de género musical, tiempo y espacio. Lo tiene todo, no le falta nada. De hecho, este es uno de mis fados preferidos. Quizá también O Fado das Horas, cuya letra es una perlita sin duda:

Lloraba por no verte…
Y por verte lloro ahora…
Pero lloro solo por querer,
Querer verte todo el rato,
Pasa el tiempo a la carrera,
Cuando hablas yo te escucho,
En las horas de nuestra vida,
Cada hora es un minuto…
Cuando estás a mi lado,
Me siento dueña del mundo…
Pero el tiempo es tan malvado,
Que cada hora parece un segundo.
Quédate a mi lado,
Y nunca más te vayas
Para que mi pobre corazón,
Viva en la vida una hora

En fin… desigualdades de esta índole las encontramos en todos los terrenos me temo. Una pena. Las dos mujeres son muy buenas artistas sin duda, para mi Noronha supera con creces a Amalia Rodrigues, y no me parece que el tiempo haya hecho justicia en este caso, puesto que la diferencia me sigue pareciendo sustancial. Lo mismo me sucede con Anna Magnani y Sofia Loren… nadie duda de la Loren, evidentemente… tiene momentos maravillosos en el cine italiano… pero maldita sea… la Nannarella entra en escena y se te pone el corazón en un puño… de veras te crees su interpretación. No te la crees, te la mete en vena hasta el tuétano.

Para mi Amalia no es mejor que Maria Teresa de Noronha. Pero, cierto es… para gustos los colores qué duda cabe. Allá cada cual.

Ravel, la proporción áurea y Biutiful

Hay una pieza por la que tengo especial predilección. Forma parte del concierto para piano en sol mayor de Maurice Ravel… se trata del segundo movimiento Adagio assai en mi mayor. Es algo, al menos para mi, sublime… y me quedo corto. Se trata de una pieza con la que siempre genero un dialogo interno de balance positivo… es una especie de aspirina psicológica que, en plena tormenta emocional, en pleno contubernio entre la baja y alta moral, en medio de esa lucha interna para equilibrar la balanza, siempre incrementa puntos en el lado de la moral alta. Sin duda. Pero además lo hace de una manera sublime, magistral, bellísima, genial. Conozco pocas cosas tan bellas y, para mi gusto, tan bien planteadas. De hecho, me gusta tanto, que en ocasiones me pongo nervioso de lo que me gusta… es como cuando alguien no puede aguantar la belleza de un cuadro de tan bello que es.

Hace años, cuando descubrí el efecto que esta pieza ejercía sobre mi estaba, en términos emocionales, en un estado deplorable. Ahogado por una serie de frustraciones vitales y por sentirme encajonado y acorralado, llegaba a casa del trabajo y me tumbaba en el sillón sin más. Anduve investigando una serie de discos que tenía guardados de música clásica entre los que se encontraba uno de Ravel. Siempre me encantó el Bolero pero, lo cierto es que Ravel es mucho más que eso, y los que no somos especialistas en la materia, los que no somos especialistas en música erudita, tenemos esa maravillosa ventaja de ir descubriendo cosas con los años que aún te mueven por dentro. Descubrir algo por primera vez siempre tiene un punto maravilloso… un punto de inocencia frente a la belleza que desencaja al menos pintado. Eso me sucedió con esta pieza.

En sentido estético, se me antoja como un diálogo melancólico con el Hombre, especialmente con el Hombre en bajón anímico. Cuando queremos hablar de igual a igual, cuando queremos que una interlocución sea efectiva y de veras cumpla su objetivo, ambos interlocutores deben ponerse al mismo nivel… es decir, no se debe hablar con un niño desde la altura física y psicológica del adulto… se debe hincar la rodilla en el suelo y hablar ojo con ojo y a su mismo nivel de niño.

Esto es lo que me parece que sintetiza esta pieza… hinca la rodilla en el suelo pero, lo hace para poder agarrarle a uno por los hombros y levantarle hacia arriba… el balance final de esta obra siempre es positivo; sí, es cierto, lo hace desde una perspectiva melancólica… pero es que eso es precisamente hincar la rodilla en el suelo, hay que ponerse al nivel del estado de ánimo carente para poder elevarlo a posteriori. Si el estado de ánimo de alguien lo comparásemos con hojarasca seca, caída de un árbol en período otoñal, esta pieza de Ravel sería una suave brisa que baja al suelo levemente, envuelve y mece los desperdigados y desorientados restos secos, los eleva con suavidad hasta la rama de la que cayeron y, milagrosamente, los intenta recolocar nuevamente en su mismo lugar. Lo consigue… no lo consigue… es irrelevante, eso ya depende de cada uno… lo verdaderamente impresionante es que lo intenta. ¿Cómo es capaz alguien de componer algo tan grande? Pues así es.

La pieza dialoga con uno mismo desde la mismísima primera nota… (aquí interpretado por Arturo Benedetti Michelangeli)

(Desde 0:03 en adelante… —siguiendo el minutaje de este vídeo—; leer despacio, acompañando la música)

La música establece un punto de situación, habla, pregunta… ¿bueno, qué pasa? certifica que efectivamente, algo pasa… y dialoga con la psique del oyente. Es un dialogo constante y profundamente emocional, casi maternal. Se pone a la altura del hipotético estado de ánimo del oyente. Lo entiende… ofrece comprensión, tan necesaria para poder salir de un estado de ánimo carente.

1:39… inicia un ascenso en el proceso de análisis hasta 2:46 tan sutil, tan imperceptible que casi pasa desapercibido… con ligeras tensiones que van constatando los altos y bajos vitales. La hojarasca está en el suelo y, sin casi ser perceptible, una suave brisa está a punto de entrar en escena…

En 3:05 entran los instrumentos… la inevitabilidad de algunos sucesos de la vida. Tensan allí… relajan aquí… Contextualizan un estado de ánimo que, a partida, se barrunta bajo.

4:06… momento de introspección, el piano entra de nuevo en dialogo, dialoga con uno mismo… en esta ocasión ya con el arropo de algunos instrumentos de fondo.

5:10… momento de tensión ascendente, una introspección más o menos obsesiva… característica de quien queda atascado en un razonamiento autodestructivo.

5:48… se incrementa esa tensión… insistencia… aquí ya no hay retorno. Este momento en la duración de la obra equivaldría a la proporción áurea (leer más abajo).

6:10… El punto anterior desemboca en tensión… casi ansiedad… la vida misma…

6:24… hasta llegar a un maravilloso clímax… sublime, magistral, impresionante… bellísimo… en este momento la Música agarra la psique suavemente, para sacarla de la tensión, de la ansiedad, del agobio vital… una cadencia suave, una melodía sencilla y al mismo tiempo bella, nada compleja —facilitando así la empatía del que escucha; no es necesario ser erudito para entender esto y disfrutarlo—… inevitable, imparable, cíclica… el viento centrifuga la hojarasca del suelo, la desubica del lúgubre lugar en el que se encuentra para elevarla anímicamente hasta la rama de la que cayó. Una genialidad. Una especie de abrazo maternal/musical, con todo el cariño de una madre por un hijo de meses, que lo protege en todo momento. La tranquilidad de un regazo, en este caso musical. Si existiese un útero musical en el que la psique se pudiese refugiar después de haber nacido y tomado conciencia de sí misma… sin duda, este sería el lugar.

8:14… las hojas se vuelven a colocar en sus ramas… quedando, milagrosamente, mejor colocadas y en mejor lugar del que estaban…

8:43… hacia el final… inexorable devenir vital… todo queda en paz. Y la vida sigue. Bella e incombustible.

Es de tal belleza que abruma, inquieta, pone nervioso lo emocionalmente inteligente y acertada que es esta pieza. ¿Cómo alguien pudo sintetizar una abstracción de pensamiento de manera tan sublime? ¡Bullseye! Al menos, esta es mi forma personal de ver esta pieza. Me ha acompañado en infinidad de ocasiones en mi vida y el balance siempre es positivo. Las personas que nos sentimos bien gracias a piezas como esta, estamos en deuda con sus autores originales ¡qué duda cabe! Han brindado belleza, paz emocional, orden en la psique al resto de los mortales… podrán ser obras que pasen desapercibidas por ahí… es posible, pero no mueren porque no pueden morir. Podrán no ser mediáticas, podrán no estar presentes hasta en la sopa como todo lo consumible de hoy día… pero tienen vida propia, no pueden morir porque aportan demasiado a las personas. Antes o después… aquí o allí… resurgen, aparecen para transmitir su síntesis vital. Hay cosas que sencillamente son genialidades incuestionables. Es una pena que no todo el mundo las disfrute y utilice para lo que fueron concebidas, para transmitir belleza a los demás, belleza ideada, concebida y diseñada por nosotros mismos, que somos capaces de lo peor… pero también de lo mejor. Son esas contradicciones las que nos caracterizan como especie… creo yo.

En cierto modo, esta pieza no deja de ser una metáfora misma de la vida… el transcurso hacia la resolución de un conflicto suele ser siempre más largo que la vuelta a la normalidad posterior. De hecho, me sorprende una coincidencia en esta pieza. Resulta que el momento de ascenso a la liberación, el momento que arriba aparece en el minuto 5:48, coincide de manera proporcional más o menos, con la división en dos de un segmento guardando la proporción áurea. Vamos, con el número áureo. Ravel tenía amistad con matemáticos de su época y, quizá, este factor no sea mera casualidad. Pero es algo que, me temo, yo no podré corroborar. Ni pretendo hacerlo.
Midiendo la duración de la pieza, en este caso 9:27, observamos que el momento de ascenso al clímax se produce en el minuto 5:48 más o menos.

La relación áurea surge de un segmento, de tal forma que al dividirlo en dos —a, b—, ambos segmentos guardan la siguiente relación: la longitud total a+b es al segmento más largo a, como a es al segmento b. O sea

a+b/a = a/b

Para sacar el valor del número áureo equivalente a la relación a/b, hacemos el siguiente cálculo sencillo que se puede encontrar en wikipedia:

Damos a b el valor 1: (a+1)/a = a

Multiplicamos ambos miembros por a: a+1=a^2

Ecuación de segundo grado. La solución positiva es:

Para calcular el momento exacto dentro de esta versión que tenemos, vamos a partir de la base de que a+b (la duración total, el segmento base) dura 9:27 minutos o, lo que es lo mismo, 567 segundos. Evidentemente, es inverosímil que Ravel calculase —en caso de que esta especulación fuese cierta— la relación áurea en base al tiempo de reproducción de la pieza. No tendría sentido. Este cálculo no es más que una especulación, una aproximación que llama la atención y hace pensar que quizá, debido a sus amistades con matemáticos, introdujo este guiño curioso a la proporción áurea. Por tanto hacer estos cálculos en base al tiempo que dura la interpretación de la obra no es más que barruntar algo de manera tosca. En caso de que el posicionamiento del ascenso al clímax tuviese relación con  la proporción áurea, cabría suponer que el autor lo hubiese ubicado en la pieza de cualquier manera más ortodoxa. Repito, esta no es más que una especulación… un cálculo… a ver qué pasa.

Entonces ya sabemos el valor de la relación áurea a/b… también sabemos que a+b/a es igual a dicha relación y también, que a+b —tiempo total— es de 567 segundos. Por tanto:


Si dividimos el valor de a por 60 para calcular los minutos obtenemos 5,84… (5 minutos); multiplicamos 0,84 por 60 para calcular los segundos (50,4 segundos)… por tanto, el segmento a va del inicio hasta el momento 5:50 segundos.

Habrá que obviar las posibles imprecisiones por el uso de largas cifras decimales o por el cálculo del tiempo de manera no exacta ya que se trata de un vídeo… observamos que el ascenso al clímax se produce en esta versión en el minuto 5:48. Evidentemente no es lo mismo, pero más o menos está en el lugar correcto.

Si a dura 5:50 minutos (350 segundos), b durará entonces 3,37 minutos (217 segundos). Ya sabemos que el total a+b equivale a 9:27 minutos (567 segundos).

Pues bien, si estos datos son correctos y están bien calculados, deberían cumplir la proporción áurea.

Por tanto a+b/a = 567/350 = 1,62

Y a/b = 350/217 = 1,61290…

No obtenemos la igualdad entre ambas relaciones, ni el número áureo exacto… pero cerca anda. Teniendo en cuenta que el cálculo se realiza sobre la duración de una versión de cd colgada en la red… habría que sumarle un cierto margen de incorrección por los datos disponibles. Pero las matemáticas hablan por sí solas… y estamos hablando de una proporción, detalle que hay que tener en cuenta porque debería ajustarse más o menos a la realidad de cualquier versión —en caso de ser cierta esta relación— independientemente de la duración total de la interpretación. Es algo proporcional.

¿Posicionó Ravel ese ascenso al clímax en ese preciso punto de manera deliberada?

Pues vaya usted a saber… desde luego desconozco el dato, pero esta relación siempre me ha llamado la atención. Podría ser algo arbitrario… podría; podría ser que respondiese a algún juego con alguno de sus amigos matemáticos o, sencillamente fruto de su propia voluntad… podría. No creo mucho en casualidades en relación a estos creadores… si son capaces de hacer piezas tan bellas… no sé, tengo tendencia a pensar que nada es casualidad; no creaban estas cosas de manera arbitraria… sabían perfectamente lo que hacían y lo hacían con toda premeditación. No creo que estas piezas sean grandes por mera casualidad o arbitrariedad pero… en caso de que así fuese… ¡qué maravillosa casualidad maldita sea!

Todo este post surge a raíz de la película que vi ayer noche: Biutiful, de Alejandro González Iñárritu. Una película muy recomendable en la que el protagonista Uxbal —Javier Bardem— podría equivaler perfectamente a la hojarasca de la que hablo más arriba. Tanto, que hasta por la temática me ha recordado al cierre de nuestro disco del proyecto Triolocría, la canción Las Normas. Pero no desvelaré argumentos para no fastidiarle la película a nadie.

Lo que está claro, es que González Iñárritu debe haber visto algo similar en esta pieza a lo que expongo arriba, porque me sorprendió el acierto que tuvo al ponerla como música final acompañando los títulos de crédito (sí… esa cosa desaparecida que suele venir después de una película, pero que en España se ha decidido erradicar por completo de la emisión de cualquier televisión por mor de la publicidad. Erradicados incluso de la televisión pública, que ya no tiene publicidad —en teoría—. Sí… allí donde aparecen todas las personas que han participado en una película/proyecto y allí donde se les reconoce públicamente el mérito por su trabajo; el único punto en el que TODOS los participantes de un proyecto son reconocidos y que, curiosamente, al Ministerio de Cultura parece no importarle en absoluto… parece que el Ministerio se preocupa con arbitrariedades más concernientes a la industria y algo que es tan sencillo como la censura sistemática del reconocimiento de TODOS los participantes de TODAS las películas emitidas en TODAS las cadenas de televisión parece no tener relevancia alguna; no deja de ser curiosa la hipocresía institucional… como siempre. Nada nuevo).

Esta pieza le venía como un guante al protagonista. La vida desde luego está llena de matices… estos matices se sintetizan a través de expresiones artísticas… algunas de ellas, son tan buenas y acertadas, que ganan vida por sí mismas y sobreviven ellas solas al cabo de los años… pasando por la psique de unos y de otros. Esas son las creaciones grandes. El hecho de que González Iñárritu haya elegido esta pieza para sus créditos, no hace más que perpetuar su difusión, cosa que le dará otro empuje a través del tiempo a la obra… si quedaba en el fondo, reflota… y así sucesivamente. Pero solo reflota lo que tiene capacidad de perdurar y esta obra, sin duda, está sobradamente legitimada para ello. Son obras que, por suerte, ya están por ahí… existen… circulan por un canal, por otro… tan solo hay que parar un momento y escuchar… pero eso, en los tiempos que corren… ya es otro cantar. Allá cada cual.
PD.- Me gusta el concierto para piano en sol mayor de Ravel. Mucho. Aquí interpretado por Martha Argerich. Es verdaderamente grande… para mi gusto.