Cultura del Sonajero

Para­dig­ma cul­tu­ral del sona­je­ro, o el Barro­co del Siglo XXI.

La cul­tu­ra musi­cal actual está tre­men­da­men­te some­ti­da al Para­dig­ma del Sona­je­ro… pero… ¿qué es el Para­dig­ma del Sonajero?

En pri­mer lugar y para empe­zar… ¿qué es un sonajero?

Según la Real Aca­de­mia de la Len­gua, sona­je­ro es:

1.m. Jugue­te con sona­jas o cas­ca­be­les, que sir­ve para entre­te­ner a los bebés.

¿Por qué un sona­je­ro entre­tie­ne a los bebés? Evi­den­te­men­te… por­que esti­mu­la los sen­ti­dos. Esto es:

Colo­res.- Esti­mu­lan la vis­ta… la curio­si­dad del niño por los colores
Soni­dos.- Esti­mu­lan el sen­ti­do del oído con el soni­que­te que provocan
Tac­to.- Sus for­mas invi­tan a los bebés a aga­rrar y mani­pu­lar el sona­je­ro por pura curiosidad
Pala­dar.- Una de las pri­me­ras prue­bas que un bebé hace con un sona­je­ro en su poder es lle­vár­se­lo a la boca
Olfa­to.- Igual que con el res­to de sen­ti­dos, el niño expe­ri­men­ta su olfa­to con los sona­je­ros… algu­nos, inclu­so perfumados.

Por tan­to un sona­je­ro es, a fin de cuen­tas, un ins­tru­men­to endia­bla­da­men­te ver­sá­til, capaz de foca­li­zar la aten­ción de un niño por mero con­tac­to; un bebé es capaz de enfo­car todos sus sen­ti­dos hacia un ins­tru­men­to que no tie­ne abso­lu­ta­men­te nin­gu­na rele­van­cia en el mun­do adul­to y, sin embar­go, es capaz de aman­sar a una fiera.

¿Dón­de está la trampa?

Sen­ci­llo… el efec­to de un sona­je­ro dura sola­men­te el tiem­po que duren los efec­tos de sus carac­te­rís­ti­cas sobre el bebé… es decir, el efec­to de un sona­je­ro dura lo que tar­de el niño en inte­rio­ri­zar las cua­li­da­des del jugue­te. Una vez que el bebé ha inte­rio­ri­za­do colo­res, tac­to, olfa­to, sabor y soni­do… jamás vol­ve­rá a tener inte­rés por el mis­mo arti­lu­gio… es un camino sin retorno… es, siem­pre, cono­ci­mien­to adqui­ri­do… en cir­cuns­tan­cias nor­ma­les no se des­apren­de. Sin embar­go… al incre­men­tar algu­na de las carac­te­rís­ti­cas del sona­je­ro, se reac­ti­va la curio­si­dad del bebé ya que, de nue­vo, des­co­no­ce algo que inci­ta a su curio­si­dad natu­ral. En ese momen­to, el niño aca­ba mos­tran­do nue­va­men­te inte­rés y ‘se alie­na’ por un poco más de tiem­po has­ta que… final­men­te… vuel­ve a per­der el inte­rés ya que habrá inte­rio­ri­za­do otra vez más el ‘nue­vo sona­je­ro’. Y vuel­ta a empe­zar. La com­ple­ji­dad de los sona­je­ros se va incre­men­tan­do de mane­ra gra­dual has­ta ter­mi­nar en lo que todos cono­ce­mos como jugue­tes que, una vez más, esti­mu­la­rán el cono­ci­mien­to del niño has­ta que los ten­ga sufi­cien­te­men­te inte­rio­ri­za­dos, momen­to en el cual, per­de­rá el inte­rés… suma y sigue. Nues­tra vida va acom­pa­ña­da de un ince­san­te incre­men­to para­le­lo que par­tió de nues­tros sona­je­ros per­so­na­les.

El sona­je­ro es, por esta­ble­cer un sím­bo­lo, la zanaho­ria delan­te del burro… esa que nos hace mover­nos… la que hace que nues­tra curio­si­dad vaya dan­do un paso tras otro… siem­pre ten­dien­do a más. El pro­ble­ma, es que una zanaho­ria col­gan­do de un palo es útil para un burro… pero no para el hom­bre… por­que el hom­bre una vez que la haya inte­rio­ri­za­do —ya se bus­ca­ría las cas­ta­ñas, pues­to que es inte­li­gen­te, para sacar­la de la pun­ta del palo y poder comér­se­la— no se vol­ve­rá a mover con una zanaho­ria. Habría que ir incre­men­tan­do el gra­do de ‘enig­ma’ pro­vo­ca­do al burro… per­dón, al hom­bre en este caso.

Por tan­to… los sona­je­ros —y las zanaho­rias—, evo­lu­cio­nan con nues­tro cre­ci­mien­to… en caso con­tra­rio, aún esta­ría­mos aga­rra­dos a nues­tros sona­je­ros infan­ti­les; cosa que podría fun­cio­nar con un ser no racio­nal… por suer­te o des­gra­cia, no es nues­tro caso. Nues­tra curio­si­dad es la gaso­li­na que todo lo mue­ve; la curio­si­dad es un buen indi­ca­dor del gra­do de inte­rés e inquie­tud de una men­te al uso.

SIN EMBARGO

en nues­tro caso —en el caso del ser Humano, no en el del burro— alcan­za­mos un pun­to en el que entra­mos de lleno en lo que Pia­get deno­mi­nó pen­sa­mien­to abs­trac­to; en la ado­les­cen­cia nues­tro cere­bro ya no se con­for­ma con las ope­ra­cio­nes for­ma­les… empie­za a rizar los argu­men­tos… a ima­gi­nar, a abs­traer­se… ¿qué es el Arte… no es aca­so una serie de abs­trac­cio­nes del pen­sa­mien­to? Ahí es don­de los huma­nos supe­ra­mos a los burros… al final, con suer­te, nos inde­pen­di­za­mos de los sona­je­ros o, si se pre­fie­re, nos cons­trui­mos nues­tros pro­pios sona­je­ros… nos trans­for­ma­mos en due­ños y seño­res de nues­tras inquie­tu­des. O… ¿qui­zá no?

Vivi­mos en la Cul­tu­ra del Sona­je­ro. Una fuer­te influen­cia del mer­ca­do sobre los pro­ce­sos de difu­sión del Arte pro­vo­ca que se nece­si­te incre­men­tar cons­tan­te­men­te algu­na carac­te­rís­ti­ca del ‘pro­duc­to artís­ti­co’ difun­di­do. Por tan­to… esta­mos rodea­dos de sona­je­ros por todas par­tes. Tan­to, que al final algu­nos artis­tas aca­ban por con­ver­tir­se en cari­ca­tu­ras de sí mis­mos… rozan­do lo gro­tes­co. Y qui­zá, esos mis­mos artis­tas podrían dar mucho de sí en tér­mi­nos artís­ti­cos —de hecho algu­nos ya lo hacen— sin embar­go… se han some­ti­do a la ‘ley del sona­je­ro’… con­de­nan­do a los con­su­mi­do­res de arte al infan­ti­lis­mo —por no desa­rro­llar su capa­ci­dad de abs­trac­ción— y con­de­nan­do tam­bién a su pro­pia pro­duc­ción… ya que todo lo ‘sona­je­ro’ está pre­des­ti­na­do a ser efí­me­ro… ¿recuer­dan? Cuan­do un niño ya ha inte­rio­ri­za­do el sona­je­ro… jamás vuel­ve a inte­re­sar­se por él.

Lo mis­mo pasa con la Cul­tu­ra, los medios de comu­ni­ca­ción, etc… La des­hu­ma­ni­za­ción de la socie­dad —el hecho de some­ter­se úni­ca­men­te a un mode­lo de fun­cio­na­mien­to mer­can­til— pro­vo­ca que cada vez ten­ga­mos menos capa­ci­dad de abs­trac­ción; los ciu­da­da­nos cada vez esta­mos más alie­na­dos y se nos pre­pa­ra para abor­dar un mun­do alta­men­te espe­cia­li­za­do sin abs­trac­ción de pen­sa­mien­to algu­na… todo va enfo­ca­do a la opti­mi­za­ción de una pro­duc­ti­vi­dad que, sin dejar de ser impor­tan­te, se con­vier­te en un cán­cer metas­tá­si­co… ya que aca­ba por reali­men­tar el defec­to de los ciu­da­da­nos —tor­pe­za en su capa­ci­dad de abs­trac­ción— que dará fin en últi­mo caso a su pro­pia razón de ser (la pro­duc­ti­vi­dad en un mer­ca­do cul­tu­ral no ten­drá nin­gu­na razón de ser si aca­ba estan­do rodea­da de burros; una lás­ti­ma… pero así es; si los burros die­ran el mis­mo jue­go, no habría más que hablar).

Es pre­ci­sa­men­te por ello que nues­tra pro­duc­ti­vi­dad no es ópti­ma… es, de hecho, más bien defi­cien­te. Es algo evi­den­te… no se es más pro­duc­ti­vo por tra­ba­jar más horas… si no por tra­ba­jar­las mejor. Menos horas, pero más pro­duc­ti­vas, mejor gestionadas.
Y esto afec­ta… evi­den­te­men­te, a la Música.

Hay tres can­cio­ne­ros alta­men­te envi­dia­bles en el mun­do… no son los úni­cos, pero sí es posi­ble que sean los más exten­sos y ricos en lo que a músi­ca con­tem­po­rá­nea —más o menos recien­te— se refie­re; a saber: el bra­si­le­ño, el cubano y el nor­te­ame­ri­cano. Tres pila­res fun­da­men­ta­les de la Músi­ca en el siglo XX y con total segu­ri­dad tam­bién del siglo XXI. Huel­ga des­ta­car las vir­tu­des del can­cio­ne­ro bra­si­le­ño, cosa que ya hemos hecho en más de una oca­sión y, pro­ba­ble­men­te, se hará más veces en el futu­ro; Los nor­te­ame­ri­ca­nos, como en todo, son capa­ces de lo mejor y de lo peor en el mis­mo paque­te. Un buen ejem­plo de ello es el fes­ti­val ‘sona­je­ro’ por exce­len­cia de la indus­tria musi­cal nor­te­ame­ri­ca­na actual: MTV Video Music Awards. Sona­je­ro tras sona­je­ro. En nivel ‘sona­je­ro’ es tal que inclu­so entra en una diná­mi­ca extre­ma­da­men­te Barro­ca… una diná­mi­ca de defor­ma­ción total y abso­lu­ta en don­de la Músi­ca pasa a un vigé­si­mo sép­ti­mo plano, para dar lugar a toda una serie de códi­gos y usos que se arti­cu­lan con el fin de man­te­ner la aten­ción de las ame­bas mór­bi­das lobo­to­mi­za­das que repo­san sus chi­clo­sas nal­gas fren­te al tele­vi­sor. Juven­tud divino tesoro.

Cada movi­mien­to pro­du­ci­do en el ámbi­to mediá­ti­co —inclui­dos los infor­ma­ti­vos— cada vez se desa­rro­lla de mane­ra más… ‘sona­je­ra’… idio­ti­zan­do aún más al espec­ta­dor… por si no fue­ra sufi­cien­te. La pér­di­da de res­pe­to por el espec­ta­dor es total y abso­lu­ta… sin com­ple­jos. Y, la ver­dad sea dicha, el espec­ta­dor —o ame­ba mór­bi­da lobo­to­mi­za­da—, tam­po­co se hace res­pe­tar… por tan­to es una pes­ca­di­lla que se muer­de la cola… un círcu­lo vicio­so, dema­sia­do vicio­so. ¿Por qué no se hace res­pe­tar? Evi­den­te: edu­ca­ción. Bri­lla por su ausen­cia. La edu­ca­ción debe ser equi­li­bra­da e ínte­gra… cosa abso­lu­ta­men­te utó­pi­ca en la actua­li­dad. Del sis­te­ma edu­ca­ti­vo no salen indi­vi­duos libre­pen­sa­do­res… sino car­ne para el mer­ca­do. Pun­to. Indi­vi­duos alta­men­te efi­cien­tes… sumi­sos —¿horas extras?... ¿qué es eso?— y some­ti­dos al ‘así son las cosas’. Y no les fal­ta razón. Así son. Pero siem­pre lo fue­ron tam­bién en el pasa­do, y hubo gen­te que mejo­ró lo que había. Tene­mos lo que nos mere­ce­mos. ¿Será que nos lo mere­ce­mos? ¿es cul­pa­ble alguien que no lle­ga a desa­rro­llar una capa­ci­dad crí­ti­ca para razo­nar lo que suce­de en su entorno?

Nues­tro sis­te­ma edu­ca­ti­vo —deci­mo­nó­ni­co— aún res­pi­ra… cuan­do debe­ría haber sido refor­mu­la­do de ini­cio a fin des­de hace unos años ya. Se escu­cha con fre­cuen­cia… ‘la Edu­ca­ción es una mier­da’, ‘cómo vie­nen los niños…’, ‘pero qué ver­güen­za de juven­tud’, etc… Sugi­rien­do que en el pasa­do, la edu­ca­ción fue mejor. La edu­ca­ción del pasa­do fue la edu­ca­ción que corres­pon­día en ese tiem­po y espa­cio con­cre­to… el pro­ble­ma que tene­mos es pre­ci­sa­men­te que esta­mos uti­li­zan­do aque­lla mis­ma edu­ca­ción en este tiem­po y espa­cio que vivi­mos aho­ra y, por des­gra­cia, dicho sis­te­ma demues­tra ser alta­men­te inefi­caz en estas cir­cuns­tan­cias. Por tan­to… la edu­ca­ción basa­da en con­te­ni­dos está sien­do alta­men­te dañi­na. No se tra­ta de eli­mi­nar total­men­te los con­te­ni­dos… se tra­ta de valo­rar lo que en ver­dad es nece­sa­rio hoy: desa­rro­llar des­tre­zas; para lo cual se nece­si­ta­rán unos con­te­ni­dos… pero des­de lue­go no son la pie­dra angu­lar de la mejo­ra del sis­te­ma edu­ca­ti­vo… de hecho, aho­ra mis­mo, son más bien una rémora.
Es fre­cuen­te encon­trar razo­na­mien­tos alta­men­te pue­ri­les inclu­so en la cla­se polí­ti­ca… ¿cómo es eso posi­ble? Es posi­ble… por­que el mar­ke­ting dic­ta­mi­na que si se pre­ten­de lle­gar al cere­bro del indi­vi­duo ‘X’ habrá que hacer­lo a tra­vés de un len­gua­je que le lle­gue al suso­di­cho. Por tan­to, si el indi­vi­duo es ‘pere­zo­so’ en lo que a razo­na­mien­to se refie­re… habrá que poner­se a su nivel… y no lo con­tra­rio, invi­tar a que el ‘pere­zo­so’ se acti­ve de algún modo. Es una estra­te­gia lógi­ca de mer­ca­do… hay que lograr el obje­ti­vo… cuan­to más esfuer­zo le supon­ga al obje­ti­vo, peor. Y cla­ro… así nos encon­tra­mos con la fal­ta de razo­na­mien­to total y abso­lu­ta en la que esta­mos inmersos.

Pon­ga­mos un ejem­plo. Se dice con fre­cuen­cia que: ‘hay una tre­men­da cri­sis de valores’.

Fal­so o, cuan­do menos, cap­cio­so. Lo valo­res no están en cri­sis. Las vías, méto­dos o modos de trans­mi­tir­los a los ciu­da­da­nos sí. Pue­de pare­cer lo mis­mo, pero no lo es; y este deta­lle es de suma impor­tan­cia. El ‘no mata­rás’ no está en cri­sis… ni mucho menos. Lo que sí está en cri­sis es ‘el modo’ de incul­car, difun­dir y edu­car ese ‘no mata­rás’. Hay varias for­mas de lle­gar a ese mis­mo valor: reli­gión, filo­so­fía, antro­po­lo­gía, polí­ti­ca, socio­lo­gía… suma y sigue. La Razón a fin de cuen­tas. Hay valo­res que son intrín­se­cos a nues­tra natu­ra­le­za huma­na, y el ‘no mata­rás’ es un ejem­plo bas­tan­te neu­tro que pue­de ser­vir de ejem­plo per­fec­ta­men­te. Lo que atra­vie­sa una cri­sis pro­fun­da y tre­men­da es el acer­ca­mien­to al valor a tra­vés de la vía uti­li­za­da por el pen­sa­mien­to reli­gio­so… eso sí atra­vie­sa una pro­fun­da cri­sis:

(Del lat. cri­sis, y este del gr. ).
1. f. Cam­bio brus­co en el cur­so de una enfer­me­dad, ya sea para mejo­rar­se, ya para agra­var­se el paciente.
2. f. Muta­ción impor­tan­te en el desa­rro­llo de otros pro­ce­sos, ya de orden físi­co, ya his­tó­ri­cos o espirituales.
3. f. Situa­ción de un asun­to o pro­ce­so cuan­do está en duda la con­ti­nua­ción, modi­fi­ca­ción o cese.
4. f. Momen­to deci­si­vo de un nego­cio gra­ve y de con­se­cuen­cias importantes.
5. f. Jui­cio que se hace de algo des­pués de haber­lo exa­mi­na­do cuidadosamente.
6. f. Esca­sez, carestía.
7. f. Situa­ción difi­cul­to­sa o complicada.

Eti­mo­ló­gi­ca­men­te hablan­do, ‘cri­sis’, sig­ni­fi­ca cam­bio. Y eso es lo que suce­de en sen­ti­do lite­ral, el modo de abor­dar los valo­res está cam­bian­do… el mode­lo judeo­cris­tiano ha fra­ca­sa­do… nadie lo puso en jaque, sen­ci­lla­men­te no se sos­tie­ne por sí mis­mo en los tiem­pos que corren. Para­dó­ji­ca­men­te, se hace indis­pen­sa­ble des­ta­car que la sofis­ti­ca­ción en el pro­ce­so de alie­na­ción alcan­za tales nive­les que ya ni la estruc­tu­ra de alie­na­ción por anto­no­ma­sia en nues­tra cul­tu­ra —la reli­gión—, es capaz de adap­tar­se a los tiem­pos. En otras pala­bras… las per­so­nas siguen optan­do por casar­se por la igle­sia —la mayo­ría—… el pro­ble­ma, es que a los dos años se divor­cian —si lle­gan—. Sin más.

¿Por qué el pen­sa­mien­to reli­gio­so atra­vie­sa esta cri­sis —cam­bio—? Curio­sa­men­te, las reli­gio­nes —con­ser­va­do­ras por regla gene­ral— no han adop­ta­do esa pecu­liar des­tre­za de los intere­ses alie­nan­tes actua­les: el sona­je­ro. La socie­dad actual pier­de el inte­rés en todo de una mane­ra sor­pren­den­te­men­te rápi­da e irre­vo­ca­ble —casi como el niño con su sona­je­ro—; sen­ci­lla­men­te pier­de inte­rés cuan­do ya cono­ce algo —debi­do a la cos­tum­bre de la inme­dia­tez del flu­jo de infor­ma­ción—. Aun­que un suce­so sea rele­van­te, no des­per­ta­rá un inte­rés dema­sia­do pro­lon­ga­do en el tiem­po… por muy trá­gi­co que sea el acon­te­ci­mien­to… es igual… cual­quier cosa que suce­da tie­ne a par­ti­da sus días con­ta­dos. Curio­so. Y… peli­gro­so. Las for­mas reli­gio­sas que sí han opta­do por el sona­je­ro —espe­cial­men­te en el con­ti­nen­te ame­ri­cano, lugar don­de el mar­ke­ting es casi otro dog­ma— funcionan.

Pero este post no hace refe­ren­cia al pen­sa­mien­to reli­gio­so —ha sido un efec­to cola­te­ral—… el obje­to últi­mo y final es la Músi­ca y su indus­tria actual.

En el últi­mo MTV Video Music Awards, algu­nos mode­li­tos eran dig­nos de ‘sona­je­ro’… sin duda.

Es el ir más allá… el ‘¿Qué hago para des­ta­car que no haya hecho nadie antes aún?... poner­me un cubo ama­ri­llo en la cabe­za?’… pues un cubo ama­ri­llo en la cabe­za. No hay que dar­le más vuel­tas. Hay que dejar un sello dis­tin­ti­vo que cir­cu­le por los medios de todo el mun­do… algo que gene­re trá­fi­co y cir­cu­la­ción de infor­ma­ción por todas par­tes. Y fun­cio­na, cla­ro. En caso con­tra­rio, no apa­re­ces con un cubo ama­ri­llo en la cabe­za para reci­bir un pre­mio. Curio­sa­men­te, hay quien se mete con el fut­bo­lis­ta Car­les Puyol —no me gus­ta el fút­bol—, por acu­dir a la recep­ción de un pre­mio ata­via­do como le vie­ne en gana —indu­men­ta­ria sport de su equi­po—. Es posi­ble que la perio­dis­ta Ana Ure­ña que cri­ti­ca al fut­bo­lis­ta, no cri­ti­ca­ra el «cla­són» de Katy Perry y su cubo ama­ri­llo… ¡es muy ori­gi­nal! Y barro­co… Aun­que, pro­ba­ble­men­te, si alguien se preo­cu­pa por la ves­ti­men­ta de un fut­bo­lis­ta para reco­ger un pre­mio (¿...?)... es posi­ble que tam­bién se preo­cu­pe de la indu­men­ta­ria de Katy... cosas vere­des ami­go San­cho. Es lógi­co pen­sar que le paguen para preo­cu­par­se por ese tipo de asun­tos... es periodista.

Otro ejem­plo es Lady Gaga, archi­co­no­ci­da por sus mode­los… (ves­ti­do de car­ne, etc…) ¿no es eso rizar cons­tan­te­men­te el rizo? ¿no es eso incre­men­tar el sona­je­ro una y otra vez?... Lo malo es que el sona­je­ro, como en los niños, tie­ne un tiem­po de vida… dura lo que dura… y al final,solo sal­va el paso del tiem­po aque­llo que buceó de lleno en la abs­trac­ción de nues­tro pen­sa­mien­to y se con­vir­tió en madu­ro… en eterno. Todo lo demás está pre­des­ti­na­do a ser efí­me­ro… que­da­rá en el tiem­po como algo anec­dó­ti­co des­de lue­go, pero se per­de­rá. Comer­cia­mos por tan­to con mate­rial pre­des­ti­na­do a ser efí­me­ro… por­que resul­ta inme­dia­to, pero no dura­de­ro. Lo dura­de­ro en con­tra­par­ti­da no gene­ra bene­fi­cios a prio­ri pero, vaya por dios, es lo que resis­te el paso del tiem­po. Si la indus­tria no está enfer­ma… pues no sé yo enton­ces qué le pasa.

Pues eso... si esto no es barroco...

Vas a una gala... y enton­ces lle­vas una cule­bra en la mano... ¡peda­zo de sona­je­ro Jus­tin!

La malo­gra­da Winehou­se es otro buen ejem­plo. No han pasa­do ni tres meses de su falle­ci­mien­to y ya se pre­pa­ra un guión para su pelí­cu­la. Nego­cio. Ni más, ni menos. ¿Qué era el pelo de Winehou­se si no un sona­je­ro —al igual que el res­to de la indu­men­ta­ria—?... ¿en qué se con­vir­tió esta pobre mucha­cha si no en una cari­ca­tu­ra de sí mis­ma? La des­tro­za­ron. La con­de­na­ron en el pre­ci­so ins­tan­te en el que la com­pa­ra­ron nada más empe­zar con Billie Holi­day¡pero qué cruel­dad! Com­pa­rar a la mucha­cha con un mito al que jamás alcan­za­ría con el úni­co fin de ven­der. ¿Quién pue­de aguan­tar seme­jan­te pre­sión sobre su tra­ba­jo? Espe­cial­men­te si se tra­ta de un tra­ba­jo artís­ti­co, extre­ma­da­men­te expues­to y suje­to a los desig­nios de una mara­bun­ta caó­ti­ca de emo­cio­nes a flor de piel —la pro­pia natu­ra­le­za de Amy—. Pues eso.

Vivi­mos por tan­to en una cul­tu­ra de este­roi­des, de apa­rien­cias, cada vez más barro­ca, lle­na a rebo­sar de sona­je­ros por doquier… en la Músi­ca, en el Cine, en la Polí­ti­ca, en la tele­vi­sión… por todas par­tes. Los sona­je­ros son úti­les para gene­rar una iner­cia ini­cial de ven­ta pero, pron­to, se des­va­ne­cen en cues­tión de sema­nas… Los sona­je­ros son a la Músi­ca lo que una erec­ción sexa­ge­na­ria a las rela­cio­nes de pare­ja… nece­si­tan de ayu­da exter­na para aguan­tar un poco más pero, su carác­ter efí­me­ro es casi inevi­ta­ble —sal­van­do, segu­ro, algu­na hon­ro­sa excep­ción a la regla—. Todo son sona­je­ros. Cul­tu­ra del Sona­je­ro… barro­co del siglo XXI… siem­pre yen­do más allá… el ves­ti­do más… la can­ción más… el solo más… Todo es un alar­de de inno­va­ción, nove­dad o des­tre­za… que, en cuan­to deja de ser­lo, pier­de todo su inte­rés por­que en sus fun­da­men­tos no hay base algu­na. Todo lo que se ven­de es aire… unas veces buen aire, otras aire nau­sea­bun­do… pero aire a fin de cuen­tas. Todos nos suma­mos a ese fes­ti­val sona­je­ro de lo efí­me­ro. Con la que está cayen­do, tam­po­co está de más bana­li­zar un poco pero… lue­go no nos que­je­mos… que­re­mos cal­do y nos dan vein­ti­sie­te tazas. Es la dife­ren­cia entre la por­no­gra­fía y la sexua­li­dad… y el que no entien­da esa com­pa­ra­ción, que olvi­de este post… pues­to que no ten­drá la más míni­ma rele­van­cia… tears in rain.

A veces ten­go la sen­sa­ción de que lo NO SONAJERO se que­dó en momen­tos como este:

Es curio­so… qué poten­cia extre­ma artís­ti­ca había sobre ese esce­na­rio. ¿Y gra­ban­do?... Scor­se­se. Casi nada. No hace fal­ta ni dar nom­bres. Se han hecho infi­ni­dad de cosas des­de enton­ces, pero esta actua­ción… esta can­ción en con­cre­to, este momen­to final… es casi un sím­bo­lo cre­pus­cu­lar del final de una iner­cia artís­ti­ca desa­rro­lla­da años antes a ese con­cier­to. Cla­ro… la des­pe­di­da de The Band… todos se jun­ta­ron para des­pe­dir­los. Ese momen­to será eterno. Ni Winehou­se, ni Gaga, ni Perry —por uti­li­zar ejem­plos de sona­je­ro— serán capa­ces de repro­du­cir JAMÁS un momen­to con tan­ta magia y poten­cia como este. Any day now… any day now… I shall be relea­sed… así que allá cada cual.

Time After Time

A ver si con­si­go expli­car­me… el paso del tiem­po es inexo­ra­ble… ¿qué somos noso­tros en com­pa­ra­ción con esa irre­me­dia­ble reali­dad? Nada. Nada y todo al mis­mo tiempo.

Nada, por­que la pri­ma de ries­go es aho­ra… nada por­que espe­cu­la­ción eco­nó­mi­ca es aho­ra… nada, por­que la gue­rra es un aquí y aho­ra… nada por­que injus­ti­cia solo tie­ne sen­ti­do mien­tras es pade­ci­da por alguien, por tan­to, depen­de direc­ta­men­te de un cri­te­rio espa­cio-tem­po­ral. Nada por­que la injus­ti­cia, al ser ejer­ci­da, ya hace todo el daño que se espe­ra de ella… no tras­cien­de a lo lar­go de los años… lo que tras­cien­den son sus con­se­cuen­cias, las con­se­cuen­cias de un sis­te­ma eco­nó­mi­co tor­ti­ce­ro, injus­to y maquia­vé­li­co… idea­do des­de la vile­za, la ava­ri­cia y nues­tro lado oscu­ro. Ese mis­mo sis­te­ma, es pre­sen­te… aún no pode­mos decir que pasó… que se con­vir­tió en pasa­do… una vez que poda­mos decir seme­jan­te cosa —¿pasa­rán siglos?—… la pre­gun­ta es… ¿tras­cen­die­ron más allá del tiem­po los ardi­des eco­nó­mi­cos?... nah… nos afec­tan aquí y aho­ra… sus con­se­cuen­cias nos afec­ta­rán a noso­tros, a nues­tros hijos y qui­zá a nues­tros nie­tos; qui­zá no sufri­rán direc­ta­men­te lo que suce­de aho­ra… pero sí sus con­se­cuen­cias y el inge­nio de un sis­te­ma torticero.

Y… sin embar­go… lo somos todo. Todo por­que hay indi­vi­duos que son capa­ces de tras­cen­der muy por enci­ma de lo espe­ra­do… tras­cien­den sus emo­cio­nes, su for­ma de expre­sar­se gene­ra empa­tía a tra­vés del tiem­po por­que, con el paso de las déca­das… conec­ta más a los huma­nos una expre­sión facial, una inter­pre­ta­ción musi­cal… que un puña­do de ini­cia­ti­vas legislativas/económicas… por mucho que afec­ten al presente.

Somos nada y todo al mis­mo tiem­po. Curio­so. Y los valo­res que se trans­mi­ten a los demás, a los hijos, a los jóve­nes… no son aque­llos que per­mi­ten cap­tar lo tras­cen­den­tal… son, pre­ci­sa­men­te todo lo con­tra­rio… los que des­orien­tan, los que no te ayu­dan más que a sal­var el culo aquí y aho­ra… a sobre­vi­vir. Es com­pren­si­ble, y tie­ne toda la lógi­ca del mun­do. Pero adap­tar­se al aquí y al aho­ra, jamás cons­trui­rá un buen futu­ro o, mejor dicho, el futu­ro no será más que una mór­bi­da y tris­te iner­cia inevi­ta­ble… todo será un eterno aquí y aho­ra. De ahí que sea tan impor­tan­te conec­tar con lo que ver­da­de­ra­men­te tras­cien­de el paso de los años. Minus­va­lo­rar el Arte no es más que un error que nos hace fla­cos favores.

Ya podrán pasar los años por noso­tros, por nues­tros padres, por nues­tros hijos, por nues­tros ami­gos… que, curio­sa­men­te… time after timehay cosas que se con­vier­ten en eter­nas de mane­ra inevi­ta­ble, inexo­ra­ble e inde­fec­ti­ble… pasan por enci­ma de todo y todos... sin más. Inclu­so tipos adic­tos a la heroí­na y con menos dien­tes que tú y que yo. Cabría pre­gun­tar­se... ¿dón­de está la belle­za pues? Allá cada cual.

Los niños y la Música

Al salir de La Casa de la Radio en Pra­do del Rey, des­pués de la entre­vis­ta del otro día… Manel y yo, como de cos­tum­bre, nos pusi­mos a filo­so­far… ¡qué menos! La oca­sión lo mere­cía. Cla­ro, habla­mos de nues­tra pri­me­ra vez en Radio Nacio­nal, cómo no… pero al final aca­ba­mos hablan­do de niños. Enton­ces me acor­dé de que el otro día dejé pen­dien­te un post acer­ca de la músi­ca bra­si­le­ña dedi­ca­da a los niños. Hay mucho que con­tar ahí.

¿Qué pasa con los niños?... Hacer­se esa pre­gun­ta es injus­to o, cuan­do menos, un error… lo correc­to sería… ¿qué pasa con los adul­tos? A fin de cuen­tas, los niños no son más que el refle­jo direc­to de los adul­tos que tie­nen a su alre­de­dor. Man­que nos pese. Por tan­to, si lle­ga­mos a la tesi­tu­ra de pre­gun­tar­nos… ¿qué pasa con los niños?, eso es que noso­tros mis­mos a prio­ri no debe­mos estar muy bien.

Cuan­do era niño, recuer­do per­fec­ta­men­te un sen­ti­mien­to y refle­xión que jamás me saca­ba de la cabe­za cada vez que me lle­va­ban a cual­quier casa aje­na a la mía… ami­gos, fami­lia, etc… ¿Qué habrá de intere­san­te para un niño en ese sitio al que me lle­van?... cual­quier cosa me ser­vía, un arma­rio colo­ri­do, un cua­dro, el sue­lo de colo­res, pega­ti­nas en las ven­ta­nas, jugue­tes de mis ami­gos-pri­mos, sus cajo­nes… ¿qué ten­drían esos cajo­nes?! Menu­das bron­cas me chu­pé por andar hur­gan­do don­de no debía! Lo hacía sin áni­mo coti­lla, la ver­dad sea dicha… que­ría ver… qué había de intere­san­te allí… nada más. ¡Coti­lla!

Otro sen­ti­mien­to de infan­cia muy fuer­te: tenía la sen­sa­ción de que los adul­tos eran menos inte­li­gen­tes que los niños; esta­ba con­ven­ci­do de ello. Eran mucho más des­pis­ta­dos, se olvi­da­ban de las cosas, se des­pis­ta­ban, suce­dían cosas delan­te de ellos y no se daban cuen­ta… ¿pero qué les pasa?!... Pasa que están preo­cu­pa­dos… pasa que tie­nen res­pon­sa­bi­li­da­des, pasa que te tie­nen a ti y que hay que dar­te de comer, ves­tir­te, asear­te, hacer­te estu­diar, ser capaz de con­tes­tar a tus pre­gun­tas de niño, que­rer­te y, por el camino, inten­tar no olvi­dar­se de ellos mis­mos. Pasa que la socie­dad se vuel­ve hos­til… deman­da ocu­par un lugar en tu tiem­po y espa­cio… te alie­na. Ser adul­to es una movi­da. Nos pasa­mos la vida inten­tan­do alcan­zar esa paz de espí­ri­tu, esa tran­qui­li­dad, esa feli­ci­dad que alcan­za­bas hacien­do la cosa más tri­vial sien­do niño… unos lo con­si­guen, otros se pier­den por el camino.

Per­der el con­tac­to con la infan­cia es per­der el con­tac­to con tu pro­pia niñez y, por exten­sión, con­ti­go mis­mo. Hay per­so­nas que no son capa­ces de arti­cu­lar dos pala­bras con un niño… han per­di­do la cos­tum­bre! (cual­quie­ra sabe bien a lo que me refie­ro, pasa con más adul­tos de lo que pare­ce) Pero tam­bién fue­ron niños… ¿qué pasó? Pasa que entra­mos de lleno en la mara­bun­ta del mun­do adul­to y… y ni Peter Pan nos saca de aquí. No se tra­ta de pre­ten­der vivir eter­na­men­te en la infan­cia… más bien de con­vi­vir con ella, de saber lle­var­la y reci­clar­la. Los niños son sor­pren­den­tes y eso, con fre­cuen­cia, se nos olvi­da a los adul­tos; y cla­ro… lue­go nos pre­gun­ta­mos… ¿pero qué les pasa a los niños?

Ya qui­sié­ra­mos los adul­tos tener la capa­ci­dad de apren­di­za­je y asi­mi­la­ción que tie­ne un niño… su plas­ti­ci­dad cere­bral. Sin embar­go, solo aven­ta­ja­mos a los niños en los con­te­ni­dos de nues­tro cono­ci­mien­to, en todo lo demás nos supe­ran con creces.

En eso… y en el con­trol de las emo­cio­nes… ellos, pobres, aún no han teni­do tiem­po de hacer­se con ese endia­bla­do mun­do que tan­to nos ayu­da y tan­to nos hace sufrir en el camino a los adul­tos. Es curio­so como estos peque­ños seres con una capa­ci­dad de apren­di­za­je insu­pe­ra­ble dis­fru­tan o sufren como si no hubie­se un maña­na. De ahí la impor­tan­te de sus refe­ren­tes vita­les… muchos adul­tos se olvi­dan de eso. Por eso resul­ta gro­tes­co ver a niños enfras­ca­dos en acti­vi­da­des artís­ti­cas de alto nivel o expo­si­ción como si fue­sen monos de feria… los pobres arti­cu­lan aque­llo para lo que se les ha adies­tra­do —sí por­que… en ese momen­to su repre­sen­ta­ción es mecá­ni­ca, aún no pue­de ser emo­cio­nal—. Esos des­pro­pó­si­tos que a veces se ven por el mun­do son un fiel refle­jo de la empa­na­da men­tal de los adul­tos a su alre­de­dor… inclu­so de los que dis­fru­tan vien­do esas extra­ñas actua­cio­nes. No se dan cuen­ta de que el arte o la inter­pre­ta­ción artís­ti­ca va mucho más allá… tie­ne que ver con la abs­trac­ción del pen­sa­mien­to, con la empa­tía, con el con­trol o des­con­trol de las emo­cio­nes… emo­cio­nes menos pri­ma­rias que las infan­ti­les. Hay veces que no les dan tiem­po a cre­cer… los adies­tran y suel­tan sobre un esce­na­rio como si tal cosa. ¿Pero cómo pue­de un niño saber lo que le pasa­ba por la men­te a Bach, Beetho­ven, Hen­drix o Holi­day? Podrá eje­cu­tar… pero, mal­di­ta sea… ¡dad­les tiem­po a sen­tir, cre­cer y apren­der! Hay que hilar fino con los niños, sin duda. Hay adul­tos que apro­ve­chan esa capa­ci­dad de apren­di­za­je que se tie­ne cuan­do se es niño para meter con cal­za­dor un apren­di­za­je que sí… será más efec­ti­vo ini­cián­do­se en la infan­cia, pero que ini­cial­men­te no pasa­rá de mera eje­cu­ción, no inter­pre­ta­ción. Para inter­pre­tar hay que entrar ya en el mun­do de la abs­trac­ción y eso, has­ta la ado­les­cen­cia por lo menos, no se empie­za a barruntar.

Con­vie­ne no olvi­dar que en la infan­cia se ges­ta TODO el futu­ro de una per­so­na… en ella se cons­tru­ye la estan­te­ría men­tal en la cual se guar­da­rán los libros a lo lar­go de edad adul­ta —el cono­ci­mien­to, los con­te­ni­dos—… cons­truir en la infan­cia una estan­te­ría con las bal­das tor­ci­das, lo úni­co que con­se­gui­rá será con­de­nar por com­ple­to la capa­ci­dad de apren­di­za­je de ese indi­vi­duo para el res­to de su vida… en bal­das tor­ci­das los libros entran peor, se guar­dan peor. La acu­mu­la­ción de cono­ci­mien­tos en ese caso es menos ópti­ma. Los niños DEBEN ser lo que son… niños. Sus pro­pias inquie­tu­des irán guián­do­les tan­to a ellos como a los padres. Por eso, en oca­sio­nes ver a niños peque­ños eje­cu­tar de mane­ra ejem­plar algún ins­tru­men­to, pie­za u obra y com­pro­bar sus inex­pre­si­vas caras infan­ti­les de con­cen­tra­ción, da un poco de cora­je. ¡Vete a jugar niño! Que es lo tuyo. ¿Nadie se da cuen­ta de que el niño eje­cu­ta pero no inte­rio­ri­za la abs­trac­ción de lo que hace? Si es tan fácil como dejar­le cre­cer a gus­to, sin más.

Su capa­ci­dad de inven­tar, ima­gi­nar, apren­der, rete­ner, razo­nar es sor­pren­den­te… muy supe­rior a la de cual­quier adul­to. Care­cen, eso sí, de con­te­ni­dos aca­dé­mi­cos… ¡evi­den­te­men­te!... no han teni­do tiem­po de acu­mu­lar­los! La vida per­mi­ti­rá que con el tiem­po los vayan acu­mu­lan­do pero, para­do­jas de la vida, al mis­mo tiem­po que van con­quis­tan­do ese terreno… se van ale­jan­do de su infan­cia, de su plas­ti­ci­dad… se van hacien­do adul­tos, como el res­to. Esta­mos ence­rra­dos en ese maquia­vé­li­co jue­go: sien­do niños fui­mos feli­ces —por regla gene­ral— y nos pasa­mos la vida que­rien­do alcan­zar esa mis­ma feli­ci­dad de la cual dis­fru­ta­mos… y por el camino, cuan­to más cre­ce­mos, más cono­ci­mien­to acu­mu­la­mos, más viven­cias, más saber… y más nos ale­ja­mos de aque­llo que fui­mos. Lo que está cla­ro es que no se tra­ta de ser niños eter­na­men­te —el deno­mi­na­do sín­dro­me de Peter Pan–, más bien de saber inter­pre­tar la infan­cia de uno mis­mo, con­vi­vir con ella y adap­tar­la a tu vida adul­ta. Esto me lle­va a la siguien­te pre­gun­ta… ¿pen­sa­mos que los niños son cor­tos?... ¿adul­tos en peque­ño pero menos doc­tos?... ¿pro­yec­tos de adul­tos?... ¿qué son los niños?

Y aquí que­ría yo lle­gar. Una vez más la cul­tu­ra musi­cal bra­si­le­ña es un buen ejem­plo a seguir.

Bra­sil tie­ne aque­llo que podría­mos deno­mi­nar un sub­gé­ne­ro den­tro de su músi­ca muy intere­san­te… músi­ca cuyo tar­get está muy difu­so entre la infan­cia y la edad adul­ta… algo muy pecu­liar. Can­cio­nes cuya esté­ti­ca y ade­mán es infan­til pero que, en últi­mo caso, son autén­ti­cas per­las para adul­tos… para que esos adul­tos no pier­dan el con­tac­to con su pro­pia infan­cia, para que sepan ges­tio­nar esa vida adul­ta y no se pier­dan por el camino. Belle­za pura, como can­ta­ba Caetano.

Que­rría abor­dar una serie de ejem­plos musi­ca­les que me acom­pa­ña­ron de niño… y me acom­pa­ñan de adul­to. Mi tiem­po y espa­cio se ha vis­to toca­do en infi­ni­dad de oca­sio­nes por estos sones y letras que vie­nen a continuación.

En pri­mer lugar, uno de los ejem­plos más evi­den­te: O Pato, de Jay­me Sil­va y Neu­za Tei­xei­ra —arre­gla­do por João Gil­ber­to, e inter­pre­ta­do aquí jun­to a Cae­tano Velo­so—.

 

O Pato

*.- Es un pato más pequeño.

Gran­des. Tan gran­des que no pue­do comen­tar gran cosa al res­pec­to. Solo decir que esto es una can­ción, a prio­ri, hecha con esté­ti­ca infan­til… pero es evi­den­te lo difu­sa que que­da aquí esa carac­te­rís­ti­ca ya que la cali­dad de la com­po­si­ción, de la letra, de la inter­pre­ta­ción es de tal nivel que tras­cien­de eda­des. En reali­dad es una sáti­ra de los crí­ti­cos musi­ca­les, una sáti­ra en la que se qui­so bus­car este len­gua­je pecu­liar en el terreno infan­til. Y ahí está una de las cla­ves de este sub­gé­ne­ro, tal como se con­ci­be por algún sec­tor de la Músi­ca Popu­lar Bra­si­le­ña… una com­po­si­ción para niños con tan­to nivel… que tras­cien­de eda­des… ¿aca­so no es eso res­pe­tar la infan­cia más allá de lo que se acos­tum­bra? Las apti­tu­des infan­ti­les —a pesar de care­cer de con­te­ni­dos aca­dé­mi­cos— son como un múscu­lo… tam­bién nece­si­tan ejer­ci­tar­se para no anqui­lo­sar­se y per­der­se a lo lar­go de los años… la capa­ci­dad de sor­pren­der­se, de ima­gi­nar, esa plas­ti­ci­dad cere­bral que nos per­mi­te estar abier­tos al mun­do. Si, por el camino, el com­po­si­tor le suel­ta un guan­te blan­co a unos supues­tos crí­ti­cos musi­ca­les… ¡que le qui­ten lo bailao!

Esa esté­ti­ca pecu­liar, uti­li­zan­do ono­ma­to­pe­yas, ali­te­ra­cio­nes, y demás figu­ras lite­ra­rias no es arbi­tra­ria… se bus­ca con toda pre­me­di­ta­ción y ale­vo­sía. El uso de ani­ma­les en este tipo de can­cio­nes tam­bién es muy fre­cuen­te, se uti­li­zan como un jue­go con los niños… un clá­si­co que a nadie le resul­ta extra­ño. En este sen­ti­do, otro caso exce­len­te para el aná­li­sis es el siguiente:El Leon­ci­to de Cae­tano Velo­so, O Leãozinho:

 

O Leaozinho

En la sen­ci­llez radi­ca su belle­za. Ele­gan­te, fino, lumi­no­so… el Leon­ci­to habla del hijo de Cae­tano, al pare­cer com­pu­so esta can­ción cuan­do su hijo aún era un niño. Can­ción bellí­si­ma, y no por infan­til menos bella.

Otro tema que com­par­te con­di­ción con los ante­rio­res: Na Ilha de Lia, no Bar­co de Rosa —En la Isla de Lia, en el Bar­co de Rosa—, de Edu Lobo y Chi­co Buar­que de Holan­da:

 

Na ilha de lia no barco de Rosa

Esta mis­ma pare­ja tam­bién tie­ne otra can­ción muy intere­san­te en el aspec­to que se ana­li­za en este artícu­lo: Ciran­da da Bai­la­ri­na (La Zaran­da de la Bailarina),

 

Ciranda da bailarina

Todas estas letras son pre­cio­sas y bas­tan­te difí­ci­les de tra­du­cir, dicho sea de paso... espe­cial­men­te esta últi­ma. Difí­ci­les en el sen­ti­do de inten­tar man­te­ner intac­to el espi­ri­to con el que se con­ci­bie­ron... en este últi­mo caso, una can­ción diri­gi­da a todos los niños con difi­cul­ta­des... todos tene­mos defec­tos, no pasa nada. La carac­te­rís­ti­ca didác­ti­ca, como es obvio, siem­pre pre­sen­te en estas can­cio­nes. Aun­que en este caso más que didác­ti­ca, per­so­nal­men­te diría que se tra­ta más bien de una ayu­da emo­cio­nal psi­co­ló­gi­ca para los niños desfavorecidos.

Un ejem­plo de Chi­co Buar­que de Holan­da bellí­si­mo, Juan y María… una can­ción muy pecu­liar en la que Chi­co intro­du­ce un sen­ti­mien­to prác­ti­ca­men­te prohi­bi­do en casi todo lo que se com­po­ne para niños: la nos­tal­gia. Un recur­so que, cuan­do uti­li­za­do pen­san­do en los más peque­ños, se hace de mane­ra pue­ril y des­vir­tua­da. Este João e Maria es un ejem­plo per­fec­to de cómo sal­tar­se todas las reglas o esque­mas pre­con­ce­bi­dos. Una vez más, una letra muy difí­cil­men­te superable.

 

Joao e Maria

Con una letra de estas, el que se des­ar­ma es el adul­to y no el niño! El niño en prin­ci­pio escu­cha­rá una can­ción de niños, pero difí­cil­men­te echa­rá de menos su infan­cia... ¡aún está en ella!

Y cómo no… no podía fal­tar… una de las can­cio­nes infan­ti­les más bellas que jamás se hayan hecho:

 

Aquarela

Filo­so­fía pura. Refle­xión vital total, empa­que­ta­da y envuel­ta para regalo!

Aqua­re­la de Toquinho. Una letra colo­ri­da, fres­ca, lle­na de ima­gi­na­ción… Curio­so… la unión de estas carac­te­rís­ti­cas siem­pre hace ten­der hacia el mun­do infan­til… des­pués del desa­rro­llo de este post, supon­go que la razón es evi­den­te… ellos tie­nen el fres­cor vital! Man­te­ner­lo solo depen­de de cada indi­vi­duo, de sus cir­cuns­tan­cias y de cómo cre­ce y enve­je­ce. Hay indi­vi­duos con ochen­ta años más jóve­nes que cha­va­les de quin­ce… es curio­sa la vida.

Con todo, ten­go la sen­sa­ción de que las emo­cio­nes de los niños están rela­ti­va­men­te aban­do­na­das por­que los adul­tos hemos olvi­da­do aque­llo que fui­mos… niños. De algu­na for­ma los hemos deja­do solos en su des­per­tar al mun­do, por­que noso­tros ya des­per­ta­mos y aho­ra mis­mo nos tie­nen dema­sia­do ocu­pa­dos inten­tan­do man­te­ner a flo­te el bar­co. ¿Qué padre pue­de tener malas inten­cio­nes hacia sus hijos?... cabría pre­gun­tar­se no en vano… ¿recuer­da el padre/madre las emo­cio­nes que expe­ri­men­tó al des­per­tar a la vida, al ir des­cu­brien­do cosas, la reali­dad? Cuan­do la socie­dad en la que vivi­mos exi­ge tan­to de noso­tros, nos cosi­fi­ca, nos alie­na… ¿no es lógi­co que olvi­de­mos con más faci­li­dad esas emo­cio­nes expe­ri­men­ta­das en la infancia?

No son emo­cio­nes infan­ti­les… son emo­cio­nes expe­ri­men­ta­das en perio­dos vita­les infan­ti­les. Emo­cio­nes huma­nas a fin de cuentas.

La socie­dad se vuel­ve caní­bal por­que noso­tros mis­mos per­mi­ti­mos que así sea. Sin embar­go, estos com­po­si­to­res, estos músi­cos, estos intér­pre­tes… qui­sie­ron poner su peque­ño grano de are­na para inten­tar difu­mi­nar esa barre­ra entre el sen­tir infan­til y el adul­to. El tiem­po pasa, y por regla gene­ral hace callo… La habi­li­dad, la des­tre­za para vivir resi­de en cómo ges­tio­nar ese paso del tiem­po. La vida a veces pare­ce una eter­na carre­ra hacia la feli­ci­dad, aque­lla que expe­ri­men­ta­mos sien­do niños y, sin embar­go, la solu­ción la tene­mos tan cer­ca que se hace invi­si­ble. Sí por­que… des­pués de todo… la vida es una cues­tión de acti­tud. ¿No es aca­so la acti­tud la que dife­ren­cia al niño del adul­to? Acti­tud ante la vida, acti­tud ante las cosas.

Los niños somos todos… con la úni­ca dife­ren­cia de que el paso del tiem­po y la memo­ria van nublan­do algu­nas cosas. Los niños no nece­si­tan más que aten­ción… cari­ño… afec­to, con­tac­to, apren­der, des­cu­brir… pau­tas, cami­nos a seguir, hora­rios —muy impor­tan­tes al ini­cio, aun­que no lo parez­ca—. Casi nada. A cam­bio, nos apor­tan algo que olvi­da­mos… son la prue­ba pal­pa­ble de que sí, la feli­ci­dad exis­te… cla­ro que exis­te… pero con el tiem­po la vamos dejan­do en el fon­do del cajón; a veces nos olvi­da­mos de dón­de la guar­da­mos déca­das atrás… pero es tan real como la son­ri­sa de ese enano con el que te has cru­za­do o al que acues­tas todas las noches en su cama.

Los niños y sus cere­bros. Alta­men­te cam­bian­tes… apren­dien­do a velo­ci­da­des ver­ti­gi­no­sas, en oca­sio­nes —espe­cial­men­te al lle­gar a la ado­les­cen­cia— la velo­ci­dad de apren­di­za­je y cre­ci­mien­to es tal que la revo­lu­ción hacia el mun­do exte­rior se hace inevi­ta­ble… al vol­ver de esa revo­lu­ción… ¿dón­de que­da el niño que se fue? Cre­ce­mos olvi­dan­do aque­llas apti­tu­des que tenía­mos sien­do niños… aque­llas acti­tu­des… aque­llas que­ren­cias infan­ti­les. Recu­pe­rar esas des­tre­zas es el camino a la feli­ci­dad. Real­men­te nun­ca se per­die­ron, solo hay que refres­car­las. He vis­to a per­so­nas que han recu­pe­ra­do hob­bies de su infan­cia y… cla­ro… se les ve feli­ces. A fin de cuen­tas… ¿Cuál es el sen­ti­do de todo esto?... ¿cuál es el sen­ti­do de la vida? Si a un padre le pre­gun­tan… ¿qué quie­re usted para su hijo?... ¿qué con­tes­ta­rá?... pare­ce evi­den­te: que sea feliz.

Y así nos pasa­mos la vida… bus­can­do la feli­ci­dad. Lo que me sor­pren­de es lo des­orien­ta­dos que esta­mos a veces los adul­tos en ésa bús­que­da cuan­do, por curio­so que pue­da pare­cer, la solu­ción está en noso­tros mis­mos… pero no en noso­tros aho­ra… sino en lo que fui­mos. La cla­ve qui­zá está en recor­dar aque­llo que fui­mos, que sen­ti­mos, el cómo nos diver­ti­mos aque­lla vez, aquel día, aquel beso, aquel boca­di­llo al salir del cole… no se tra­ta de vol­ver­nos adul­tos infan­ti­les… se tra­ta de con­ce­bir nues­tras fases vita­les como un todo indi­vi­si­ble, pero diná­mi­co, volu­ble, muta­ble… algo inevi­ta­ble dado el paso del tiem­po y el capri­cho de las cir­cuns­tan­cias vita­les de cada quien.

Dicho esto… aten­tos a la infan­cia… en ellos está el fres­cor vital. Es un espec­tácu­lo ser tes­ti­go de un cre­ci­mien­to… de quién sea. El des­per­tar a la vida, el des­cu­bri­mien­to, las son­ri­sas incon­di­cio­na­das e incon­di­cio­na­les… la ino­cen­cia, la sin­ce­ri­dad de quien empie­za a lidiar con las pri­me­ras emo­cio­nes pri­ma­rias. El espec­tácu­lo emo­cio­nal humano. Es una pena que, por capri­cho de la ava­ri­cia y codi­cia huma­na, nos este­mos des­hu­ma­ni­zan­do; aque­llos que defi­ni­ti­va­men­te aban­do­na­ron ese regre­so al redes­cu­brir­se a uno mis­mo… a encon­trar su raíz vital, su feli­ci­dad, su pun­to de par­ti­da… van por la vida sin empa­tía algu­na, prio­ri­zan­do y mar­can­do obje­ti­vos más allá de sus lími­tes. Ya lo decía Manuel Galán en el pro­gra­ma En La Nube de Radio 3 al finalizar…

Voy a pen­sar en un mun­do en el que la eco­no­mía esté al ser­vi­cio del ser humano y no al revés, como nos pasa aho­ra… don­de el bene­fi­cio real gire en torno al arte, que es lo que real­men­te impor­ta (sic).

Manuel Galán dixit.

Manuel… a eso te res­pon­do ¡amén!... y te diré que esos mis­mos que des­hu­ma­ni­zan el mun­do, pagan lo que hacen… y no por una jus­ti­cia inma­nen­te reden­to­ra… que va! es aún peor… es su pro­pio incons­cien­te el que les hace pagar. Sien­do niño el papel está en blan­co pero… al cre­cer, algu­nos indi­vi­duos se trans­for­man en gro­tes­cas cari­ca­tu­ras de sí mis­mos… cuan­do quie­ren dar por sí —qui­zá ante un mal palo en la vida, como tan­tos que acon­te­cen— se dan cuen­ta de que no se sopor­tan a sí mis­mos… de que lo tie­nen todo y no tie­nen nada. Ahí sí, la vida se vuel­ve plúm­bea y difí­cil de lle­var… cuan­do te das cuen­ta de que no te sopor­tas. Tene­mos esa manía de minus­va­lo­rar el perío­do infan­til… y lo hace­mos por­que esta­mos más per­di­dos que nadie. Alie­na­dos. Cosificados.

Por tan­to te doy toda la razón… el Arte es esa foto­gra­fía en el tiem­po de la psi­que huma­na… sin Arte no nos cono­ce­mos, y si no nos cono­ce­mos… jamás nos encon­tra­re­mos… anda­re­mos per­di­dos por ahí, como esas cari­ca­tu­ras gro­tes­cas de las que hablaba.

Mal­di­ta sea… Esos locos baji­tos… 🙂 será posi­ble que en ellos esté la cla­ve de todo y noso­tros sin saber­lo… (no solo de Bra­sil salen todas las per­las; aun­que en este caso el tema no cum­ple el para­dig­ma bra­si­le­ño… más bien es una can­ción de adul­tos can­tan­do a sus enanos, está claro!)

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Esos locos bajitos

**.- Todas las can­cio­nes las he tra­du­ci­do yo Luis Asiaín, por tan­to asu­mo los erro­res que pue­da haber. Si alguien detec­ta algo que lo diga!

Con­clu­sión.- Sean feli­ces y apren­dan de los niños... no hay más que refres­car la memo­ria. Hay que res­pe­tar más la infan­cia por­que de ella se pue­de apren­der mucho más de lo que ima­gi­na­mos... sen­ci­lla­men­te esta­mos tan ocu­pa­dos con nues­tra vida adul­ta que no nos damos cuen­ta de que las cosas ver­da­de­ra­men­te impor­tan­tes... las esta­mos obvian­do... y a veces nece­si­tan refres­car­se. Ese refres­co nos da salud men­tal y des­can­so, sin duda.

Los niños no son pro­pie­dad de nadie más que de sí mis­mos... aho­ra bien... son nues­tra res­pon­sa­bi­li­dad inalie­na­ble... ya lo decía Serrat: ... Nos empe­ñaos en diri­gir sus vidas/ sin saber de ofi­cio y sin vocación/les vamos trans­mi­tien­do nues­tras frustraciones/con la leche templada/y en cada canción.

Per­so­nal­men­te, creo que hay que tener más res­pe­to por la infan­cia... o, si se pre­fie­re, por el perío­do infan­til. Un momen­to tan cru­cial en la vida del ser humano no pue­de ser tan minus­va­lo­ra­do como lo hace­mos en nues­tra cul­tu­ra. La mayor nota de cor­te en las uni­ver­si­da­des debe­ría estar en las carre­ras de Magis­te­rio. Nadie valo­ra la labor incues­tio­na­ble de los maes­tros... de ellos depen­de esa «estan­te­ría men­tal» de la que hablá­ba­mos... unas bal­das mal pues­tas y JAMÁS se recu­pe­ra­rán esos espa­cios... la capa­ci­dad de apren­di­za­je de ese indi­vi­duo, futu­ro adul­to (inge­nie­ro, arqui­tec­to, abo­ga­da, filó­lo­ga, barren­de­ro, car­ni­ce­ra, pes­ca­dor, pro­duc­tor, músi­co, perio­dis­ta), habrá que­da­do com­pro­me­ti­da y des­ti­na­da para siem­pre. Evi­den­te­men­te esto es exten­si­ble a TODOS los adul­tos, inclui­dos los padres. No por ser padre se debe­ría tener car­ta blan­ca sobre el pro­pio hijo... una con­cep­ción bas­tan­te sim­plis­ta y retro­gra­da de la pater­ni­dad ya que, en últi­mo caso, te debes a ese futu­ro adul­to... aun­que solo sea por­que te quie­re con locu­ra. Pero cla­ro... vivi­mos en una socie­dad en la que se da por hecho que naces sin saber con­du­cir un coche y te sacas un car­net para poder hacer­lo... y al mis­mo tiem­po se da por hecho que debes haber naci­do sabien­do ser padre... ¿será eso cier­to? El ins­tin­to sin duda lo tene­mos... ¿nos ceñi­mos exclu­si­va­men­te al ins­tin­to? Malo no será pero... estan­do en el siglo XXI... cabría supo­ner que ya no tene­mos nece­si­dad de redu­cir­nos a lo mera­men­te instintivo.

PD.- Evi­den­te­men­te, todo lo refle­xio­na­do en este post esta­ba en nues­tras men­tes al hacer el sép­ti­mo cor­te de nues­tro dis­co... Sapos y Ranas:

¿Y qué otra cosa podría­mos tener en men­te? Ani­ma­les... ono­ma­to­pe­yas, ali­te­ra­cio­nes, mora­le­jas (las dife­ren­cias entre unos y otros son supe­ra­das por las emo­cio­nes)... etc. Todo se redu­ce a lo mis­mo: más res­pe­to. Hay que res­pe­tar más el perio­do infan­til. Los adul­tos no somos más que un desa­rro­llo que par­te de ese eje ini­cial. Allá cada cual.

Entrevista en La Nube de Radio3

Para los que ten­gan inte­rés, aquí deja­mos regis­tro del paso por el pro­gra­ma En La Nube de Radio3.

Ade­más, no que­re­mos dejar de agra­de­cer nue­va­men­te a todo el equi­po del pro­gra­ma (Juan Sua­rez, Car­men Socías y com­pa­ñía —¡no dis­pon­go del nom­bre de todos, sorry!—) lo bien que nos tra­ta­ron, lo sim­pá­ti­cos que fue­ron y lo bien que se curra­ron el asun­to… se nota­ba que habían escu­cha­do y leí­do el mate­rial de Triolocría.

En un momen­to pen­sé que coin­ci­di­ría­mos en direc­to con Belén Gope­gui al telé­fono… pero no pudo ser. Tuve la opor­tu­ni­dad de salu­dar­la al ter­mi­nar su inter­ven­ción allí mis­mo en el telé­fono del estu­dio. Habría sido curio­so coin­ci­dir en el aire… man­da­mos un salu­do a Belén des­de la web y reite­ra­mos: a ver si algún día somos capa­ces de subir­la al esce­na­rio con noso­tros para leer el frag­men­to de su libro :p… ¡a ver si coin­ci­di­mos un día Belén!

Aquí un audio edi­ta­do solo con la inter­ven­ción rela­ti­va a Trio­lo­cría —para quien pre­fie­ra ir al grano—:
 

Aquí el pro­gra­ma entero: